24 octubre, 2020

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Twitter, una revolución poética

La plataforma mezcla realidad y ficción. Es saturación y exceso, pero también puede ser un espacio fértil y dinámico para la renovación del lenguaje poético.

POR EMMANUEL TAUB/REVISTA Ñ

MUNDO Y LENGUAJE. Twitter reconstruye un lenguaje que permite una renovación de la expresión poética. Paul Valéry escribió en uno de sus famosos Cuadernos que la poesía es supervivencia, y que por ello “en una época en la que el lenguaje se simplifica, en que las formas se desatienden y adulteran, en unos tiempos de especialización, la poesía es algo preservado”. De esta manera, vaticinaba que “hoy en día no se inventaría el verso”.

Es cierto que la poesía, como una búsqueda de lenguaje y como género literario, ha perdido con el tiempo su centralidad e interés generalizado. Sin embargo, y más allá de la posibilidad de reinventar la poesía moderna a través de las nuevas tecnologías, podemos postular –recuperando el postulado del autor del cementerio marino– que si bien hoy no se vuelve a inventar la poesía, las posibilidades que Twitter le da al lenguaje poético nos exige pensar qué clase de lenguaje es el que recupera o sobrevive en esta plataforma, y cuál es su alcance.

Twitter no es amigo del silencio. En Twitter siempre es posible decir, aunque no haya lo qué decir: no se requiere una pretensión ni una búsqueda estética, siempre hay una excusa para tuitear. El silencio, en cambio, es un estado de desaparición allí. El silencio en Twitter constituye un espacio vacío, un agujero negro en el que cientos de expresiones de lenguaje se superponen. Pero esto no significa simplemente un vacío del lenguaje, sino que su efectividad y belleza se juega en esa perversión creadora: es una experiencia temporal que presiona en el espacio, y hasta se transforma en archivo. Es saturación y exceso, pero al mismo tiempo, se construye sobre la base de la simplicidad numérica de la palabra. Twitter juega con la multidimensionalidad y la expresión del lenguaje, allí encuentra nuevos límites y crea sus propias normas. No es sólo una cuestión temporal sobre aquello que se lee en tiempo real, en donde los 140 caracteres aparecen y desaparecen continuamente, sino que también se va construyendo una memoria, frágil, como un castillo de naipes.

Twitter es un archivo que puede ser destruido en el instante que se produce la eliminación del tuit, pero al mismo tiempo constituye una revolución del aquí y ahora que abre las posibilidades del lenguaje poético y del intercambio. Twitter enfrenta el lenguaje poético y su pretensión de trascendencia, a una plataforma que se construye sobre lo efímero del aquí ahora y de la inmediatez. Una palabra que pasa y deja de estar frente a la pantalla, para ir cayendo en un archivo quebradizo que con el tiempo se va perdiendo dentro del universo ciberespacial.

Mundo y lenguaje

La poesía traduce el mundo en lenguaje y lo transforma. Tiene una pretensión de trascendencia, y construye simulacros de eternidad. Se abre al mundo a través de los sentidos como un gesto que violenta el mundo intraducible y lo cambia de lugar: dándole una palabra, abriéndolo al lenguaje. Es por ello que la palabra poética está en continua búsqueda del espíritu de ese mundo para obligarlo a mostrarse y arrancarle las máscaras. La poesía hace de la realidad un estado: lo toma y lo transforma, lo da vuelta, lo cambia. No se interesa por la realidad como realidad misma, sino como la máscara del mundo que es necesario descubrir; y al dejar caer esa máscara se conquista el silencio y lo desconocido de un lenguaje que nos es ajeno. La tarea de la poesía es iluminarlo, hacer que el mundo se nos abra.

Entonces, ¿Twitter es poesía? No, Twitter reconstruye un lenguaje que permite una renovación de la expresión poética, sobre la base de lo inmediato y conciso, un acto que genera en un segundo una sensación que obliga a marcar o retuitear esas palabras. Y si la poesía se convierte en ese acto-acción que conmueve o moviliza a través de un tuit, entonces Twitter multiplica y se sostiene sobre el efecto: solamente aquello que produce, ese “algo” en quien lo lee, podrá alargar su vida del micro-poema en el mundo de la web. Es cuestión de retuit.

La poesía es supervivencia y lo que está en juego es un modo de renovar el lenguaje poético en una nueva dimensión del lenguaje. Y ante el agotamiento de la tradición poética del libro, Twitter fuerza la lectura, revitalizando una expresión sintética y violenta. La violencia de quienes arrancan del silencio la palabra.

En el prólogo a su libro de prólogos ficticios, Magnitud imaginaria, el escritor polaco Stanislaw Lem imagina el exceso de palabras como una monstruosidad en donde por momentos la belleza termina aplastando lo bello, y la verdad lo verdadero, “porque la voz de un millón de Shakespeares provocaría el mismo infernal estruendo que el de una manada de búfalos en la estepa, o el de embravecidas olas en el mar”, nos dice. A pesar de esta magnífica imagen que para el ficticio prologuista, tan borgeano, se presentaba evidentemente con un carácter negativo, debemos decir que al contrario, esta metáfora para el mundo poético de Twitter es una descripción afinada de su realidad monstruosamente creadora: el exceso y el caos evidencian la posibilidad de una escritura poética despojada de viejas normas. La plataforma vive del exceso y el desorden, que sin embargo de alguna manera –como ya fuera bien analizado por la teoría del caos– se va acomodando a un orden dado por esa espacialidad que presiona lo temporal. Ya desde la misma lógica de Twitter el eje dado por los caracteres que son su límite exige una escritura simple y ágil que permita llevar la búsqueda poética hacia aquel espacio.

En un primer momento podríamos señalar el parentesco de la plataforma y sus modos de escritura a la técnica japonesa del Haiku, esa forma poética conformada por versos de 5-7-5 sílabas que se introdujo con la modernidad renovando la antigua poesía nipona. Pero a pesar de la semejanza en la forma, Twitter no inventa un lenguaje poético sino que expone la supervivencia de la poesía a los tiempos futuros, la introduce en un torbellino evolutivo que le permite una nueva dimensión, en un movimiento que la distancia del pasado.

Twitter mezcla realidades, ficciones y múltiples identidades en un lenguaje dinámico, generando un atractivo incomparable frente a otras ya viejas plataformas. Hoy en día, hasta el blog tradicional parece una taza de porcelana de un viejo anticuario. La inmediatez y el juego en una temporalidad continua que vive el presente, son las armas de defensa y las exigencias impuestas al lenguaje poético tuitero. De esta manera, Twitter encontró aquello que representa y atrae a las identidades de nuestro siglo: inmediatez, puro presente, y la posibilidad de un lenguaje poético fragmentario, volátil, hasta salvaje y despojado. Allí la escritura poética se ha adaptado a estas nuevas reglas de juego: hay que decir, mostrar, subir, estar presente, hacer del vacío una presencia y del instante un golpe de puño en el rostro.

La poesía es supervivencia, se transforma y adapta a los avatares de la historia, a los nuevos tiempos y tecnologías. Y, aunque ya nada se vuelva a inventar en forma de verso, el lenguaje poético logra refundarse y renovar sus búsquedas. Twitter se ha convertido en el territorio de su refundación. Por lo menos, hasta que la poesía vuelva a caer en el olvido.

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