Editorial por Natalia Vargas

En la campaña por los votos se pueden ver y escuchar miles de cosas, las PASO fueron prueba real de que el ridículo por parte de uno de los ( en ese entonces ) precandidatos fue su marca registrada.
Mauricio Ibarra dió la nota en todos los aspectos de a todo o nada con una intención de captar votantes con globos, vídeos leídos que rozaban lo cómico porque la tragedia era él en si mismo por la repetición de su cara en estos tiempos que se necesita sangre nueva a conocer; quiso en la primera etapa de esta carrera que los otros candidatos le prestaran atención tal como una chica de secundaria buscando novio pero nada funcionó y es que si sumamos su referente nacional un kirchnerista cómplice de las maniobras de ANSES y su pasado giojista el combo no es nada positivo.
Ibarra hace unos días inundó las paredes de la ciudad de un blanco santo, la antítesis de su representación social, con una leyenda poco afortunada, la misma dice que Mauricio Ibarra ” es una buena persona ” , ser buena persona no es necesario aclararlo porque el ciudadano lo sabe, lo nota, cuando un político se esmera en acentuarlo es por la misma carencia del mismo; ya lo cómico se dejó atrás y la campaña de la lástima mentirosa asoma. Es necesario que diga que es bueno solo por un par de votos?, si es bueno porque hacer hincapié?, porque no existen propuestas en lugar de juegos?.
Apartando la jugarreta de Ibarra por instalar una imagen en el electorado que no existe cabe señalar que ser buena persona no garantizó jamás ganar elecciones, casos sobran local, nacional e internacionalmente que prueban que se vota no por calidad humana así que Ibarra y asociados deben pujar por solidez y no por versos de calle que nadie se cree.

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