Una reflexión a propósito del 7 de junio, Día del Periodista.

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El periodismo «militante» tiene un acuerdo básico: son colegas que respaldan al gobierno de Cristina Kirchner.

Más allá de ese lazo común presentan diferencias entre sí; los hay muy recalcitrantes que se esmeran en el patrullaje político e ideológico, pero otros respetan a los periodistas que no son oficialistas e incluso auspician el debate de ideas, como ocurre con la agencia Paco Urondo, programas de Radio Cooperativa (como “El Tren”, de Gerardo Yomal y Hugo Presman) y “Café Las Palabras”, el programa de cable de Canal 26 conducido por Eduardo Valdés, un abogado, político y periodista muy apreciado en la política y en el periodismo.

En las últimas semanas varios periodistas militantes, en especial los más recalcitrantes, han descubierto otro enemigo común: es Jorge Lanata, a quien muchos de ellos tanto admiraban cuando dirigía Página 12 o conducía su programa de TV durante el menemismo. Es decir, cuando era un ícono del progresismo. Algunos incluso trabajaban con él o para él.

Ahora, Lanata parece haberles tocado una fibra íntima y dolorosa con su nuevo programa por Canal 13. Y no los calma la gran cantidad de personas que lo mira, tanta que ha llegado a los 20 puntos de rating un domingo después de las 23.

Hay dos argumentos principales contra Lanata. El primero es que es más un showman que un periodista y que, en consecuencia, se ha vuelto superficial. Creo que están equivocados. Lanata es un periodista que aprovecha muy bien el formato televisivo: si el periodista debe combinar la información con el entretenimiento (una forma atractiva que haga la información accesible a todos los públicos), la TV exige una dosis mayor de esta segunda variable, al contrario de lo que ocurre en, por ejemplo, una agencia de noticias.

El segundo argumento es que Lanata no está siendo coherente al trabajar y defender ahora al Grupo Clarín tras haber criticado duramente, hace relativamente poco tiempo, a su cúpula corporativa y periodística. Esto afecta, dicen, su credibilidad. En primer lugar, no parece que haya dejado de ser creíble para tanta gente y, si lo ha dejado de ser, ha logrado reemplazar con creces esas pérdidas. En segundo lugar, no creo que estos colegas estén realmente preocupados en atributos como la coherencia: si lo estuvieran, no aceptarían como compañeros de ruta a Víctor Hugo Morales, Orlando Barone u Osvaldo Quiroga, quienes hasta hace relativamente poco tiempo tanto criticaban a los Kirchner.

En mi opinión, Lanata es el mejor periodista de la TV actual. Es decir, en un contexto desértico donde cuatro de los cinco canales de la televisión abierta evitan los programas periodísticos. Por distintos motivos y para alegría del oficialismo, que privilegia el contacto directo, sin mediaciones, a través de sus discursos, de la Presidenta con la gente. Lanata viene a estropear esa relación y eso es una molestia para el oficialismo.

*Autor de Disposición Final, la confesión de Videla sobre los desaparecidos.

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