Convencido de que no llegarán fondos para invertir, la prioridad es aumentar la producción de combustibles
Por Francisco Olivera  | LA NACION
Una frase en privado de Miguel Galuccio, presidente de YPF, puede valer más que veinte comunicados de prensa que lo exhiban sonriente y con casco de la petrolera. La dijo hace pocos días entre íntimos, horas después de enterarse, por terceros, del decreto de intervención a la industria de los hidrocarburos confeccionado por el viceministro de Economía, Axel Kicillof. Me dinamitaron el plan, dijo, y expuso su disgusto dentro de la compañía.
Fue el último disparador para que el ex ingeniero de Schlumberger se pusiera a trabajar en lo que sus colaboradores llaman ahora, con ironía, “Plan Galuccio II”: no va a renunciar, pero le exigirá al Gobierno los fondos que supone no vendrán por ese decreto 1277 y se centrará en la única urgencia real que parece tener Cristina Kirchner, que es el aumento en la producción de combustibles.
Ese será su trabajo. Vaca Muerta, el yacimiento con que pretendía tentar a inversores y que acaso haya precipitado la decisión de expropiar YPF, es todavía una figura que se define a sí misma: imposible revivirla. Igual que el programa anunciado hace dos meses en el hotel Sheraton delante de la Presidenta y que consistía en poner en orden a YPF para obtener financiamiento en el mercado internacional de capitales.
¿Qué no habría dado cualquier analista petrolero por estar con Galuccio aquel día en que, irritado con ese decreto que regula precios, exportaciones y disponibilidad de divisas y crudo, se contactó con el ministro de Planificación, Julio De Vido? La respuesta de De Vido explica la interna en el Gobierno: le dijo que se lo reclamara a Kicillof.
Empezó entonces toda una puesta en escena del ingeniero. Se reunió con sus colaboradores y convocó al escribano de la empresa para redactar la renuncia. En realidad, no pensaba irse: en ningún lado es necesario hacerlo con escribano. Pero pretendía que el encuentro trascendiera. El tema llegó así a los medios, aunque fue negado por el escribano en una carta enviada al diario Clarín el fin de semana. “Galuccio no lo conoce, no vio al escribano en su vida”, reforzaron en YPF, donde agregaron que el CEO acaso desconocía el momento de publicación, pero no el contenido del decreto.
El segundo paso del petrolero fue hablar con Kicillof, a quien le transmitió además que, desde ese momento, y ante semejante señal de desconfianza hacia el mercado, cualquier aporte debería partir del Gobierno.
El viceministro aceptó el pedido y agregó una fuente de financiamiento: acuerdos con países que tengan control sobre sus recursos petroleros.
Es lo que se intentaba hacer la semana pasada con Pdvsa; a la reunión con el presidente de la petrolera venezolana fue De Vido pero no Galuccio, que había viajado a Santa Cruz a contactarse con proveedores y el gobernador Daniel Peralta. Tal vez si Débora Giorgi, ministra de Industria, no hubiera estado en ambos actos, YPF habría podido justificar la ausencia del ingeniero en la distancia con Río Gallegos. En algunas áreas del Gobierno son conscientes de los daños de la intervención. Y piensan ya en señales para revertir el escepticismo petrolero. Por ejemplo, un aumento del gas en boca de pozo destinado a centrales de electricidad, por ahora frenado luego de que lo publicara LA NACION.
Pero habrá que esforzarse para atraer capitales. Los cálculos que Galuccio hace en privado son bastante evidentes: anunció inversiones por 7000 millones de dólares anuales, pero cree que del fisco no podrán salir más de 4000 millones. ¿Qué ocurriría además con el resto de los fideicomisos que sostienen parte de la economía?, se preguntan a su lado.
De ahí que su prioridad haya virado hacia la producción de combustibles. A eso apuntará, por ejemplo, la ampliación de la refinería de Ensenada que YPF anunciará mañana, con la presencia de la presidenta Cristina Kirchner. Se apunta a aumentar la capacidad para producir gasoil, del que se importan 4,5 millones de metros cúbicos al año, mientras la demanda es de 16 millones.

EL MISMO FESTEJO, OTRA GENTE

¿Debería la Presidenta celebrar una vez más esos 348 millones de dólares de inversión anunciados ya hace tres años y desembolsados por Repsol y los Eskenazi? Todo ha cambiado bastante. El 22 de junio de 2009, día del anuncio original, petroleros malpensados acusaban a Eskenazi de haberlo hecho tres días antes de las elecciones legislativas para favorecer al Gobierno. “Haremos que funcione con nuestros amigos españoles, que son tan argentinos como nosotros, y nosotros, tan españoles como ellos”, dijo aquella vez Enrique Eskenazi, entonces vicepresidente de YPF.
Tal vez la Presidenta se lo vuelva a agradecer. Como lo hizo en ese acto. “Para reconstruir un país desde lo económico y lo social no basta -dijo-; hay que hacerlo además desde sus valores e identidades culturales y desde la pertenencia; por eso me gustó la palabra del ingeniero Eskenazi llamando a que los empresarios deben asumir el rol que les compete con optimismo, con fuerza y con responsabilidad para seguir generando riqueza. Debemos contribuir a esa articulación entre lo público y lo privado, que nos permita reconstruir el entramado económico de un país junto al entramado social y cultural con identidad y pertenencia. Hoy por eso quise estar aquí para agradecer esta inversión, que es apostar al trabajo y a la producción”.

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