Madrid.—
 «Ha echado gasolina en las calles de este país». La frase, dirigida a Mariano Rajoy, la pronunció el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, después de que el presidente del gobierno…

El «no» a los recortes es la consigna de las protestas callejeras que se multiplican en España.

Madrid.—

«Ha echado gasolina en las calles de este país». La frase, dirigida a Mariano Rajoy, la pronunció el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, después de que el presidente del gobierno español anunciara el miércoles el mayor plan de ajuste en la historia democrática de España.

Los dos grandes sindicatos del país, Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, advirtieron ayer de que ese augurio puede cumplirse. «No descartamos la huelga general», dijeron Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez. Por el momento, para el próximo jueves han convocado manifestaciones en todo el país.

Con el plan de ajustes de Rajoy por valor de 65.000 millones de euros, el ambiente se calienta en una España que no divisa la salida del túnel, con más de 5,6 millones de desempleados (24,44 por ciento de la población activa) y una recesión que continuará también el año que viene, según advirtió el propio presidente del gobierno.

«O trabajamos todos unidos para lograr los mismos objetivos, o nuestros esfuerzos serán estériles. O demostramos que somos una nación dispuesta a sacrificarse para conquistar un futuro mejor, o no merecerá la pena el esfuerzo», dijo Rajoy el miércoles en el Congreso de los Diputados, pidiendo aguante a los ciudadanos.

Dos años de ajuste. Pero los españoles llevan ya más de dos años soportando sobre sus espaldas ajustes millonarios con los que, primero el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y ahora el conservador de Rajoy, se han esforzado por rebajar el abultado déficit público y por marchar al paso que ha ido marcando la Unión Europea.

La oleada de recortes comenzó en mayo de 2010, con el ajuste de 15.000 millones de euros que anunció entonces Zapatero, y que supuso el principio del final del socialista. Nunca antes se había llevado a cabo un recorte semejante en el Estado de bienestar español.

El segundo gran recorte llegó el miércoles con Rajoy y afecta entre otros a desempleados, jubilados y empleados públicos. El líder conservador ya había ido recortando y ajustando desde su llegada a La Moncloa, en diciembre del año pasado: 27.000 millones de ahorro en los presupuestos generales del Estado de este año y 10.000 millones más en dos pilares del Estado del bienestar, la sanidad y la educación.

En aumento. La movilización en las calles de España no ha llegado hasta ahora nunca a acercarse al nivel de Grecia, donde los recortes impuestos desde Bruselas han sido contundentes y violentos. Pero en los últimos meses, poco a poco, se han ido acumulando las protestas, en un país en el que los ciudadanos miran con recelo el rescate que el Eurogrupo va a hacer los bancos en problemas.

En mayo de 2011, el movimiento de los indignados demostró que la ciudadanía era capaz de canalizar su descontento y ocupar las plazas, logrando una presión mediática y social sostenida durante días y haciendo temblar a una clase política a la que se acusa de no haber sabido gestionar lo público.

En los últimos meses está habiendo además protestas de la comunidad educativa y sanitaria contra los recortes en esos dos pilares del Estado del bienestar.

El miércoles, tras sus anuncios en el Congreso de los Diputados, Rajoy y varios ministros tuvieron que dejar la cámara por la puerta de atrás para evitar a dos centenares de manifestantes que protestaban allí contra los recortes recién desgranados.

Ese mismo día, una marcha de mineros que durante 20 días recorrieron más de 400 kilómetros para llegar a Madrid y protestar contra otros recortes —los de las subvenciones al carbón— terminaba cerca del Ministerio de Industria con enfrentamientos con la policía que dejaron heridos y detenidos. Por la noche, la Puerta del Sol también fue escenario de disturbios tras una concentración en apoyo a los mineros y contra el nuevo plan de ajuste anunciado por Rajoy.

De forma espontánea. Los empleados públicos, a los que el Ejecutivo conservador va a dejar sin la paga extra de Navidad —después de que el anterior gobierno socialista ya les rebajara el sueldo en una media del 5 por ciento— salieron ayer a la calle en Madrid de forma espontánea y cortaron el tráfico de varias calles de la capital.

«Ha sido la gota que ha colmado el vaso», decían algunos, mientras otros gritaban consignas como «Manos arriba, esto es un atraco». Para hoy han convocado a nuevas protestas. La Asociación Unificada de Guardias Civiles, la representación mayoritaria de los agentes del instituto armado, ha anunciado que se sumará a las protestas que se convoquen en el sector público contra los «injustos recortes» del gobierno.

Mientras tanto, los sindicatos insisten y advierten. «En el otoño (boreal) queremos que la ciudadanía se pronuncie por los incumplimientos del Partido Popular (de Rajoy) y no descartamos la huelga general», dijeron ayer los líderes gremiales.

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