Por Daniel Gallo  | LA NACION

Es un hombre de acción formado en el nacionalismo territorial militar. Sergio Bernifue el hombre que atrajo a los piqueteros a encolumnarse detrás del oficialismo. Pragmático para sumar voluntades y con fondos necesarios para desactivar protestas, resultó uno de esos funcionarios que se hacen fuertes en las oscuras trastiendas de todo gobierno. Sólo el mundo político conoce la importancia del armador Juan Carlos Mazzón en el proyecto kirchnerista, superior en peso interno que cualquier ministro. La comparación vale para Berni en su campo específico: la calle.

Con 50 años, médico incorporado en el cuerpo profesional del Ejército, Berni cuenta con el grado de teniente coronel. Su situación dentro de la fuerza es confusa, ya que la ley 19.101 determina un corto período posible de licencia extraordinaria para ser destinado en cargo del Poder Ejecutivo sin pasar a retiro. Ese permiso para Berni fue otorgado en 2003. Queda en un puesto intermedio entre el servicio activo -y la portación de uniforme- y el retiro.

De todas maneras, la actividad castrense no parece ser prioritaria para el ahora secretario de Seguridad. Su aspiración política es ser intendente de Zárate. Intentó ubicarse en la carrera de 2011, pero aceptó finalmente un lugar entre los diputados bonaerenses. La fuerte exposición pública que tiene en las últimas semanas puede ayudarlo en su instalación como candidato a intendente.

Conoció a los Kirchner a fines de los 80, cuando cumplía funciones de médico militar. Un oficial medio tiene escaso peso relativo dentro del Edificio Libertador, pero en las provincias se transforma en miembro del colectivo social de élite. Su destino era el regimiento de Rospentek, que no es precisamente un lugar de premio dentro de la carrera. Algunos lo señalan como simpatizante carapintada.

Quedó asociado a Néstor Kirchner, que lo puso al frente del hospital de Río Turbio. En una situación poco clara se acercó a los mineros durante una protesta y fue señalado como hombre que reportaba a las autoridades lo que sucedía en la mina. En Santa Cruz le compró varias hectáreas al estado.

La confianza con los Kirchner es extrema. Por eso la Presidenta lo envió como su representante al área de Seguridad, donde la interna con la ministra Nilda Garré ya forma parte del folklore. Ya había actuado en esa función en el parque Indoamericano.

Y este año quedó en primer plano con varias acciones, siempre con su pañuelo de paracaidista militar al cuello.

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