25 octubre, 2020

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Romney gana las primarias de Michigan y Arizona y aleja los fantasmas de su debilidad

La ventaja le confirma como el principal candidato, una vez más, en la lucha por las presidenciales del próximo noviembre

El aspirante a la candidatura presidencial por los republicanos Mitt Romney saluda en un acto tras ganar las primarias de Michigan AP

FRANCESC PEIRÓN | NUEVA YORK

Corresponsal

Arizona, como estaba previsto, se lo llevó Mitt Romney, quién también cazó la pieza más cotizada,Michigan, el primero de los grandes estados industriales que entra en las primarias republicanas. Su campaña sale reforzada, en la medida que ha conseguido darle la vuelta a los titulares de la derrota que algunos le pronosticaron en un territorio clave y que, en caso de agachar la cabeza,  abría un abismo de interrogantes  sobre el futuro de su multimillonario envite.

Su carrera suma más delegados que nadie. Incrementa la brecha respecto a Rick Santorum. La ventaja le confirma como el principal candidato, una vez más, en la lucha por las presidenciales del próximo noviembre. Gana el establisment, pierde el corazón, dicen los cronistas. «Gracias Arizona y gracias Michigan», lanzó como saludo Mitt Romney ante su entusiasta concurrencia en los cuarteles de Detroit. Se le veía feliz, con la música de Springsteen de fondo.

«No hemos ganado por mucho, pero es suficiente, es lo que cuenta», proclamó aliviado, recargado de energía.

Pero su máximo rival en estos momentos, Rick Santorum, también ganó, según su propia consideración. Jugar en una de las «casas» del contrincante y salir perdedor por un margen corto, menos de cinco puntos,  lo  interpretó más como una victoria que como una claudicación. El ex senador por Pensilvania y sus asesores insistieron en que este resultado les anima a seguir en la competición.

«Hace un mes se decía que no teníamos oportunidad alguna y aquí estamos», indicó Santorum cuando pasaba casi un cuarto de hora de las diez de la noche en la costa este (más de las cuatro de la madrugada del miércoles en España). Salió a hacer su discurso, tras felicitar por teléfono a Romney, con el  70% escrutado, con una diferencia negativa de unos 30.000 votos respecto a su competidor, y entre cuatro o cinco puntos por debajo. «Una gran noche», insistió. Su tono, sin embargo, no pudo esconder cierta sensación de decepción, como cuando se tiene un caramelo en la mano y se lo come el vecino.

El próximo capítulo se producirá el 6 de marzo, en el llamado supermartes, cuando se votará en once estados. Esta fecha ya se consideraba, de antemano, como decisiva. Ahora se insiste en su relevancia, por cuanto se juega la suerte en estados sureños,  donde la Biblia tiene mucho peso, escenario en el que  Newt Gringrich pretender resucitar otra vez.

A pesar de persistir las dudas, Romney también afronta con renovando optimismo esta próxima cita, convencido de que su apuesta ha superado un escollo esencial y más por inesperado. Hace unas semanas nadie dudaba de que arrasaría en su estado de nacimiento y en el que su padre fue gobernador. Luego, tras la tripleta de Santorum del 7 de febrero, otra vez se reforzó el debate interno sobre la autenticidad de sus valores conservadores. Las encuestas se apretaron e incluso le situaron por detrás.

Hay otra lección. Romney ha podido incluso con los demócratas.  Michigan ha dejado más que patente que los «enemigos» de filas le han señalado como el peor de los rivales posible. En este estado pueden participar en las primarias los republicanos y los del otro partido. Se calcula que uno de cada diez votantes  era demócrata.

Entre estos había la consigna oficial de apostar por Santorum. Las encuestas de cara a las presidenciales dan un margen de victoria menor a Barack Obama si se enfrenta al ex gobernador de Massachusetts  que si lo hace contra Santorum, cuyo radicalismo religioso le aleja de posiciones centristas.

La noche arrancó con Santorum liderando el escrutinio de los sufragios. Pero en cuanto se alcanzó el doble dígito, Mitt Romney tomó la delantera. Voto a voto fue creciendo su distancia. Su esposa hizo la introducción a su comparecencia festiva. Después de unos días de centrar el discurso en cuestiones religiosas, sexuales y morales, Romney volvió a apuntar por encima del corsé de la guerra republicana interna. El punto de mira viró hacia Obama, «el presidente de la deuda, el déficit y el declive de Estados Unidos».

Y advirtió que sin las restricciones de lograr el segundo mandato, el inquilino de la Casa Blanca todavía será más «socialista» si gana dentro de ocho meses.

FUENTE: LA VANGUARDIA

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