EL EX CANDIDATO A GOBERNADOR DE SAN JUAN POR LA UCR -AÑO 1987- ANOCHE DEJÓ DE EXISTIR

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HOY SERÍA EL CUMPLEAÑOS NÚMERO 87 DE ÉSTE POLÍTICO QUE LOGRÓ ESTAR A TONO CON LA IDEOLOGÍA SOSTENIDA Y SU DOCTRINA DENTRO DEL CENTENARIO PARTIDO.

 

 ANOCHE EN LA CEDE DE LA UCR: 

Tal cual estaba previsto, los restos del reconocido político son velados en la casa del partido, sobre Avenida Córdoba. A la despedida llegaron funcionarios del Justicialismo y del Bloquismo. También el mandatario provincial se acercó.

 En el 2005 se escribió esta nota en Diario de cuyo con motivo de cumplirse 80 años de Seguí:

Los 80 años de un ícono radical

Símbolo de la época de mayor esplendor de la UCR, Héctor Seguí cumple años y los festeja hoy. por Daniel Tejada 

“Querido don Seguí, disculpe y comprenda que mi deseo hubiese sido acompañarlo. Reciba de éste, su amigo y compareligionario (sic) un fuerte y cariñoso abrazo”. Firmado: Lorenzo Pepe, diputado nacional justicialista, mandato cumplido.

La carta fue enviada desde Buenos Aires y llegó a San Juan el 19 de julio, destinada al ex diputado nacional Héctor Miguel Seguí, ícono del radicalismo local que mañana cumplirá 80 años de vida y que hoy los festejará con todo el arco político: hay más de 200 invitados, entre los que figuran José Luis Gioja, Roberto Basualdo, Enrique Conti, Wbaldino Acosta y Alfredo Avelín.

Para los más jóvenes, el nombre de Seguí suena desde aquella campaña a gobernador de 1987, cuando completó su fórmula Miguel Moragues y ambos fueron derrotados por el bloquista Carlos Enrique Gómez Centurión, en los días en que el partido de la estrella parecía imbatible.

Pero el ex candidato a gobernador, ex diputado nacional y ex convencional constituyente tiene una historia de militancia que se remonta a 1950, cuando dio sus primeros pasos en el Comité Central de la UCR local, que presidía otro histórico del partido: Ricardo Colombo.

“Es cierto que había democracia porque habían accedido al poder por las urnas, pero era una cosa muy dura, muy fuerte, que era el peronismo en el gobierno. Y bueno, a nosotros nos gustaba el sistema democrático más abierto”. Seguí eligió ser radical cuando no era lo más común. “Eramos perdedores… en aquella época el auge era el peronismo”, sostuvo.

La dictadura

Hijo de José Seguí, comerciante, y de Carmen Fernández, docente, Héctor Miguel nació, creció y se educó en San Juan, hasta que tuvo que seguir una carrera universitaria. La vocación por la abogacía lo llevó a Córdoba, donde conoció a un ex gobernador que lo deslumbró y le despertó el interés por el radicalismo: Amadeo Sabatini.

En 1963, cuando Arturo Illia ganó las elecciones y se convirtió en presidente, al sanjuanino Ricardo Colombo lo designaron delegado de Argentina ante las Naciones Unidas, razón por la cual debió radicarse en Estados Unidos. Así, dos años más tarde, hubo elecciones de autoridades partidarias y el joven Seguí asumió como presidente del partido en San Juan.

“Estuve desde el ’65 hasta el ’72, porque vino el golpe militar del ’66, cuando lo derrocaron a Illia y Balbín no podía hacer funcionar el partido orgánicamente”.

La UCR funcionó entre las sombras durante las sucesivas dictaduras militares. “Balbín nos instruía sobre la lucha del partido, cómo seguir trabajando en la clandestinidad. Habíamos dejado la casa partidaria, porque estaba prohibido, pero nos seguíamos juntando en otro lado”.

