20 octubre, 2020

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«Para qué la poesía»: Juan Cobos Wilkins. Ed. Plaza y Janés. 80 páginas. 14,90 €. XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja

«Para qué la poesía»
ROLDÁN SERRANO
El poeta Juan Cobos Wilkins

Abrir un libro y darse de bruces con su primera página siempre ha de ser una aventura fascinante. Es abrir de par en par el bazar de las sorpresas, airear nuestra imaginación, orear nuestras entendederas y a menudoponer a secar las penas del corazón, las sábanas del alma.

Pero ¡ay!, a veces, y este es el caso más difícil de todos, en el que no nos atrevemos a pasar la página, no nos atrevemos a seguir sencilla y claramente por vértigo, porque apenas leídas unas líneas nos sentimos con un pie al borde del precipicio y por puro instinto de conservación se nos viene un huracán de miedo encima, un torbellino de pánico porque después de tantos libros leídos tenemos la certeza de que estamos ante una pieza única, que nos va retorcer las entrañas. Pero nadie dijo que saborear la belleza no exija sacrificios.

En pocos meses, uno ha visto a su padre encaminarse por la última senda, de la que no se regresa, y luego, vio cómo a su madre le carcomía ese gusano que es una goma de borrar y nos deja sin existencia, sin recuerdos, muertos en vida, sin memoria, y sin memoria no se existe, como aquellos replicantes de «Blade Runner».

«Para qué la poesía»

ABC
Portada de «Para qué la poesía», último Premio Torrevieja de Poesía

Juan Cobos Wilkins se encontró frente a frente con esa goma de borrar (no como aquellas de infancia que olían a vainilla, hecha de niebla y humo todo lo difumina, lo desvanece todo), y el lector avisado sabe que tras este primer poema, «Mater», las lágrimas del poeta y de su madre, enamorada de aquella película,«Matar a un ruiseñor», y aquel semáforo inolvidable bajo la lluvia de «Los puentes de Madison», esa madre podidamente olvidadiza que recita los poemas del hijo adolescente, sí, el lector avisado sabe ya lo que le espera en las páginas de este «Para qué la poesía», con el que Cobos Wilkins obtuvo el XVI Premio de Poesía Ciudad de Torrevieja.

Edición en la que el jurado estuvo compuesto por Luis María Pizarra, concejal de cultura del Ayuntamiento de la ciudad alicantina, José Manuel Caballero Bonald, Cristina Peri Rossi, Manuel Cifo, Francisco Javier Díez de Revenga, José Luis Ferris, Jesús García Calero, Manuel Llorente, David Trías y Pureza Canelo, con Manuel E. Moreno como secretario.

Y entonces solo queda lanzarse a la aventura y a la ventura de sentir y consentir con el poeta en su desgarro, enfermos como somos, pero convencidos de que la poesía es «para sanar, para vivir».

Diluvio de versos

Y eso hacemos bajo el diluvio de versos que te van dejando el corazón hecho jirones: «Conmorir con todo eso, lo de siempre»; «Eso que les sucede a los demás, vivir»; «Entro en el mar, y doy / a cada suicida el nombre de una ola»; «Aquel árbol / amigo que me dijo: graba / tu nombre en mí, tállamelo / antes de que el poeta no recuerde / que más allá del amor sobrevive el olvido».

Exhausto el poeta, exhausto su lector, los dos caminan a tientas por el mundo, con el alma en parihuelas pero siempre, siempre, con la esperanza de la poesía como hombro donde llorar todas las penas del mundo, las nuestras y las vuestras, las penas de Juan Cobos Wilkins en este excepcional y sobrecogedor libro: «…y para qué el amor para el amor la metáfora igual que el mapamundi que cambia sus fronteras y de repente no me olvides… no me olvides poema último amor para sanar para vivir».

Calle

JUAN COBOS WILKINS. DE «PARA QUÉ LA POESÍA»
Sólo cruzo
si el semáforo está
azul como los ojos de Paul Newman.
Me desorientan tantos bancos,
y ese perro nevado que hace pis
no estaba antes.
Ni este aullido continuo
de urgentes ambulancias con agonías anónimas.
Ni.
Ni la china que vende rosas de plástico
con gotas de rocío
que se encienden eléctricas.
Ni el mendigo que duerme nunca
duerme sobre la alfombra voladora
de cartón y vergüenza.
Tampoco estaba mi corazón sin mí
expuesto en ese escaparate.
Solo cruzo
cuando el paso de cebra
se levanta
y huye
a galope hacia la sabana.
Tras el escaparate,
está mi excorazón.
Y me mira impasible, displicente
me ojea como a un cualquier obsceno comprador.
Sin conocerme, sin reconocerme.
Sin.
 fuente: abc

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