21 octubre, 2020

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Misa de Domingo de Ramos: El Papa Francisco condenó “la corrupción y la sed de poder”

Ante la multitud en Plaza San Pedro, el pontífice argentino denunció la sed de dinero y la corrupción y dijo que “la mortaja no tiene bolsillos”. Llamó a los jóvenes “para no dejarse robar la esperanza”.
 EL VATICANO. ENVIADO ESPECIAL – 25/03/13

Una imponente multitud jubilosa, estimada en 250 mil personas, acudió ayer a la plaza de San Pedro para participar de la misa de Domingo de Ramos, con la que la Iglesia inicia las ceremonias de la Semana Santa, que presidió el Papa Francisco. La masiva concurrencia, entre las que se contaban muchos argentinos emocionados con banderas celestes y blancas, confirmó el entusiasmo que despierta el pontífice argentino, con sus gestos de sencillez, cercanía y definiciones contundentes. De hecho, en su homilía, interrumpida varias veces por cerrados aplausos, Francisco condenó la corrupción en el mundo actual y “la suciedad” dentro de la propia Iglesia Católica.

Un día espléndido -después de dos semanas casi ininterrumpidas de lluvia y frío- favoreció la asistencia de los fieles, muchos de ellos portando los ramos de olivos, que caracterizan el Domingo de Ramos, que evoca el ingreso triunfal de Jesús en Jerusalén antes de ser enjuiciado, condenado y ejecutado en la cruz.

El oficio se inició con la procesión con los ramos encabezada por Francisco, acompañado por cardenales, obispos y sacerdotes. Pantallas gigantes colocadas en diversos puntos de la plaza -adornada con olivos traídos de la región italiana de Puglia y palmas de San Remo- y en la vía de la Conciliación permitieron a los fieles seguir los detalles de la ceremonia.

La multitud participó de la ceremonia con unción y escuchó atentamente la homilía de Francisco, que incluyó significativos mensajes hacia el interior de la Iglesia, sacudida en los últimos tiempos por escándalos varios, presuntos casos de corrupción y pujas de poder. Entre el texto preparado y algunas improvisaciones -como viene incorporando- el pontífice recordó que su antecesor, Benedicto XVI, con quien sostuvo una cumbre sin precedentes el sábado, le decía a los cardenales que “son príncipes, pero de un rey crucificado”. Y señaló: “Lo que cuenta no es el poder temporal”. Recordó que “Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, y lo lava con su sangre, con su misericordia, con el amor de Dios”.

Pero también Francisco se dirigió a toda la sociedad y a las miserias que hay en ellas. “Miremos a nuestro alrededor: ¡Cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, de corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación”.

Luego, al hablarle a los jóvenes romanos presentes, que celebraron ayer la jornada de la juventud de su diócesis, volvería a improvisar, esta vez para pedirles no caer en la tentación de la corrupción, apelando a una expresión popular: “Como decía mi abuela, la mortaja no tiene bolsillos”.

Frente a los males de este mundo, Francisco pidió no caer en el desaliento. “No debemos creer al maligno que nos dice: No puedes hacer nada contra la violencia, la corrupción, la injusticia, contra los pecados. Jamás -exclamó- debemos acostumbrarnos al mal”. También exhortó a “no ser nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca dejen vencerse por el desánimo. Nuestra alegría no nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, de Jesús; de saber que con el nunca estamos solos, incluso en los momentos, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables …”.

Pese a que el maestro de ceremonias había pedido que no se aplaudiera durante la misa, tres fuertes aplausos rubricaron otros tantos conceptos del Papa en la homilía y un cuarto cuando la concluyó.

Especial acogida tuvieron entre los jóvenes sus referencias a la próxima Jornada de la Juventud, que se realizará a fines de julio en Río de Janeiro y cuya presencia confirmó ayer Francisco. Y a la que convocó con energía: “La aguardo con alegría. Les doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Prepárense bien, sobre todo espiritualmente en sus comunidades para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero”. Convocatoria que volvió a hacer también a través de twitter.

“Ustedes, jóvenes -les dijo, tienen una parte importante en la fiesta de la fe”. Ustedes “nos dicen que debemos vivir la fe con un corazón joven, siempre, aún a los 70 y 80 años”, y ahí fue interrumpido por uno de los aplausos.

Al finalizar la misa llegó el baño de multitudes para el Papa. Se subió al papamóvil, sin vidrio antibalas, y comenzó a recorrer la plaza saludando y bendiciendo, en medio de la algarabía de la gente.

En varias ocasiones se detuvo a besar niños que le acercaban y discapacitados, algunos en sillas de ruedas, levantados para que el pontífice pudiera posar su mano sobre ellos. No faltaron sus ocurrencias, como cuando una mujer le pidió que saludara a su marido, en sillas de ruedas, a quien Francisco le preguntó sonriente: “¿Tu mujer es buena cocinera?” Carteles -como aquel que rezaba “Contigo no tenemos miedo”, de un grupo de jóvenes de la provincia italiana de Brescia- y banderas de distintos países se alzaban al paso del Papa. Entre ellos, pabellones celestes y blancos portados por argentinos residentes aquí y venidos especialmente desde el inicio del pontificado de Francisco, entre ellos un numeroso grupo de la provincia del Chaco, quienes se llevaron un recuerdo imborrable de la misa de Ramos

clarín

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