Pero la dictadura no fue del todo negativa para Seguí. “Hubo algunas cosas interesantes. Esas reuniones en Buenos Aires me permitieron conocer la riñonada del partido. Por La Rioja iba Galván, por Santiago del Estero iba Benjamín Zavalía, Perette por Santa Fe, Losada por Misiones, Raúl Alfonsín por provincia de Buenos Aires. Eramos los dos más jóvenes, con Alfonsín”.

Al lado de Seguí, además de Colombo, militaban Mario Gerarduzzi, Gerardo Salvioli, Martín Riveros y un señor de apellido Palacio, padre de Rosa, la actual primera dama, Rosa Palacio. También militaba otro radical que tuvo hijos justicialistas: Gioja padre. “Era un brillante funcionario de Hidráulica. Y no lo querían ascender los peronistas. Entonces un día, para ver si renunciaba, lo trasladaron a Jáchal. Y se fue con toda la familia”.

Con 38 años, Seguí fue candidato a gobernador en 1963. Fue su primera derrota frente a otra leyenda de la política local: Leopoldo Bravo. “Con Bravo he tenido nada más que atenciones. Ha sido un hombre tremendamente cordial”, aseguró el radical.

Cuando triunfó el radicalismo en las elecciones de 1983 y Raúl Alfonsín se convirtió en presidente, Seguí fue designado delegado del Ministerio de Acción Social en San Juan, que estaba a cargo de Ricardo Barrios Arrechea a nivel nacional. Luego fue convencional constituyente en la reforma de la Carta Magna provincial en 1986 y fue electo diputado nacional en 1989. Dejó el Congreso en 1993 y nunca más intentó obtener un cargo en la función pública.

Con respecto a la pobre realidad de la UCR hoy, Seguí dijo estar “esperanzado” en que Raúl Alfonsín gane la interna para erigirse en presidente del partido. “Nadie llega a ser un gran conductor del partido. Entonces, que vuelva un veterano, sin aspiraciones a ser presidente de la República, sin aspiraciones a ninguna candidatura, es útil. Y Raúl está entero todavía. Tiene un año menos que yo…”.

De tal palo

“A mí me alegra mucho que Diego milite. Además lo veo muy honesto, muy sincero. Fíjese que todavía sigue apadrinando comedores infantiles”, dijo Seguí, con respecto a su hijo, ex diputado provincial y ex candidato a intendente de la Capital, que perdió por escaso margen frente al bloquista Enrique Conti en el 2003.

“Discrepamos a veces. A él no le gusta la presidencia de Alfonsín (en el partido), le parece que ya está viejo”, comentó Seguí.

Con respecto a la gestión de Néstor Kirchner, Seguí opinó que “está haciendo las cosas bien”, sobre todo cuando enfrenta al FMI. Pero le criticó que priorice la interna partidaria y le pidió que “consolide la figura presidencial”.

Sobre la gestión de Gioja, destacó su empeño. “Gioja es un peleador. Yo lo conozco de los cuatro años de diputado nacional y era un peleador, obstinado por sus cosas. Va a pelear por San Juan. Por supuesto que está este bache de la minería, que hay que poner un poco más de cuidado…”.

 

 ANTES DE FALLECER Y PARA HABLARNOS DE HISTORIA POLÍTICA, DANIEL CHANGO ILLANES, ESCRIBIÓ:

