Desde La Cámpora, impulsa el futuro del cristinismo, pero también barre con los que no se encolumnan. La tensión con Peralta.

“Máximo está digitando el derrumbe de Peralta”, sintetiza un legislador de Santa Cruz. Es que el hijo de la Presidenta es el encargado de vaciar de poder al gobernador, que rompió para siempre con las recetas K en diciembre pasado, cuando intentó aprobar un plan de ajuste y reprimió a manifestantes.
Ahora, Máximo se convirtió en el interventor de una provincia donde el kirchnerismo dejó de ser bien recibido: es el arquitecto oficial que adoctrina a aquellos díscolos que no siguen las máximas “del modelo”. Llegó hace dos semanas para, desde allí, comandar a la brigada de La Cámpora contra Peralta.
Pero Máximo no sólo ordena aquellos distritos díscolos sino que también impulsa, desde La Cámpora, la renovación y la “eternización” del cristinismo más puro desde Unidos y Organizados, un movimiento con varias organizaciones pero con mucho peso de la organización que comanda él, que ayudará a garantizar el armado necesario para sostener los años que faltan hasta 2015.

Santa Cruz. El caso de Peralta es distinto al de Scioli porque no se encolumnó con “el modelo” y salió a criticarlo. “La Cámpora y yo no estamos en el mismo espacio”, dijo la semana pasada el mandatario. Abiertamente desafió el poder presidencial. En la Casa Rosada, un funcionario analizó: “Peralta no tiene alma de político sino de sindicalista, y va a combatir sin victimizarse”. “El problema –agregó– es que si no tiene para pagar los sueldos no va a tener con qué combatir”, proyectó.
Fuentes cercanas al oficialismo santacruceño dicen que a Peralta ni siquiera lo está viendo bien la gente. Es decir, tiene un gran vacío de poder y una falta de recursos que lo agobia: el déficit de Santa Cruz ronda los $ 2.600 millones.
Habría que preguntarse si fueron lícitos los cuestionamientos oficiales al cacerolazo del jueves pasado (de derecha y no representativo), cuando Máximo busca desde La Cámpora terminar con la continuidad del gobierno de Peralta, según legisladores provinciales y funcionarios de la Gobernación.
En octubre del año pasado, Cristina le sacó a Peralta una diferencia de 23 puntos. Ella pasó los 74 y él apenas los 51. “Para ella, todos los que están contra ella son destituyentes pero acá tienen antecedentes de ser ellos los destituyentes: Cristina votó contra Del Val (ex gobernador) para destituirlo, y luego se cargaron a (Sergio) Acevedo y Carlos Sancho”, explicó Héctor Roquel, diputado radical y ex intendente de Río Gallegos.
“Mientras se extiende el conflicto político, el que ‘gana’ es Peralta, que toma relevancia en los medios nacionales. Pero al mismo tiempo se le achican los tiempos económicos, y es ahí donde Peralta pierde”, analizó en diálogo con PERFIL un funcionario nacional. El gobernador llegó después de la renuncia de Carlos Sancho, agobiado por la crisis económica. Lo colocó allí Néstor Kirchner. El estaba como interventor en el Yacimiento de Río Turbio. Pero sus gestos de autonomía no gustaron nunca en la Casa Rosada.
Máximo es el que ahora lo acorrala. Lo único que puede salvarlo es que a último momento la Presidenta decida que Peralta no se caiga y le gire fondos. Pero eso no le saldrá gratis al gobernador: tendrá que resignar lugares en el gabinete.
Hay que recordar que si Peralta renuncia, quien queda a cargo es Fernando Cotillo, el vice, un aliado incondicional de La Cámpora. Con fondos y poder político, los camporistas llegarían así a controlar una provincia, algo que en 2015 quizá sea más común, porque se promoverán candidatos en las provincias.
Cristina Kirchner, que impulsa el ascenso de la juventud al poder, cuenta con Máximo como gran articulador: es el que barre con lo que al kirchnerismo no le gusta y el que ayudará a reemplazarlo por lo que sí le agrada.
FUENTE: PERFIL

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