Las discrepancias entre los socios dificultan los primeros pasos de las autoridades interinas

La Presidencia se plantea ahora ofrecer a El Baradei la vicepresidencia

El frágil equilibrio político que los generales egipcios han creado tras la caída de Mohamed Morsi y su Gobierno por el golpe de Estado se ha topado ya con sus primeros problemas, indicativos de lo compleja que va a ser la transición en el periodo durante el cual las autoridades pretenden dotarse, bajo tutela militar, de nueva Constitución, Parlamento y presidente. Una de las primeras decisiones propias del nuevo presidente interino, el juez Adli Mansur, a punto ha estado de dar al traste con la amalgama de fuerzas opositoras a los Hermanos Musulmanes que ahora controla el país. Ha sido el tanteo como miembro del nuevo Gobierno del premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, a quien se han opuesto frontalmente los salafistas, que en un principio apoyaron el golpe de Estado.

Los medios oficiales y una portavoz de El Baradei confirmaron el sábado que el veterano líder, director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (OIEA) entre 1997 y 2009, había sido elegido primer ministro. Horas después los periodistas acudieron a la sede de la presidencia a la espera de una comparecencia de Mansur, para encontrarse con un portavoz de este último, Ahmed al Muslimani, quien lo negó y dijo que todas las opciones estaban en el aire y no había plazos concretos. Este domingo, finalmente, la presidencia dijo que El Baradei podría acabar siendo nombrado vicepresidente y que se barajaba el nombre del abogado Ziad Baha el Din, fundador del Partido Social Demócrata de Egipto, como posible candidato a primer ministro.

El partido salafista Nur, segunda mayor fuerza islamista de Egipto, se opuso el domingo a esas propuestas, como el día anterior se había negado a aceptar a El Baradei como primer ministro. “Tiene una visión laica del Estado que no casa con el ideario de nuestro partido”, dijo, con evidente enfado, Basem el Zaraka, vicepresidente de Nur, en la cadena de televisión egipcia Al Hayat. Aquello desató todas las alarmas dentro del frente opositor, unido contra Morsi y los Hermanos Musulmanes, pero separado por insalvables abismos en lo que respecta al tipo de Estado y Gobierno que quieren, aparte de la voluntad de que se celebren elecciones con la mayor rapidez posible.

Las fuerzas políticas que ahora detentan el poder con la protección de los generales están avanzando con máxima cautela. Ya vieron cómo la oposición permaneció unida frente al régimen de Hosni Mubarak en la revuelta de 2011, para luego quedar dividida y desorientada durante el mandato militar de 16 meses y las primeras elecciones presidenciales libres, en las que las dos opciones finales en segunda vuelta fueron un ex primer ministro del propio Mubarak, Ahmed Shafik, y el propio Morsi. “Nos tocó elegir entre el diablo y su primo”, bromeaba este domingo en la plaza de Tahrir un opositor a los Hermanos Musulmanes, Mohamed Halid, de 24 años, afiliado al movimiento juvenil Tamarrod (en árabe, Rebélate). El primer resultado electoral dejó a muchos egipcios insatisfechos. Esta parece ser su reválida.

“Esto es diferente a un golpe, completamente”, explicaba este domingo George Ishak, veterano opositor tanto de Mubarak como de los islamistas, y uno de los líderes del Frente de Salvación Nacional. Opina que El Baradei será nombrado para el puesto pronto. “Tendremos un Gobierno de tecnócratas, con un mandato muy claro: darnos una Constitución, un Parlamento y un nuevo presidente. Esto es una nueva revolución, porque la que teníamos nos la robaron los Hermanos Musulmanes. Hoy lo que hace el Ejército es protegernos, no gobernarnos, hasta que tengamos nuevas elecciones”, añadió.

De forma muy diferente opinan los líderes de la Hermandad, que permanecen acampados en las inmediaciones de la mezquita de Raba el Adawiya, en el distrito cairota de Ciudad Nasser, junto a simpatizantes de otros grupos islámicos como Gamá Islamiya. Este Domingo, entre las decenas de miles de personas aún reunidas allí circulaba un folleto que alertaba del grave riesgo que corre la nación. “Advertimos de que existe un riesgo de guerra civil, por aquellos que se aprovechan de las divisiones entre cristianos y musulmanes. Estos son días muy peligrosos”, decía.

“Todas esas gestiones del nuevo Gobierno no tienen valor alguno, porque se están efectuando sin ninguna legitimidad”, decía, tras dirigirse a la multitud, Abdel Raman al Bar, uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes y decano de estudios islámicos en la Universidad de Al Azhar. “Esos golpistas no triunfarán. Todo ese proceso es inválido: su presidente, sus gestiones, todo. Nunca lo aceptaremos. No nos pueden imponer su voluntad, porque en las urnas fueron minoría, y siguen siendo minoría, a pesar de que tengan tras de sí a las Fuerzas Armadas”, añadió.

El portavoz de la Hermandad, Gehad el Haddad, insistía este domingo en que la elección de El Baradei o Baha el Din es “un teatro”. “No hay Constitución porque la han anulado. Todo lo que hacen es impugnable. A ese presidente que tienen no lo debería recibir ningún Gobierno extranjero. No le debería reconocer ninguna misión diplomática. Hay ya un Gobierno y un presidente legítimos. Y están encerrados. A la comunidad internacional le debería quedar bien claro esto”, dijo.

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