El martes, cuando volvió de la ONU, Cristina vio desde su auto a los manifestantes.

Mientras todavía quedaban manifestantes en la puerta del Hotel Mandarin de Nueva York, la comitiva argentina estaba nerviosa.

“La doctora está muy enojada. Dice que estas cosas se podrían haber evitado” , le confirmó a Clarín , en el lobby del hotel, una fuente con acceso irrestricto a la Quinta de Olivos. “La doctora” es la presidenta de la Nación. Según agregó la misma fuente, el enojo de Cristina apuntó directamente al canciller, Héctor Timerman, y al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina . El único que quedó a salvo de los enojos presidenciales fue el embajador argentino en Estados Unidos, Jorge Argüello. El martes, los vehículos oficiales utilizados por la delegación argentina entraron al hotel por una puerta accesoria, pero pasaron frente al cacerolazo que se realizaba en la entrada al Mandarin. Nadie se dio cuenta, pero la Presidenta fue testigo de las 200 personas que pedían “una Argentina sin Cristina” .

“El enojo con Abal Medina es porque Cristina está convencida de que sin sus declaraciones (sobre la protesta en Buenos Aires del 13 de septiembre) el cacerolazo en Nueva York no se hacía”, agregaron desde la delegación argentina.

Desde que la comitiva llegó a suelo norteamericano, los dolores de cabeza fueron en aumento. Primero fue la protesta, luego la repercusión que tuvieron las charlas con jóvenes estudiantes: la de ayer en Georgetown y la que se hará hoy en Boston. “Se manejó mal la organización de ambos encuentros. Se generó mucho ruido negativo.

Algo que se suponía que debía ser para que la Presidenta se luciera se terminó transformado en un examen de alumnos universitarios a una jefa de Estado ”, explicaron a este diario desde la delegación argentina. Cristina llegó al punto de pedir la suspensión de la charla que se dará hoy en Harvard, pero fue el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, el que logró convencer a la Presidenta.

fuente: clarìn

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