POR NICOLÁS WIÑAZKI/CLARIN

Es por su déficit operativo, de US$ 1 millón mensual. Y porque sólo podría seguir funcionando con contratos del Estado. El Gobierno hoy le paga $ 160 millones por la impresión de billetes de $ 100.

El anuncio, deslizado de modo informal, primero sorprendió a los gerentes de la ex Ciccone Calcográfica y ahora es el comentario de los empleados administrativos y de los gráficos. Hace pocos días, el vicedirector de la firma, Maximiliano Lanusse, afirmó en diálogos con sus subordinados que la empresa cambiará de dueños. Habló de la pronta partida de “los inversores”.

Se refería a los misteriosos accionistas de The Old Fund, la sociedad que controla la imprenta que confecciona billetes de cien pesos por encargo del Gobierno.

La Casa Rosada está estudiando la estatización de la compañía, repiten por estas horas las autoridades de la ex Ciccone.

Clarín había publicado el viernes que el ministro de Justicia, Julio Alak, y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, analizan los caminos jurídicos para estatizar la empresa por la que Amado Boudou es investigado por la Justicia.

Si finalmente ocurriera, la estatización n o tendrá ningún efecto en la causa judicial en la que el vice es acusado de cometer los delitos de enriquecimiento ilícito, negociaciones incompatibles con la función pública y lavado de dinero.

Legisladores de la oposición, como Fernando “Pino” Solanas, presentaron proyectos en el Congreso para que el Gobierno estatice Ciccone. Hasta ahora, el oficialismo no les prestó atención.

La intervención del Estado en la imprenta dirigida por Alejandro Vandenbroele podría poner fin a la crisis financiera en la que entró la compañía desde que se conocen los lazos que la unen con Boudou.

La ex Ciccone tiene un déficit operativo de un millón de dólares por mes.

Por su estructura, por su maquinaria , sólo puede seguir a flote gracias a contratos con el Estado.

La empresa está preparada para imprimir dinero, pasaportes, títulos de acciones o chapas para patentes de autos.

El Gobierno hoy le paga $ 160 millones por la impresión de billetes de $ 100, la única actividad de la empresa, que debió resignar contratos para la impresión de chapas patentes.

Sin contratos estatales, y con la Justicia investigando el origen y el flujo de fondos salidos de The Old Fund, la ex Ciccone podría hundirse en la zozobra financiera.

Es lo que Lanusse, supo Clarín , les adelantó a algunos empleados:“Los inversores no quieren poner más plata. Se van”.

Las debilidades financieras de la empresa mantienen en alerta a los funcionarios nacionales encargados de monitorear el caso Ciccone.

¿Cómo se podría contener a los empleados si éstos pierden sus puestos de trabajo? ¿Podrían desligarse de sus actuales compromisos para contarles a los medios o la Justicia lo que saben sobre el manejo de la empresa desde que The Old Fund está allí? Ese escenario ya fue evaluado por la Casa Rosada en otro momento. Fue en marzo, cuando el propio Boudou anunció que en la ex Ciccone no se imprimiría dinero.

Ni bien el Gobierno avisó a la empresa su decisión, desde la firma replicaron que sin ese contrato para confeccionar billetes de cine pesos la compañía volvería a la quiebra. Uno de los funcionarios que primero supo que eso podría pasar fue Julio De Vido, de Planificación Federal, que tiene fluidos contactos con el empresariado. El 25 de marzo, la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, desdijo a Boudouy anunció que la ex Ciccone sí sería contratada por el Gobierno.

El laberinto financiero de la empresa sumó en los últimos días un nuevo camino. Es el que lleva al ex banquero Raúl Moneta, ex menemista, hoy empresario de medios K. Una de sus sociedades, Maxifarm, figuraría desde hace pocos días como financista de The Old Fund. Hasta ahora, se conocía que la mitad de The Old Fund había sido comprada por otra sociedad, Dusbel, de origen uruguayo, ahora investigada por lavado de dinero por la Justicia de ese país.

¿Cómo logró entrar Moneta en este complejo entramado societario y financiero? Tiene al menos un antecedente a su favor: es escribano.

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