La candidatura de Alicia Kirchner no levanta y en el Gobierno ya evalúan otras alternativas. La elección bonaerense es clave para mantener abierta la expectativa de una reforma constitucional.

La semana siguiente a los cacerolazos, Cristina Kirchner bajó el tono de su retórica, un gesto que fue recibido con alivio en muchos despachos oficiales preocupados por el declive de la imagen presidencial desde la victoria aplastante del año pasado y más aún porque la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, a quien todos señalan como segura candidata a diputada bonaerense, no logra levantar vuelo suficiente para garantizar una victoria holgada como la que necesita el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires.

Dos encuestas a las que tuvo acceso Clarín,muestran una pronunciada caída de la imagen de la Presidenta. Según la última medición de Management &Fit, en agosto Cristina registróuna imagen negativa del 58,4 por ciento y positiva de 35,4 . La medición de Isonomía realizada a comienzos de este mes ubica a Cristina con 51,6 de imagen positiva y 46,1 de negativa.

En las mismas encuestas, a Alicia Kirchner tampoco le sonríen los números. En la de M&Fit la ministra de Desarrollo Social cosecha un 22,9 por ciento de imagen buena y muy buena, un 33,3% regular, un 25,2% mala. En la de Isonomía, tiene 46% de imagen positiva y 38% de negativa.

Esos números no alcanzan para sostener el sueño del kirchnerismo de obtener una victoria amplia en las legislativas que lo acerque a los dos tercios de las bancas necesarios para sostener viva la iniciativa de una reforma constitucional que abra las puertas a una re-reelección presidencial.

Con pronósticos negativos para el oficialismo en los principales distritos electorales del país, la provincia de Buenos Aires, otra vez, resultará clave.

A partir de los datos de las últimas encuestas, Cristina ya había ordenado frenar la confrontación con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, para tenerlo como aliado en las próximas elecciones legislativas.

Desde el entorno del gobernador reconocieron a Clarín que en las últimas semanas se incrementaron los contactos entre los funcionarios del Gobierno nacional y los bonaerenses. De todos modos, el gobernador, que pese a todo mantiene mejor imagen que la Presidenta, resiste los tironeos propios y ajenos y aguanta. Jura que no aportará su nombre ni el de su esposa a la boleta nacional pero peleará por las bancas para la legislatura provincial para garantizar su gobernabilidad.

El cristinismo en ascenso confía en que una economía más desahogada permitirá más planes y obras en los barrios y una recuperación de la imagen de Cristina en 2013. “Ella se pondrá al frente de la campaña y la elección se convertirá en un plebiscito sobre su gestión, aunque no sea la candidata”, aseguró un hombre de confianza de la Presidenta.

Otros, sin embargo, ya comenzaron a explorar algunas otras alternativas. Y enseguida pensaron en el intendente de Tigre, Sergio Massa, bien ubicado en todas las encuestas. Pero lo cierto es que el intendente de Tigre toma cada vez más distancia del Gobierno.

En ese escenario, en algunos despachos oficiales volvieron a sobrevolar los fantasmas de la derrota electoral de 2009, con el propio Néstor Kirchner como candidato bonaerense. La ventaja que parece tener esta vez el oficialismo es que, por lo menos por ahora, la oposición no consigue acordar una estrategia común.

El rechazo de Gabriela Michetti a la candidatura bonaerense, los cortocircuitos entre Mauricio Macri y Francisco De Narváez podrían allanarle el camino al kirchnerismo aún con sus dificultades. Por eso, mientras buscan una alternativa para afianzar a Alicia en la Provincia, apuestan a las divisiones opositoras.

FUENTE: CLARÍN

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