El nuevo texto habilitará a los futuros cónyuges a resguardar su patrimonio personal y separarlo de la sociedad conyugal; quiénes serán los más favorecidos; alcances y limitaciones de la iniciativa

Por Valeria Vera  | LA NACION

No habrá que jugar a ser Sandra Bullock, Britney Spears o Paul McCartney para resguardar la fortuna. Tampoco será necesario codearse con la realeza ni vivir en Europa para proteger lo propio. Para salir airoso de la ruptura, bastará con que la pareja acuerde cómo repartirá los bienes en caso de divorcio, algo que por ahora no se encuentra permitido en la legislación argentina.

La novedad llega de la mano de la reforma del Código Civil y Comercial, que contempla, entre sus principales cambios, la posibilidad de realizar contratos prenupciales para que cada integrante pueda mantener separado de la sociedad conyugal su patrimonio individual, si así lo desea.

Por el momento, esta alternativa, que será opcional, no tiene validez en el país, aunque se trata de un recurso vigente en gran parte del mundo. Hoy, el único régimen admitido aquí es el de bienes gananciales, que divide en partes iguales lo adquirido durante el matrimonio cuando finaliza la unión.

“LO MÍO ES MÍO Y LO TUYO ES TUYO”

Para evitar dolores de cabeza innecesarios o visitas recurrentes a la Justicia, los futuros cónyuges podrán determinar cómo dividirán los bienes en caso de que el amor se termine. “Esto implica que cada una de las partes sale de la relación con lo mismo con lo que entró y que hizo constar en la convención”, precisó a LA NACION la abogada Adriana Martínez Bedini, especialista en derecho de familia y asesora de la vicejefa de gobierno porteño, María Eugenia Vidal.

“Estos convenios podrán contener las propiedades poseídas individualmente (casas, negocios, activos familiares, acciones y bonos, vehículos, cuentas de ahorros o deudas) y especificar la pertenencia y la administración de los mismos a la hora de disolver el vínculo”, detalló.

Para hacerse efectivos, según puntualizó a este medio Marisa Herrera, profesora de la UBA e investigadora del Conicet, “deben ser realizados por escritura pública antes de la celebración del matrimonio y en tanto el matrimonio no haya sido anulado”. Fuera de esta vía legal, los acuerdos que establezca la pareja en su cotidianeidad carecerán de valor jurídico.

Eventualmente, los cónyuges podrán arrepentirse y volver a regirse por el sistema de gananciales. La única condición será que tramiten el cambio un año después de haber celebrado la unión. De lo contrario, si nada se dice al momento de casarse -aclaró Herrera- se aplicará el régimen actual, que es el único forzoso que regula el código aún vigente.

“Nadie obligará a hacerlo. Sólo lo hará la pareja si le resulta más conveniente a sus intereses”, insistió a LA NACION Graciela Medina, camarista federal civil y comercial y colaboradora en el texto de la reforma en lo que respecta al régimen patrimonial del matrimonio.

LOS MÁS BENEFICIADOS

Los especialistas consultados por este medio coincidieron en anticipar que la reforma impulsada tendrá relevancia, sobre todo, en segundas y terceras nupcias y en aquellos casos en que los ingresos entre los futuros cónyuges sean desproporcionados, porque ofrece “la libertad de pactar” en situaciones que pueden tornarse delicadas.

 

 

 
Eventualmente, los cónyuges podrán arrepentirse y volver al sistema de gananciales. Foto: Archivo 

 

 

“Este tipo de contratos favorecerán a quienes tengan bienes propios, ya sean provenientes de un divorcio anterior o recibidos por herencia, y quieran alterar el sistema de ganancialidad de los frutos. También le va a convenir a aquellos profesionales, deportistas o empresarios que consideren que, por su actividad personalísima, son los únicos generadores del dinero y no acepten que sus cónyuges se beneficien pasivamente por el sólo hecho de haber dado el sí en el registro civil”, expuso a LA NACION la abogada Ana Rosenfeld, experta en divorcios y una de las voces más temidas dentro del ámbito del espectáculo.

La letrada reconoció que este aspecto traerá serias consecuencias para el ama de casa o mujer que elija ser madre y no trabajar, ya que el marido (el generador de los ingresos) podrá decidir no compartir con ella sus ganancias. “Es algo muy delicado porque nuestra sociedad aún no está preparada para aceptar que el ama de casa o la mujer que se ocupa del cuidado del hogar y los hijos no tenga derechos patrimoniales en caso de divorcio. De aprobarse la reforma, el amor va a tener el precio del capital con un porcentaje de interés”, subrayó Rosenfeld.

“Múltiples pueden ser los motivos por los que se desee establecer un régimen que no sea el de gananciales y no se advierte por qué prohibirlo. No obstante, debe primar la libertad entre los casados para no caer en el absurdo de que exista más libertad en lo personal que en lo patrimonial”, sintetizó Medina al reflexionar sobre los alcances y las limitaciones de la propuesta que hoy avanza en el Senado..

Rupturas sorpresivas. La actualización del Código Civil retoma, además, la idea de que los novios no pueden exigir el cumplimiento de la promesa de matrimonio o algún tipo de resarcimiento derivado de la ruptura porque interviene en esta materia la libertad de casarse o no hacerlo. Sólo están obligados a actuar de buena fe y sin abuso del derecho.

En definitiva, el texto entiende que el dolor es afectivo, no jurídico – según esbozó Herrera- por lo que la pareja “no se debe nada”, aunque existan algunas excepciones que terminan resolviéndose en los tribunales.

En el caso de que hayan adquirido bienes comunes, previos al casamiento, deben dividirlos por mitades o devolverlos a quien los pagó si fueran comprados por uno sólo de los novios. Si se trata de “donaciones condicionales” (los bienes que llevan como condición implícita que se realice el matrimonio), como ocurre con las joyas, deben ser restituidas a la familia a la que pertenecen. Lo mismo sucede con los regalos que realizan los terceros con la expectativa de una futura boda entre la pareja.

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