Por Martín Kanenguiser | LA NACION

Primer acto, 18 de mayo de 2012: “El problema no es que nos hayamos caído del mundo, sino que el mundo se nos cae encima nuestro”.

Segundo acto, 26 de mayo de 2012:

“El mundo está al borde del Titanic y este bote en el que está la Argentina lo hemos construido nosotros”.

La protagonista de ambas frases temerarias fue la presidenta Cristina Kirchner, que comparó la actual incertidumbre económica global con la fuerte crisis de 2008 para justificar los problemas que afronta la Argentina. Sin embargo, ningún dato permite asimilar ambas coyunturas. Más aún, el Gobierno agotó varios “colchones” que tenía en aquel momento, por lo que ahora no cuenta con el margen de entonces para aplicar políticas contracíclicas en términos fiscales y monetarios, como sí lo están haciendo otras naciones afectadas por el temblor global.

Si se analizan ambas situaciones, las diferencias son tajantes:

 

  • En aquel momento, se cerró por completo la posibilidad del financiamiento de corto plazo y al comercio exterior, tras la caída del banco Lehman Brothers en Estados Unidos; ahora existe una mayor aversión al riesgo de parte de los inversores y los bancos, pero afecta particularmente a algunos países y no a todos los emergentes en general ni a América latina en particular.

 

La Argentina, por la desconfianza de los operadores del mercado respecto de las políticas actuales y por la falta de resolución de las deudas de 2001 que permanecen en default -sobre todo los pasivos con el Club de París y los de los bonistas que no entraron en el canje de deuda-, mantiene uno de los más altos índices de riesgo país.

 

  • Los términos del intercambio del país siguen en niveles récord y entre 2007 y 2011 registraron un crecimiento del 24,9 por ciento en promedio. El Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) estimó en su último informe que, sobre la base de los precios de 1993, la ganancia por los términos de intercambio fue de 23.030 millones de dólares.

 

 

  • La cosecha de granos y oleaginosas exhibe una caída de 12 millones de toneladas frente a la anterior recolección, pero está aún muy lejos de la baja de unos 30 millones de toneladas registrada hace cuatro años, según un informe del estudio Bein.

 

 

  • El volumen del comercio global del país se desaceleró frente a 2011: crece al 2,7 por ciento mensual, frente al 13 por ciento previo, pero está muy lejos de la caída del 18 por ciento de principios de 2009, pocos meses después de la anterior crisis internacional.

 

 

  • Brasil está en un proceso de franca reducción de su crecimiento (el PBI subiría 2,5 por ciento este año), pero está lejos de la leve caída del 0,2 por ciento registrada hace tres años. La misma comparación vale para China, Estados Unidos y Europa.

 

EFECTO CEPO

Luciano Laspina, economista jefe del Banco Ciudad, indicó que “la economía comenzó a frenarse abruptamente luego de la aplicación del cepo cambiario, en un proceso liderado por la caída de la inversión privada, la construcción y la obra pública”.

El analista aclaró que “a diferencia de 2008-09, cuando el colapso del comercio global y la crisis financiera frenaron la economía y se combinaron con la fortísima sequía para explicar la recesión, ahora son los factores locales (la fuga al dólar, primero, y la escalada del paralelo, después) los que explicaron el freno, en primera instancia, y la caída actual, que, anualizada, en el segundo trimestre es del 3 por ciento”.

Para el director de Ecolatina, Marco Lavagna, la caída del PBI y de las exportaciones registrada desde enero “obedece a factores exógenos y domésticos; estos últimos se explican, en buena medida, por las crecientes intervenciones que se realizan para abultar el saldo comercial, generando el efecto que se busca mitigar”.

Del lado externo, indicó que “hay que destacar la buena performance de los precios de las commodities, ya que si bien existe una alta volatilidad se encuentran en niveles elevados históricamente”.

 

 

 

 

 

Del lado interno, mencionó “el sostenido atraso cambiario, que genera un constante deterioro de la competitividad; la fuga de depósitos en dólares, que está quitando fondeo para la prefinanciación de exportaciones, y la distorsión sobre los precios del agro por la brecha cambiaria”.

En esa sintonía, Dante Sica, de abeceb.com, dijo que “el mundo atraviesa una situación muy diferente a la observada durante 2009, porque la crisis no es generalizada y se focaliza en Europa, mientras que los precios de las commodities continúan elevados, y permiten compensar, al menos parcialmente, la caída de la cosecha”.

En cambio, la apreciación del peso respecto del dólar va a contramano de la devaluación de los principales países socios del país, aclaró el ex secretario de Industria Dante Sica.

Ante este panorama, agregó, y pese a que no sea su objetivo explícito: “El Gobierno está haciendo una política procíclica, que colabora con un mayor enfriamiento de la economía”.

Al respecto, el socio director de la consultora Econviews, Miguel Kiguel, dijo que “para el Gobierno, va a ser muy difícil usar estímulos monetarios, por temor a que se le escape aún más la inflación, o estímulos fiscales, por falta de financiamiento” del creciente déficit. Y agregó, con cierta ironía: “Se enfrenta a una sábana corta, y para colmo no se puede importar tela”.

SIN VIENTO DE PROA

Kiguel aconsejó buscar las soluciones puertas adentro. “Se acabó el viento de cola, pero por ahora no hay viento de proa”, concluyó.

Por su parte, el economista del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes) José María Fanelli afirmó que si la crisis se profundizara en Europa, se exacerbaría la salida de capitales del país y aumentaría la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.

En cuanto a Brasil, en la página de Internet “Escenarios alternativos”, opinó que la situación económica de ese país impacta aquí con “menor actividad para la industria local y menos divisas para afrontar la creciente factura energética”, sin que el Gobierno cuente con demasiados recursos para pagarla sin generar otros problemas.

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