19 octubre, 2020

FM Cosmos

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Macri y Garré planean militarizar la Villa 31

Los gobierno de la Nación y Ciudad entrenan fuerzas especiales para expulsar a las bandas armadas.

foto perfil.com

El cuerpo especial de la Policía Metropolitana, en un operativo reciente en la Villa 31, en Retiro.

Mauricio Macri tomó la decisión hace pocas semanas. Fue luego de las últimas tomas en la Villa 31, a mediados de marzo, cuando uno de los efectivos de la Policía Metropolitana confirmó a sus superiores que se sospechaba: varios vecinos dentro del barrio tenían armas largas que apuntaban a los agentes, para evitar que avancen entre las casillas.

Si bien no hubo fuertes tiroteos, el episodio fue una bisagra: demostraba efectivamente que el barrio dejó de tener un sesgo familiar y que concentra cada vez a más bandas armadas. Una bomba de tiempo a sólo 15 cuadras del Obelisco.

“Hay mucha más gente pesada y con armas, la delincuencia fue creciendo al ritmo del avance de la droga”, reconoce en off un funcionario del Gobierno porteño que participó de la mesa chica donde ya se decidió que la Policía Metropolitana entrará fuerte en la villa. Aunque claro, en público se hablará de una paulatina “urbanización” y “sociabilización”.

Un ministro porteño –quizá el que más caminó por sus pasillos– se sincera: “La única salida que tenemos es militarizar la Villa 31 y la Bis”, confiesa a pesar de no haber encontrado una solución para evitar que se potencien los conflictos tras varios años de gestión macrista.

Esta semana la Dirección de Intervenciones Complejas de la Policía Metropolitana –una fuerza de cien hombres con entrenamiento especial– evitó que se produzca un nuevo corte en la Autopista Illia, contigua a la villa. “Van a poder protestar, pero no los vamos a dejar cortar más”, aclaró uno de los jefes del operativo.

Significó el primer paso del avance territorial sobre las 31, que implicará la asignación de unos 200 agentes sólo para esa zona en una primera etapa. Pero estiman que serán el doble antes de que termine la gestión, adelantan fuentes del Ministerio de Seguridad.

Cada dos meses se reciben unos cien agentes con experiencia previa en otras fuerzas, los primeros egresan en cuarenta días. Parte de ellos serán asignados a esa zona.

En estos días, los técnicos del Ministerio de Seguridad buscan en qué terreno cerca del corazón de la villa –no quieren que sea en las afueras– pueden construir un destacamento desde donde se centralizarán los operativos.

Enfrentados. Muchos vecinos de la 31 viven desde hace más de treinta años en las peores condiciones, pero aseguran que nunca fue tan peligrosa. Tuvieron que armarse por cuenta propia, porque en los últimos tiempos se “perdieron todos los códigos”, se lamentan. Dicen que se volvió inhabitable y que bandas de droga organizada, que antes no estaban, hoy pisan fuerte.

Además, los punteros políticos tienen cada día más peso. Hace unas semanas, una presunta pelea entre dos delegados (hay 123 en total) terminó en una toma de tierras frente a la terminal de ómnibus de Retiro. Los vecinos históricos acusaron a los punteros de haber traído peruanos de la 1.11.14, la villa más peligrosa, en el bajo Flores, para que las ocupen. Pidieron a los llantos que el Gobierno nacional mande a la Gendarmería para liberar las tierras donde suelen jugar sus hijos.

La toma terminó de golpe, con una excavadora enviada por el Gobierno porteño para desarmar las incipientes casillas y un cordón policial de la Federal con casi 80 agentes.

Por lo menos en este punto, ambas administraciones parecen coincidir en que si el barrio se desmadra, pierden todos. Los cortes en la autopista Illia se transmiten en vivo en todos los canales de televisión e indignan a muchos de los 90 mil vecinos que la atraviesan todos los días en auto. Nunca queda claro a quién echarle la culpa de ambos Gobiernos.

Ayer el Ministerio de Seguridad de la Nación anunció que en veinte días comenzará a funcionar la nueva policía de prevención vecinal de la Federal: tendrá 111 efectivos y patrullarán en una primera etapa sólo dentro de la Villa 31. Sus agentes recibieron entrenamiento especial para actuar en zonas de alta vulnerabilidad social. Se espera que en el futuro cuente con al menos 500 agentes para patrullar en asentamientos porteños.

En 2011 hubo 168 víctimas fatales por homicidios dolosos en la Ciudad según un informe de la Corte Suprema. El barrio más peligroso fue Flores, con 17 muertos. El segundo fue  Retiro, con 15, donde se erige la Villa 31.

Una alta fuente del Gobierno porteño resume el espíritu de los pasos a seguir para los próximos dos años: “Vamos a ir ganando terreno de a poco para sacar las manzanas podridas. Nos preocupa el avance de las bandas de peruanos en la villa porque el barrio está cada día más caliente”.


La mirada de un argentino. En la Rocinha de Río, la llegada de militares no terminó con los narcos.

“La Rocinha es un caso especial que no tiene registros en ninguna otra parte de América Latina donde se levantan asentamientos populares”, ensaya Dante Quinterno, el argentino que vivió en la favela más peligrosa de Río de Janeiro y hasta fundó TV Roc, un canal de cable dentro del barrio.

“Si bien era una comunidad que se regía bajo las reglas impuestas por los narcotraficantes y que se sentía muy a gusto con ello, la militarización tuvo gran apoyo por parte de sus pobladores”, compara Quinterno con la idea local de avanzar con las fuerzas de seguridad en la Villa 31 para frenar el avance del delito y el crecimiento del narcotráfico. Si bien todavía no son comparables a nivel social y demográfico, muchos especialistas creen que es pertinente decir que la 31 comienza a favelizarse.

Hay que recordar también que en Río de Janeiro las últimas noticias revelan que la intervención militar en la Rocinha –la favela más peligrosa y emblemática de Brasil, donde viven más de 200 mil personas– no parece haber logrado los resultados esperados en términos de “pacificación”.

“La seguridad estaba en manos de los traficantes y no se producían robos. De hecho, los propios vecinos avisaban si alguien se colgaba del cable”, recuerda desde Madrid Quinterno, que además es nieto del creador de la historieta Patoruzú. “Si bien ahora la seguridad la brindan los militares, no creo que se sientan muy a gusto los que viven allí”, agrega.

Convertirse en un narco es algo a lo que aspiran muchos chicos que viven en las favelas, que desde pequeños anhelan ser parte de las grandes bandas.

Cuando el 13 de noviembre del año pasado se puso en marcha el operativo Choque de Paz, muchos creían que la pacificación había llegado a la Rocinha, que se consideraba el mayor centro de distribución de drogas del sur de Río y, como la 31, se levanta sobre barrios de clase alta como Gávea y San Conrado.

La intervención, para muchos, no termina: a pesar del despliegue de las fuerzas de seguridad, en los últimos meses se registraron varios crímenes que se relacionan con venganzas entre bandas de narcos que aspiran a recuperar el dominio territorial de la favela.

FUENTE: PERFIL

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