La estadounidense ahonda en la faceta más humana de su heroína, Kay Scarpetta, en «Niebla roja», obra ganadora del RBA de Novela Negra.

A Patricia Cornwell (Miami, 1956), por increíble que parezca, no le acaba de entusiasmar la novela negra. Mata como pocas y disecciona cuerpos en busca de pistas como casi nadie, pero ella, dama negra y superventas del thrillerforense, apenas lee novela negra para no contaminarse y, asegura, porque le tira más leer cosas hermosas. O, quién sabe, quizá porque su vida ya tiene suficientes elementos de suspense después de que una amenaza de muerte le obligue a viajar acompañada permanentemente por dos guardaespaldas. La patóloga forense Kay Scarpetta es el hilo conductor de una saga negra y criminal que llega a su entrega número 19 con «Niebla roja», premio RBA.

Aunque a Cornwell no le guste el género, no evita que siga retorciéndolo con tramas que, como en «Niebla roja», ahondan cada vez más en la condición humana mientras pone a su célebre protagonista a recorrer Savannah (Georgia). Ella cambia porque el mundo cambia. «Creo que ahora incluso está en Twitter», bromea en un lujoso hotel de Londres.

—Da la sensación de que «Niebla roja» no hace más que ahondar en el interés por la evolución de Scarpetta como personaje y que el crimen ha pasado a ser secundario.

—Es así. Lo más interesante no es el crimen, sino cómo ella trabaja, investiga, y cómo se enfrenta a diferentes situaciones y personajes. Cómo cambia y evoluciona con el tiempo.

—Una de las cosas que más llaman la atención de la novela es que la maldad es coto casi exclusivo de las mujeres, que son quienes cometen aquí todos los crímenes.

Intento dar las mismas igualdades de trabajo tanto a hombres como a mujeres, ya que la maldad no discrimina por cuestión de sexo. De hecho, la maldad es algo que tiene que ver con el poder, no con la condición sexual, y cualquiera que tenga poder puede hacerlo. Lo que es cierto es que las mujeres tienen una mayor inteligencia a la hora de manejar la maldad, ya que que pueden darle la vuelta al instinto maternal y causar pena, dolor y sufrimiento de una manera más dolorosa.

—Siempre se subraya el realismo de sus novelas, y en «Niebla roja» destaca el caso de esos escuadrones de la muerte que —escribe— se encargan de que el condenado a muerte sufra lo máximo durante la ejecución. ¿Existe realmente algo parecido?

—En algunos casos, sí; no puedo decir que lo haya visto personalmente, pero he oído historias que explican cómo gente involucrada en las ejecuciones se había ocupado de que el condenado tuviese una muerte muy dolorosa. Lo cierto es que hay crueldad en todos los sitios.

—«Niebla roja» parece defender, una vez más, la idea de que pese a toda a la tecnología y todos los avances científicos el factor humano sigue siendo lo único determinante.

—Así es. El factor humano es muy importante, ya que la ciencia no resuelve crímenes; son las personas quienes lo hacen. No importa lo avanzada que sea la tecnología; si no está en manos de las personas adecuadas, habrá grandes problemas.

—Y como creadora de esa ficción forense ahora tan en boga, ¿cómo cree que ha evolucionado el género?

—Es interesante, ya que por más que veamos todas esas series de televisión y libros que ahondan en el tema, el género parece que quiere despuntar cada vez más hacia la evolución de los personajes y cómo se relacionan. Eso acaba siendo lo interesante, y no tanto los crímenes o la técnica.

—Scarpetta está a punto de saltar a la gran pantalla de la mano de Angelina Jolie. ¿Cómo va el proceso?

—Jolie será una fantástica Scarpetta, ya que es una gran actriz. En cuanto a la adaptación, está en fase de preproducción. Ahora mismo se está haciendo el guión, y mi trabajo consiste básicamente en ayudar al guionista con algunos detalles técnicos y en preparar a los lectores, ya que puede suponer un trauma que vean de pronto algo que ellos han venido imaginando durante los últimos veinte años.

—Como escritora, ¿con qué problemas se encuentra ahora que la realidad se empeña en superar una y otra vez a la ficción?

—Sé que es cierto que hay muchas cosas reales que si las pusiese en las novelas nadie las creería, pero yo intento ser tan meticulosa como respetuosa. Escribo sobre sitios reales, sí, pero siempre que no vaya a perjudicarlos. También soy muy minuciosa en el trabajo de campo, siempre visito los lugares de los que voy a escribir e imagino a Scarpetta andando por tal calle o lugar. Soy muy meticulosa, aunque sin cometer crímenes ni matar a nadie (ríe). He visto hacer muchas autopsias, aunque nunca he practicado una. No me parece correcto.

Patricia Cornwell:  «La ciencia no resuelve crímenes; son las personas quienes lo hacen»

 fuente: abc

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