La interna radical de 1987 la ganó la fórmula Seguí-Moragues, una unión entre la Lista Roja y Blanca y la Lista Azul y Blanca.
La de muy 1987 fue una elección muy pareja. No hubo polarización. Ni el bloquismo ni el radicalismo pudieron evitar el crecimiento del PJ y de la Cruzada Renovadora.
Los radicales sanjuaninos fueron prácticamente boicoteados desde el gobierno nacional que hizo todo lo posible para que ganara el bloquismo y de esa manera pudiera llegar Gómez Centurión al gobierno.
El gran decisor estratégico del radicalismo, Enrique Coti Nosiglia había dirigido esa estrategia. Nosiglia estaba muy enojado con los radicales sanjuaninos, a los que culpaba de no organizar el acuerdo político con los bloquistas tal como lo había propuesto Alfonsín en su discurso de Parque Norte de 1986, cuando propuso la Convergencia con otras fuerzas políticas, algo similar en su esencia a las ideas de transversalidad de la década del 2000.
Uno de los políticos con mayor grado de actualización intelectual y buen humor político, era el doctor Héctor Miguel Seguí, candidato a gobernador de la UCR. Combinaba dos corrientes ideológicas: era un hombre de centroizquierda en lo sociocultural y de centroderecha en lo económico financiero.
En esa época, las finanzas públicas y privadas eran el principal punto de preocupación en los economistas radicales, y también de los abogados y expertos en derecho económico de ese partido, como Seguí. Tanto García Vásquez, como Alfredo Concepción, todos ellos eran hombres de las finanzas.
Seguí pertenecía al progresismo laicista de San Juan, una vieja tradición política local. Fue, sin lugar a dudas, el padre de la Constitución de 1986. Fue él quien le encomendó al autor de este libro la redacción del preámbulo de la Constitución de 1986. se preámbulo sintetizaba en grandes rasgos, el pensamiento institucional de Héctor Miguel Seguí.
Para vencer a Seguí, se unieron varios componentes tácticos. La propaganda de Diario de Cuyo contra la Constitución del 86, el boycot del propio Alfonsín – que en San Juan era un bloquista más -, y una mentira horrenda articulada entre Leopoldo Bravo, Francisco Montes y el Obispo Italo Sverino Di Stefano. Difundiron que el radicalismo iba a enseñar en las escuelas públicas, cuando fuera gobierno, educación sexual sobre unas colchonetas. La especie, absurda por donde se la mira, tenía un morbo muy especial para la feligresñia católica sanjuanina cuya capacidad de hipocresía suele ser muy fuerte.
La Constitución fue tratada de muy mala manera por el bloquismo en las declaraciones públicas y en las campañas de rumores que los bloquistas manejaban con mucha habilidad. La polícía bloquista, al recibir una denuncia, decía a los denunciantes o víctimas de algún delito: “no podemos hacer nada porque no nos lo permite la constitución que hicieron los radicales”. Entre otras cosas, la constitución no permitía los abusos de las detenciones en averiguación de antecedentes.
Con la sangre en el ojo por haber perdido las elecciones de 1985, los bloquistas eran unos felpudos ante Alfonsín y se transformaban en ogros contra los radicales locales, que en parte eran obligados por el propio Alfonsín a volverse, a su vez, felpudos de los bloquistas.
Bravo manejaba magistralmente esta estrategia, acompañado por Francisco Montes, el ideólogo de la derecha pragmática de San Juan y principal macrocomunicador.
Bravo denunciaba ante Alfonsín a los radicales de centroizquierda que tenían nítidamente una posición antiproceso.
En San Juan ser antiproceso en aquella época, era cosa de una franca minoría. Había unos pocos radicales antiproceso (muy activos), unos pocos peronistas, y estaban las izquierdas.
La policía bloquista había sido formada por el Proceso, aunque sólo algunos pocos de sus cuadros habían pertenecido al grupo de tareas de 1976, conducido por el ejército. Pero en general, los policías de entonces tenían una formación militarizada, tal como se los instrumentó para cumplir una tarea represiva auxiliar.
