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Twitter: @AlvaroAurane
El estudio conjunto de una universidad y de una encuestadora da cuenta de que la inquietud por hechos presuntamente deshonestos en el manejo de la cosa pública es, en la opinión pública nacional, mayor que el que despiertan el desempleo o las drogas ilegales. Sólo es superada por la inseguridad, que encabeza, según este relevamiento, las angustias generales porque nadie la ve».
En total, entrevistaron a 1.001 personas. En 26 localidades del país. Entre el 19 y el 26 de abril. Respetando las proporciones de edad y de sexo, de acuerdo con las pirámides demográficas del último Censo Nacional de Población. De modo que los resultados del estudio son representativos de la población adulta argentina.

Sobre esa base, la Escuela de Economía de la Universidad Católica Argentina y la encuestadora TNS Gallup elaboraron el Índice General de Expectativas Económicas (IGEE) de mayo, que sondeó mucho más que la percepción sobre el empleo, el ingreso familiar y su capacidad de compra de bienes durables. También buscó registrar la opinión de los ciudadanos acerca de la situación económica actual y de allí surgió que la corrupción volvió a convertirse en uno de los temas que más preocupa a los argentinos.

Según cada quién 
Dos especialistas nacionales consultados separadamente por LA GACETA coinciden en que los principales problemas que aquejan hoy a los argentinos son la economía y la inseguridad.Hugo Haime, uno de los consultores de cabecera del Gobierno tucumano, advierte que ha variado sustancialmente el eje de las angustias nacionales con respecto a la década del menemismo, cuando los principales tópicos eran el desempleo y la pobreza.

La politóloga Gretel Ledo, en tanto, advierte que tanto o más preocupante que las percepciones sobre la realidad de la economía y del mercado, es el hecho de que la Argentina, hoy, está gobernada por un espíritu de temor.

Justamente, en el estudio de la UCA y TNS Gallup, si bien se advierten opiniones divididas en la población respecto a cual es el problema más importante, surge que la inseguridad (29%) continúa siendo mencionada en primer lugar.

«En segundo lugar, y por primera vez en la tendencia, aparece la corrupción (9%)», precisa el informe. Si bien la distancia respecto de la inseguridad es sustancial, no menos revelador resulta que inquiete a los argentinos más que el desempleo y las drogas (ambos con 8%).

En detalle, la preocupación por la inseguridad crece a mayor edad (22% ente los más jóvenes contra el 35% entre los mayores de 65 años), los universitarios (33% contra el 26% entre los que sólo tienen estudios primarios), los niveles más altos entre las clases sociales (33% del segmento de mayores ingresos contra el 27% de los sectores medios).

La preocupación por la corrupción es más fuerte entre los hombres (12%), los universitarios (16%) y los sectores con los niveles de ingresos más altos (21%).

A la vista 

Dos grandes grupos de acontecimientos gravitan en el retorno (incipiente, si se quiere; pero evidente, sin dudas) de la corrupción como preocupación de la opinión pública.

El primero está vinculado con que dos de los mayores escándalos que rozan al kirchnerismo han alcanzado durante este año momentos de elevada trascendencia mediática. Tanto en los medios a los que el Gobierno nacional califica como «opositores», que han ventilado las denuncias, como en los medios que la oposición tilda de «kirchneristas», donde los implicados desfilaron para realizar descargos públicos.

Por un lado, la causa judicial que tiene imputados y detenidos a los hermanos Sergio y Pablo Schoklender, en el marco de la investigación por presunto desvío de fondos entregados por el Estado para ser destinados a la construcción de viviendas sociales mediante la «Misión Sueños Compartidos», organizada por las Madres de Plaza de Mayo. También se encuentra imputada en la causa, como supuesta integrante de una asociación ilícita, María Alejandra Bonafini, hija de Hebe Pastro de Bonafini, presidente de Madres de Plaza de Mayo.

Por otro lado, el «affaire» que derivó en la causa judicial que investiga si el vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, realizó gestiones incompatibles con la función pública, para hacer que allegados suyos se queden con la ex Ciccone Calcográfica, a través de un fondo de inversión fantasma, con la finalidad de ser beneficiados con la impresión de billetes encargada por el Gobierno nacional a esa firma.

La «crisis» 
Los otros factores que inciden en el resurgimiento de la «preocupación» por la corrupción refieren a la «crisis económica», eufemismo con el que el común de los ciudadanos refiere a un conjunto de medidas oficiales, como las trabas a las importaciones, las restricciones a la compra de dólares, los controles a las personas que viajan fuera del país, y el no oficial pero constatable «techo» del 24% para las negociaciones paritarias, por mencionar los hechos más salientes.

Es la percepción de esa «crisis» lo que hacer surgir la angustia por la corrupción. Antes no, a pesar de que el kirchnerismo no ha estado desprovisto de escándalos. Van desde las denuncias y posterior proceso judicial por presunto enriquecimiento ilícito contra el ex secretario de Transporte de la Nación, Ricardo Jaime, con millonarios embargos de propiedades incluido; hasta el sonado caso de la valija de Guido Antonini Wilson, un empresario venezolano-estadounidense que arribó a la Argentina en un vuelo charter contratado por funcionarios públicos argentinos, el 4 de agosto de 2007, y al que los agentes de la Aduana y la Policía de Seguridad Aeroportuaria le descubrieron en la maleta 790.550 dólares no declarados.

En medio de acusaciones cruzadas por este caso, llegó a ventilarse que podría haberse tratado de fondos enviados por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para la campaña electoral de la fórmula Cristina Fernández de Kirchner –Julio Cobos.

El Gobierno argentino respondió denunciando maniobras de EEUU para calumniar a este país y a Venezuela, e intentar dañar las relaciones entre ambos países.

Sin embargo, durante esos años de crecimiento económico la «cuestión» de la corrupción no apareció en las mediciones.

La primera y más obvia de las lecturas es que la bonanza anestesia las miradas críticas.

Pero, en un segundo nivel, las crisis no sólo modifican percepciones sino también interrogantes. Lo planteaba en los 90, durante el menemismo, el filósofo José Pablo Feinmann, en su texto Cuestiones sencillas. En ese artículo, recopilado en su libro Escritos imprudentes, Feinmann advierte que la gente sencilla se hace preguntas sencillas. «La primera es: ¿dónde está la plata? La segunda es: ¿quién se la llevó?».

Para el escritor, cercano al kirchnerismo en los orígenes de la gestión, la segunda pregunta es consecuencia de la respuesta que la gente sencilla da a la primera: la plata no está. «Y no está porque nadie la ve».

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