Por Martín Dinatale | LA NACION

Una guerra subterránea y voraz se abrió desde hace tiempo entre el canciller Héctor Timerman y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Hasta ahora ambos funcionarios venían disimulando el enfrentamiento. Pero en los últimos días se vieron indicios de que esta batalla se profundizará.

El trofeo de esta puja de poderes es el manejo de lapolítica comercial exterior de la Argentina. Y en el medio de la guerra se ponen en juego vínculos diplomáticos de la Argentina con otros países, intereses económicos, rencillas de empresarios y pases de factura entre funcionarios.

La pulseada de Moreno y Timerman empezó cuando la presidenta Cristina Kirchner decidió por decreto vaciar de poder a la Secretaría de Comercio Internacional de la Cancillería para trasladarle facultades a Moreno por medio de su mano derecha, la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri. Luego llegaron las misiones comerciales a Angola y a Azerbaiján lideradas por Moreno, que potenciaron la pelea.

Moreno cuenta con todas las herramientas legales para disponer de la política exterior: el cierre de importaciones, los controles aduaneros y las tasas de comercio. Por esto, el canciller daba por perdida esta pelea. Aunque en los últimos días se entusiasmó con esmerilar el poder de Moreno cuando Cristina Kirchner retó públicamente al secretario de Comercio y luego de escuchar el rumor de un desplazamiento de Moreno.

Así, fuentes calificadas de la Cancillería advirtieron a LA NACION que Timerman está dispuesto a fortalecer la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales, que está a cargo de Cecilia Nahón, con dos herramientas: la incorporación en ese espacio de jóvenes de La Cámpora y el refuerzo político de la Fundación ExportAr, cuyo presidente ejecutivo hoy es Javier Doufourquet. Este funcionario es muy amigo del poderoso referente de La Cámpora y diputado nacional Eduardo Wado de Pedro. Ambos se conocen de Mercedes y tienen a Juan Ustarroz como amigo en común.

De Pedro y sus allegados en la Cancillería coinciden en la necesidad de enfrentar a Moreno y avanzar en la política comercial exterior con la ayuda de empresarios amigos y un fuerte apoyo del Estado a través de la diplomacia. En la Fundación ExportAr el escaso poder empresarial quedó atrás luego de la partida de Marcelo Elizondo, en 2010. Hoy, el referente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, es el actual presidente de la Fundación ExportAr, y el vicepresidente es el presidente da la Cámara de Comercio, Carlos de la Vega. LA NACION intentó en vano hablar con Méndez y con Doufourquet para tener más detalles de los realineamientos en ExportAr. Ninguno de ellos quiso hablar.

AJUSTES

No obstante, se supo que Timerman se reunió en las últimas semanas con los hombres de la Fundación ExportAr y los alentó a acompañarlos a él y a Nahón en propuestas para atraer inversores y para difundir los productos argentinos por el mundo.

«Si bien Timerman quiere resucitar a la Fundación ExportAr y hay buena predisposición para esto, los empresarios no se van a suicidar al enemistarse con Moreno», reflexionó un empresario de la UIA.

Del otro lado, el grupo de empresarios que acompañan a Moreno incondicionalmente en sus giras comerciales en un avión chárter de Aerolíneas Argentinas son los referentes de La Salada y el empresario menemista Carlos Spadone.

Buena parte de la logística de las misiones comerciales a Angola y Azerbaiján la confeccionó Spadone. Moreno y Paglieri eligieron esos países para avanzar en su proyecto de política exterior porque esas naciones no cuentan con economías de mercado que obliguen a sellar un vínculo formal de Estado a Estado. Pero igualmente en cada viaje Moreno se topó con la figura de Timerman y su equipo de la Cancillería.

«El canciller tiene las llaves para entrar o no oficialmente a un país con funcionarios y agilizar trámites», comentó un diplomático que está jugado con la cruzada de Timerman contra Moreno. Para contrarrestar ese argumento, un empresario que acompañó a Moreno en las últimas dos giras señaló a LA NACION que «Timerman quedó como figura decorativa en las misiones diplomáticas y Moreno sabe que puede hacer negocios en un país sin un canciller al lado».

En esta guerra se batieron batallas grandes y también pequeñas, como la puja por ocupar un lugar en una foto, sentarse al lado de un canciller o llegar primero a un país, como ocurrió en Angola con la visita presidencial, donde Timerman hizo una avanzada previa a la de Moreno. O en el viaje a Azerbaiján, donde Moreno no pudo por protocolo saludar primero al canciller Elmar Mammadyarov.

La próxima batalla se librará en Vietnam. Moreno tiene previsto viajar allí la primera semana de octubre con un grupo de 200 empresarios para tratar de concretar negocios. Para ingresar allí no se respaldará en Timerman sino que se apoyará en los buenos oficios de Spadone y de un grupo de empresarios amigos.

En el Palacio San Martín recuerdan que el día en que Cristina Kirchner emitió el decreto para desmantelar la Secretaría de Comercio Exterior y darle mayor poder a Moreno en el plano internacional Timerman dijo: «A mí no me interesa el comercio internacional porque lo central es la política internacional». Por los hechos y la batalla que hoy está librando, al parecer el canciller ya no piensa lo mismo que en aquellos tiempos.

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