31 octubre, 2020

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«No hay que regresar a los lugares donde uno cree que ha sido feliz»

ENTREVISTA A ANTONIO DAL MASETTO: el autor de La tierra incomparable cierra su serie con una novela en la que un viaje hace que un padre y su hija aprendan a mirar el mundo con los ojos del otro. «Este es un mundo de migrantes; un mundo de gente que escapa, que huye, que pierde lo que tenía», afirma el escritor.

– Cita en el Lago Maggiore viene a cerrar la Trilogía de la inmigración, como se le llama al conjunto que integra junto a Oscuramente fuerte es la vida y La tierra incomparable. Pero ya no es Ágata la protagonista, sino su hijo y su nieta. ¿Lo tenía pensado a este libro ya como cierre?
– En realidad, se abrió un resquicio de la historia a partir de un viaje, en el año 2001, muy postergado, con mi hija, al pueblo donde nací. El libro es un nuevo acercamiento a este mundo tan extraño, tan mítico del pasado, de la niñez, de la infancia, en el caso del padre. Y en el caso de la nieta, un lugar mítico del que oyó hablar tanto, y de donde ella no proviene, pero sí proviene su sangre.

– Hay un fuerte cruce entre realidad y ficción en el argumento, además de un cierre en la historia.
– En el caso del viaje padre-hija (estoy hablando de un padre hipotético y una hija hipotética) lo interesante es que, aquello que el padre había ido a buscar varias veces y no encontraba, de pronto empieza a sospechar de que puede encontrarlo a través de la mirada de la hija. Y ella descubre cosas también de la mano de su padre, así que es un intercambio de miradas. Uno ve a través de los ojos del otro y viceversa.

– Imagino que ha de haber una carga emocional muy fuerte en esto, en la vivencia personal.
– Los regresos siempre son conflictivos. Uno sabe que no hay que regresar a los lugares donde cree (digo «cree» porque no lo sabe; pasaron muchos años) que ha sido feliz. Por lo tanto, va a buscar esa felicidad, o imágenes, o restos de esa felicidad. Vaya a saber lo que va a buscar. Fantasmas. Siempre es una desilusión. Nunca se encuentra con lo que va a buscar. Esto uno lo sabe de antemano, si ha vivido un poco la vida. Pero se arriesga. Luego paga las consecuencias. Pero también fue muy enriquecedor, claro.

– Esta novela tiene un poco de aquella famosa frase «Pinta tu aldea y serás universal». A través de esta historia se cuenta buena parte de la inmigración.

– Es que este es un mundo de migrantes. Un mundo de gente que escapa, que huye, que pierde lo que tenía; el terruño, las cosas queridas, la familia. Huyen de las guerras, del hambre, de las persecuciones políticas. Siempre fue así; es algo que llevamos en la sangre.

– Y en el 2001 se daba lo inverso a la historia de Ágata: la gente se peleaba por subirse a un avión en Ezeiza, escapar de Argentina. Y hoy día, la que está en crisis es Europa.
– Al principio del libro hablo un poco de eso, de la inmigración al revés. Por aquellos años, España estaba llena de muchachos y muchachas que habían escapado de Argentina a buscar fortuna. La pregunta era: qué pensarían sus abuelos y bisabuelos, que habían cruzado el océano, que habían contribuido a construir este país, de esta nueva realidad que expulsa a sus nietos. O sea: el lugar de la esperanza, de pronto se ha convertido en un lugar de expulsión.
© LA GACETA

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