POR JULIO ALGAÑARAZ, VATICANO, CORRESPONSAL/CLARÍN

Paolo Gabriele robó documentos de los apartamentos pontificios a los que tenía acceso. Encontraron un cheque de 100 mil euros enviado al pontífice.

Paolo Gabriele, el mayordomo infiel del Papa, fue enviado hoy a proceso penal con un presunto cómplice por el juez vaticano instructor Piero Bonet, que realizó la fase de investigación por el robo de documentos en los apartamentos pontificios.

“Paoletto”, como era llamado con afecto por el mismo Papa, de 46 años, fue acusado de hurto agravado y podría ser condenado hasta a cuatro años de prisión en el Estado vaticano, donde reside y posee la ciudadanía.

El cómplice que afrontará el proceso que se iniciará probablemente en octubre es aún desconocido para la opinión pública. Su nombre es Caudio Sciarpelletti y cumplía funciones de analista programador de la secretaría vaticano.

En una conferencia de prensa convocada por el portavoz pontificio, padre Federico Lombardi, se anunció que las investigaciones sobre la fuga de documentos continuará. “La clausura de la fase de instrucción es parcial”, dijo el jesuita Lombardi.

El portavoz anunció que los allanamientos de la casa de Paolo Gabriele, un apartamento cercano a la prisión del Palacio del Tribunal, detrás de la basílica de San Pedro, donde pasó 53 días desde su arresto, el 23 de mayo, permitió encontrar no solo documentos sustraídos en los apartamentos pontificios sino también un cheque por 100 mil euros a nombre del Papa, una pepita de oro y una preciosa edición de la Eneida de 1581. Los objetos y el cheque habían sido donados a Benedicto XVI.

Marido y padre de tres niños, ferviente católico y de reconocida discreción, Paoletto entró en la intimidad de la “familia pontificia”, que son los servidores más cercanos al pontífice junto con sus secretarios personales, en 2006, cuando se jubiló el mayordomo de Juan Pablo II. Habita con su familia y se encuentra allí bajo arresto domiciliario, en un apartamento vecino a la Gendarmería Pontificia, que dirigió la investigación de los casos de fugas de documentos, cartas difamatorias y otras cosas raras que son el resultado de las luchas de facciones internas del Vaticano.

Por esta razón los periodistas”vaticanistas” y otros observadores de la realidad vaticana se muestran escépticos con relación a los resultados de la investigación llevada a cabo en el caso del mayordomo infiel.

El Papa nombró una comisión de tres veteranos cardenales retirados, encabezados por el experto jurista Julian Herranz, un purpurado del Opus Dei, que convocaron en secreto a numerosos personajes para conversar en torno a los conflictos iternos y las deslealtades al Papa que culminaron en la fuga masiva de documentos.

Muchos no creen que el mayordomo infiel sea el único responsable de lo ocurrido y que haya robado todos los documentos sustraídos del Vaticano y no sólo de los apartamentos pontificios.

El abogado de Gabriele, Paolo Fusco, rechazó absolutamente la hipótesis de que “Paoletto” haya sido manipulado por potentes personajes de las cumbres de la Santa Sede, como muchos creen.

La explicación, un tanto frágil, del abogado del mayordomo infiel, fue que “Paoletto” quiso solo “ayudar” al pontífice, para “hacer más viva” a la Iglesia. En definitiva, fue “un acto de amor” al papa Joseph Ratzinger.

La agencia AFP señaló hoy en una crónica del caso que la tesis del abogado Fusco “es difícil de creer porque algunos documentos fueron sustraídos después del arresto del mayordomo”.

Los materiales documentarios fueron consignados a algunos periodistas y a otros sectores para que los hicieran públicos. Algunos de ellos no fueron robados de los archivos de los apartamentos pontificios –en el tercer piso del Palacio Apostólico vaticano-, o del escritorio de Benedicto XVI, sino de la mesa de trabajo de su secretario personal, monseñor Geor Gaenswein, alemán como el pontífice y hombre de su confianza personal. Algunos “vaticanistas” suponen que había tensiones de personajes cercanos al Papa por el poder creciente del secretario Gaenswein, a quien se quería perjudicar.

Si “Paoletto” es condenado a entre uno y seis años de prisión, el Papa podría utilizar su poder de gracia, que tiene como monarca absoluto del Vaticano. El mayordomo infiel ya le ha escrito pidiéndole su perdón. Pero Benedicto XVI podría acordarle un perdon personal, evangélico, sin consecuencias judiciales. O sea, está perdonado pero vaya preso. Eso fue lo que ocurrió con el turco Alí Mehmet Agcá, que atentó a balazos y casi mató a Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981. Agcá fue perdonado de inmediato por Karol Wojtyla, pero condenado a veinte años de cárcel por la justicia italiana.

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