22 octubre, 2020

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Urtubey sigue intentado convertir a El Tribuno en su principal opositor

Urtubey sigue intentado convertir a El Tribuno en su principal opositor

 

Otro caso de torturas en el mismo tiempo y el mismo lugar

 

FRANCISCO SOTELO

JEFE DE REDACCIÓN/EL TRIBUNO

 

Una vez más, desatinadas opiniones del gobernador Juan Manuel Urtubey vuelven a colocar a El Tribuno en la necesidad de responderle, ya que intenta asignar a este diario un lugar que no tiene: el de opositor.
Pasados casi cinco años desde que asumió como gobernador, Urtubey ya debería dejar de buscar las culpas de sus problemas en el pasado o fuera de su gobierno. En lugar de agraviar a El Tribuno con acusaciones insostenibles, tendría que pensar cuáles son las respuestas que espera de él la ciudadanía salteña.
Quien llega al poder puede optar entre hacer un buen gobierno o tratar de hacer creer a la gente de que el suyo es un buen gobierno. Urtubey, quizá porque se siente impotente, optó por lo segundo. En otras palabras, reemplazó la verdad por el “relato”. Por el marketing.

El caso Buabse

En esta ocasión, el detonante fue un documento emitido por el Cuerpo de Investigadores Fiscales donde se evidencia que una pericia fue realizada por personal no calificado, sin que se reunieran las condiciones de privacidad y de respeto por los derechos del menor y que fue rubricado por la directora del CIF, Gabriela Buabse. No hay en el escrito firma de psicóloga alguna, contrariamente a lo que dijo ayer el gobernador.
El documento publicado es de interés público, porque es de interés público que un abusador esté manejando un transporte escolar un año después de haber sido denunciado por los padres de las víctimas. El gobernador fue el único que salió en defensa del contenido aberrante de ese escrito, probablemente para resguardar la postulación de Buabse como fiscal. Utilizó una fraseología insostenible frente a la lectura del texto. Pero de paso acusó a El Tribuno de haberlo publicado para defender los intereses políticos del exgobernador Juan Carlos Romero.
¿Qué tiene que ver Romero en un documento mal hecho por la desde anoche flamante fiscal Buabse?
El ciudadano tiene derecho a preguntarse por qué, cada vez que siente que su imagen se derrumba por errores en su gestión el gobernador Urtubey se obsesiona con la figura de su antecesor.

 Un error propio

El problema de Urtubey no es Romero. Un gobernante puede tener aciertos y errores, pero ni unos ni otros dependen de los demás.
En este caso el error está en la distorsión de la Procuración General, que incluye una discutible reforma al Código Procesal. El funcionario que Urtubey puso al frente de ese órgano, Pablo López Viñals, considera que la misión de los fiscales no es la de actuar como un cuerpo de profesionales idóneos, nombrados con acuerdo parlamentario, sino la de convertirse en una organización política, sometida a los caprichos de un jefe despótico. Los derechos de los ciudadanos, en un segundo plano. Convertida en una “orga” dependiente del Poder Ejecutivo, la Procuración funciona como un contrapoder frente al Poder Judicial.
El informe que hoy escandaliza a Salta y al país es una muestra de los males de origen de una Procuración que no funciona y que se aleja, gravemente, del sentido republicano de la universalidad de la Ley y de la división de los poderes del Estado.
 La obsesión

El gobernador Urtubey, ante cada traspié, siempre acusa a El Tribuno. Lo hizo cuando, el verano de 2011, se produjo una crisis alimentaria que costó la vida a 14 niños de comunidades rurales del Norte salteño. En ese momento, algunos funcionarios adoptaron actitudes canallescas contra el diario, pero cuando se serenaron y admitieron que el ministerio de Salud no había tomado ninguna estrategia preventiva, cambiaron de ministro y de política y la crisis ya no se repitió.
Urtubey llegó a acusar a El Tribuno de “apoyar a los narcotraficantes” cuando se publicó, en medio del escándalo de los narco policías, que uno de los detenidos había sido torturado. Pocos meses después, el juez Julio Bavio procesó a dos de los torturadores.
En julio de 2011, a través de un comunicado policial, el Gobierno acusó a El Tribuno de apoyar a los criminales porque publicó que en el interior de la provincia no había patrulleros. Pero en simultáneo, anunciaron la licitación de 290 unidades, con lo que confirmaron la información del diario. Lamentablemente, un año más tarde, siguen faltando patrulleros.
La mentira tiene patas cortas. Sumamente cortas. Un diario publica lo que la realidad muestra.
La inseguridad es un planteo dramático de la sociedad. Cuando El Tribuno publica que en la frontera norte hay un fuerte avance de los carteles de la droga y que Salvador Mazza y Aguas Blancas están libradas a su suerte, los crímenes mafiosos, lamentablemente, se ocupan de ratificarlo. Lo mismo ocurre con el desempleo, la pobreza, el deterioro de las rutas, las falencias del transporte, la crisis habitacional y la proliferación de asentamientos precarios. Para Urtubey, el problema está en que El Tribuno lo publique. Para los ciudadanos, el problema está en que esas cosas ocurran.
Agravios obsesivos

La paranoia es la sensación angustiante de estar siendo perseguido por fuerzas incontrolables. Cada agravio de Urtubey contra el diario hace pensar que se siente víctima de una persecución inexistente. El caso del informe del CIF lo demuestra: el gobernador afirma que la publicación de un documento -lapidario e indefendible- no se debe sino a una maniobra del ex gobernador Juan Carlos Romero.

¿Cuál es el poder que Urtubey asigna a su antecesor al que él mismo convierte en su pesadilla?

Como opinaron al unísono miles de lectores, “el informe lo hizo Buabse”.

Esta pesadilla inventada está a la base de la campaña política basada en una persecución judicial, incompatible con la división republicana de poderes, y de desprestigio que el mismo gobernador explicita en cada aparición suya, junto con algunos ministros que lo secundan en la estrategia.

Por eso Urtubey eligió a El Tribuno para confrontar. Se equivoca. La gente espera que él gobierne bien y que nosotros informemos.

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