La libertad que le otorgó un irresponsable de la justicia de Río Negro, a un feroz criminal alojado en la cárcel de Río Gallegos, nos sorprendió a los habitantes de esta ciudad y ahora nos enfurece. Por decisión arbitraria, irresponsable y condenable de alguien que está para proteger al ciudadano que paga su sueldo, impartiendo justicia, precisamente, manteniendo a un cuádruple asesino entre rejas, dejó libre a la bestia para experimentar entre nosotros, sus retardadas teorías de “readaptación”, a contrapelo, inclusive, del consejo reiterado que recibió de profesionales en psiquiatría. (Por:Rubén Lasagno)

La bestia, que se paseaba por las calles de Río Gallegos, entrando al Complejo Cultural de la ciudad “para hacer teatro”, tiene en su haber la violación, tortura y muerte de 3 mujeres jóvenes en Cipolletti (Río Negro) en 1997; ellas eran Paula (17) y María Emilia González (24) y Verónica Villar (22). A los 12 años baleó la casa de un compañero de escuela porque no quisieron jugar con él. Tres años después raptó a una chica en La Plata, a quien encontraron a tiempo, antes que la dañara y en 1993, con 20 años fue principal sospechoso como ejecutor del homicidio de Janet Opazo y heridas a una amiga, crimen que nunca fue resuelto.

A esta escoria, de nombre Claudio Kielmasz, el juez de Ejecución Penal de General Roca, Juan Pablo Chirinos, lo autorizó a realizar salidas “culturales” desde la Unidad Penitenciaria Nº 15 de Río Gallegos, para que “realice teatro”, aún contra la voluntad del Fiscal de Cámara de esa ciudad rionegrina, Edgardo Rodríguez Trejo

Cinco profesionales de la salud mental que venimos de distintas escuelas, que no trabajamos juntos ni nos conocemos, opinamos muy parecido, acerca de Kielmasz. Es alguien muy peligroso, que tiene grandes posibilidades de reincidir y que tiene, además, un profundo odio hacia las mujeres, un odio que comienza en una conflictiva relación con su madre. Pero no es un odio exaltado sino frío, meticuloso y planificado”, le dijo a Clarín el psiquiatra Luis Digiacomo, quien entrevistó a Kielmasz para establecer su estado mental. “Hay una extrema peligrosidad en él y altísimas posibilidades de reincidencia”, remarcó el especialista.

Lo curioso es que el propio Chirinos, en 2010, le había negado a Kielmasz salidas transitorias del penal U-9 de Neuquén – donde se encontraba entonces – haciendo caso a la opinión de los peritos psiquiátricos que lo definieron al recluso como un psicópata irrecuperable . No obstante, el magistrado había adelantado en ese fallo que esto no implicaba “que a futuro se tome la misma medida”, indica el medio.

Pero el bueno de Chirinos, decidió utilizar a Río Gallegos, en Santa Cruz, como banco de prueba del experimento de resocialización del asesino múltiple, habida cuenta de que al menos sus hijas están lo suficientemente lejos como para correr peligro de que este depravado pueda atacarlas. Está claro que al abogado le encanta ser solidario con la tranquilidad de esta gente de confín y no le tembló el pulso para firmar las “salidas culturales” de este verdadero Dr Jeckill que debiera estar recluido de por vida tras las rejas, para preservar a la sociedad honesta y trabajadora de su aberrante presencia.

En un momento histórico del país donde la inseguridad figura al tope de la preocupación ciudadana, aparecen estas decisiones de un Juez que juega a ser Dios y se hace dueño de la vida y la libertad de todos nosotros, poniéndonos como cobayos de un experimento cuyo resultado puede preverse, pero que él solo ve a través del cristal político, porque hoy es “progre” y “cool” dejar libre a los asesinos y encarcelar al hombre común, que debe encerrarse en su casa, para que no lo maten (y ni aún así lo consigue).

Claro está, que no podemos pedirle peras al olmo, como decían nuestros abuelos; pues, si desde el mismo poder político se reclutan asesinos múltiples, violadores y criminales de toda laya, para formar un “batallón militante” y justificar lo injustificable mediante el mal uso del mecanismo de reinserción social de los penados, cómo pedirle a un ignoto Juez, que sea absolutamente conciente de la maldad que nos planta en nuestra ciudad, dejándonos a merced de una bestia de este calibre?.

Lejos están los organismos de control de los Jueces, del Consejo de la Magistratura y del mismo Poder Judicial, en rectificar estas decisiones, que contradicen los derechos humanos que tanto se pregonan, poniendo límites a Jueces como Kielmasz y castigándolos como se merecen expulsándolos de la Justicia.

Como sucede normalmente en la Argentina, cuando este criminal reincida, mate, viole y torture, comenzarán a rasgarse las vestiduras los políticos, a mirarse entre sí los responsables involucrados y a desparramar litros de tintas los periodistas, sobre declaraciones de lo que “podría haber sido”, pero no fue. Ya será tarde, como la decisión del Juez que aplicó la figura del “avenimiento”, en el criminal de General Pico, habrá muertos y otros Jueces sin idoneidad para cumplir con sus obligaciones, repetirán el error y dejarán criminales entre nosotros, alimentando la inseguridad, como en este caso. Es obvio: en un país donde no hay justicia, aún entre los jueces, no tenemos oportunidades.

Mientras tanto, desde el poder político, juegan a revisionistas baratos de la historia, desgarrados por los derechos humanos que se violaron hace 40 años y despreciando el de todos los que vivimos el presente. (Agencia OPI Santa Cruz)

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