Los manifestantes se oponen al borrador constitucional presentado por la Junta Militar

Desde primera hora de la mañana, una multitud se ha dirigido a la plaza de Tahrir, en El Cairo, donde una concentración de protesta contra el intento de los militares de perpetuarse en el poder ha vuelto a tomar el espacio que simbolizó la revuelta contra Mubarak. Los egipcios demandan a la autoridad militar que devuelva a la sociedad civil el poder antes de finales de abril y se quejan por lo que consideran intentos de la milicia de robarles la revolución y la democracia. Hermanos Musulmanes y grupos laicos como el movimiento de Jóvenes del seis de abril, han hecho un llamamiento a los egipcios que han empezado a reunirse en las principales ciudades del país. En Alejandría, más de 40.000 personas estarían ya reunidas en la plaza de la mezquita de Qaed Ibrahim, según el diario egipcio Al-Ahram.

Desde febrero, el Ejército ha reprimido con dureza protestas (el 9 de octubre 26 coptos murieron por disparos y atropellos de vehículos militares), ha torturado y juzgado a civiles en tribunales militares (12.400 casos en nueve meses) y ha evitado poner fecha a las elecciones presidenciales (la fecha más temprana de la que se ha hablado es finales de 2013). Pero su maniobra más peligrosa en el terreno político es el intento de imponer a los partidos un texto previo a la redacción de la Constitución que tendrá que elaborar una comisión que emane del Parlamento que los egipcios empiezan a elegir dentro de dos semanas, el 28 de noviembre. Esta gota ha colmado el vaso.

La mayor parte de las formaciones se han mostrado dispuestas a aceptar un documento con enmiendas que, en todo caso, no considerarían obligatorio ni vinculante para la comisión constitucional, y en el que desaparecieran artículos polémicos. Dichos apartados se refieren directamente a la posición del Ejército en el Estado y la Constitución, y les darían poder absoluto en todos sus asuntos, incluidas las decisiones sobre el presupuesto. Otros especifican el proceso para elegir la comisión constitucional. Por eso los egipcios vuelven hoy a llenar las plazas.

Al mediodía, después del rezo musulmán de los viernes, ya eran miles los que llenaban la glorieta y aledaños de la plaza de Tahrir, donde ayer se instalaron escenarios desde los que políticos, activistas y a veces espontáneos, se dirigen al público. Con el final del sermón pasada la una de la tarde, el número de personas que se dirigen desde distintos puntos de la capital egipcia hacia la céntrica plaza, ha ido en aumento. Barbudos con galabeya y jóvenes en vaqueros y camiseta vuelven a mezclarse en una protesta contra la Junta Militar que gobierna Egipto desde la caída forzosa de Hosni Mubarak.

El Ejército salvador

Desde la caída del rais, la Junta Militar ha mostrado signos de no tener la intención de ceder los privilegios que el Ejército ha ostentado desde que Egipto acabó con la monarquía en 1952 con un golpe de Estado militar. Desde entonces, las Fuerzas Armadas han sido el pilar fundamental sobre el que se ha construido el país árabe. Todos sus presidentes, Gamal Abdel Nasser, Anuar el Sadat y el propio Mubarak procedían del Ejército. Muchos especulaban antes de la renuncia del faraón si sería posible que su hijo Gamal que no era militar, podría heredar el poder. Más aún, existían serias dudas de que en caso de fallecer Mubarak o hacer un traspaso de poder a su hijo, el Ejército le respaldase.

La revolución de enero dejó a los militares al frente de un país que clamaba por recuperar su dignidad perdida y por una democracia y un reparto justo de la riqueza y sin tener que preocuparse por dar su apoyo al retoño del rais. La negativa del Ejército a disparar a los manifestantes y su decisión de apoyar al pueblo contra Mubarak, fueron decisivas en la renuncia forzada del faraón. Muchos egipcios sintieron que el Ejército era su salvador y confiaron, como estos aseguraban, en que se haría un traspaso del poder a una autoridad civil lo antes posible. Con el paso de los meses la ilusión de los egipcios ha ido en caída libre.

Prominentes blogueros como Alaa Abdel Fatah, que se ha negado a declarar ante una autoridad militar, están detenidos con falsas acusaciones. El autor de otra bitácora, Maikel Nabil, permanecen en prisión y en huelga de hambre desde hace dos meses y medio después de haber sido condenado a tres años de cárcel por insultar al Ejército, por un tribunal militar. Y los responsables de las muertes del Maspero siguen sin ser investigados. Por todos estas razones, como reza el lema de la protesta, “Por una sola razón” (la cesión del poder a una autoridad civil) los egipcios están otra vez hoy en Tahrir.

Fuente: el País

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