El bloquismo, y en especial dos de los cuadros de esta fuerza política, fueron los hombres que manejaron a la policía en dos etapas: uno de ellos fue Wbaldino Acosta, el otro fue Eduardo Alfredo Pósleman. Fueron las figuras del bloquismo cuando se transformó en “partido militar”, bajo la conducción de Leopoldo Bravo, de Carlos Enrique Gómez Centurión o de Domingo Javier Rodríguez Castro, cuando fue gobernador del Proceso. Pósleman fue gobernador del Proceso, Acosta fue gobernador más tarde, en la segunda etapa de la Alianza, años más tarde. El jefe de policía de la Alianza fue Pósleman.
El bloquismo tenía un aparato político y un aparato técnico. En los 80 el aparato técnico (o cuerpo técnico como lo llamaba el propio Bravo), pasó por las manos de Eduardo Antonio Baliña, Alfredo Riutort y Juan Gilberto Marata. Los tres eran diestros economistas, más prácticos que teóricos.
El más original de todos ellos era Eduardo Antonio Baliña. De extracción popular, trabajó desde los 16 años en las áreas fiscales del Estado provincial, se graduó en la Universidad Católica y nunca dejó de cultivar el canto y la poesía a pesar de ser uno de los burotecnócratas más importantes del Estado sanjuanino.
Riutort era un burotecnócrata de una gran capacidad de trabajo. Prestó mucha atención al proyecto del desarrollo minero. Fundó junto al ingeniero Orozco la empresa La Rosa Amarilla, que se dedicó a beneficiar oro.
Tanto Baliña, cuanto Riutort y Marata, fueron burotecnócratas con fuerte inclinación a la actividad productiva alternativa, pero sus sucesores – con Enrique Conti a la cabeza – fueron más inclinados a los negocios financieros. Por eso, quizá, fue tan fácil que se adaptaran al fenómeno menemista. Los primeros veían al Estado como el fundamental instrumento regulador. En ese sentido conservaban algo de la línea regulacionista progresiva del cantonismo. Conti fue, en los noventa, uno de los equivalentes de Domingo Cavallo a escala provincial.
En 1991, el avelinismo estuvo cerca de ser gobierno. Compitieron ese año cuatro fórmulas:
La encabezada por el doctor Alfredo Avelín – Julio Prado.
La fórmula justicialista Jorge Alberto Escobar – Juan Carlos Rojas.
El bloquismo con la fórmula Marata – Sambrizzi.
La UCR con la fórmula Carlos Quevedo Mendoza – Delia Papanno.
La elección la ganó la fórmula Escobar – Rojas. Escobar había sido presentado a la sociedad como un “Fujimori”, es decir como alguien que venía desde el mundo del empresariado a solucionar los problemas dejados por los políticos. Fujimori, un hijo de inmigrantes japoneses y hombre de negocios terminó en la cárcel por sus actividades represivas y de corrupción, el empresario independiente brasilero Collor de Melo terminó liquidado políticamente por actos de corrupción. Escobar terminó olvidado, luego de haber sido destituido por corrupción, y – habilitado de mala forma – reelecto hasta 1999.
Dos hombres políticamente muy influyentes impulsaron la candidatura de Escobar: Eduardo Menem, senador hermano del presidente Carlos Menem, y César Ambrosio Gioja.
Avelín tenía un lema: “córtele los víveres a la corrupción”, pero nunca dio precisiones ni hizo denuncia alguna sobre corrupción al bloquismo, que era la fuerza política gobernante en San Juan.
El bloquismo salió tercero en esta elección. Y ahí empezó su decadencia después de haber sido por muchos años la fuerza política rectora del Estado. Fue sustituído en este rol por el peronismo.
En la interna peronista, Escobar – Rojas se impuso a Del Bono – De Sanctis.
El avelinismo no tuvo respuesta para la denuncia política que le hizo Quevedo Mendoza – la publicó Nuevo Diario – de un pacto entre Bravo, Montes y Avelín.Siempre hay una minoría que sirve para denunciar y desnudar la estrategia política dominante.
El esquema fue difundido por el Nuevo Diario de Juan Carlos Bataller, que en ese entonces libraba una guerra mediática contra Francisco Montes.
La denuncia achicó las posibilidades electorales de Avelin y fue aprovechada por el peronismo, que ademças contaba con el apoyo del gobierno de Carlos Menem.
[de la Historia de San Juan de Daniel Chango Illanes, de inminente publicación]

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