25 octubre, 2020

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Tabú: cuando el arte desnuda el lujo

El colectivo de artistas franceses LuxInside examina la constitución de los objetos de lujo a través de la creación de imágenes obtenidas con un escáner médico.

POR M. S. DANSEY/revista ñ

Pandora. Inspirada en “Andrea”, un descontaminante de aire relacionado con la NASA.

Los catorce objetos de lujo que conforman la muestra LuxInside. Las huellas del hombre , expuesta por estos días en la Alianza Francesa, comparten el aura de unos zapatos muy especiales que no son celestes, ni turquesa ni azul ultramar. Son cerúleos. Y no es casual, el cerúleo fue un elemento clave en las colecciones del diseñador de modas Oscar de la Renta, hasta que lo tomó Yves Saint Laurent y –como bien lo explica la malvada editora Miranda Priestly, en la película El diablo se viste a la moda– , el tono llegó a convertirse en una verdadera insignia del arte textil de la primera década del siglo XXI. Serán entonces el color, el glaseado final, el trabajo artesanal de los expertos noruegos y el procedimiento Goodyear –grampas que sujetan el cuero durante la costura de la suela– lo que hacen de estos zapatos una experiencia vertiginosa, incluso sin haberlos calzado, aun detrás de la vitrina y con pocas posibilidades de reunir los 950 euros que cuestan en la Maison Corthay , en el corazón de París.

Así como los zapatos, otros objetos fabulosos fueron seleccionados por la periodista Laurence Picot, curadora y cabeza del colectivo de diseñadores y científicos LuxInside, autores de la muestra. Ellos se propusieron identificar las cualidades internas de los objetos de lujo, valiéndose de la investigación de campo, la cámara fotográfica y un escáner médico.

El resultado es poderoso y, hay que decirlo, nacionalista e impopular. Diez de los objetos seleccionados son made in France , y como tales, poseen una fuerza de seducción que hace tambalear los prejuicios del espectador hasta revelar algo tan profundo y oscuro como los deseos.

Si la mirada del hombre y la mujer modernos alcanzó una nueva dimensión luego de la Bugatti de Marinetti y El Mingitorio de Duchamp, desde la Bauhaus a esta parte las prácticas artísticas vienen modulando impunemente los hábitos cotidianos. Cada uno hará el recorte que considere necesario pero no se puede negar que el arte se ha colado en los intersticios de la producción industrial habilitando rituales estéticos cada vez más arriesgados. La función específica del objeto de diseño no anula la posibilidad de una experiencia estética, al contrario, parece ser una estrategia, la venganza silenciosa de los artistas que participan del fenómeno de masas, la panacea de los consumidores que viven las prácticas de uso como vía cierta de realización poética. Arriba de los tacones Louboutin se hace mucho más que caminar. Podríamos decir, se performa.

Pero este no parece ser el cuestionamiento de estos ready-mades presentados junto a sus propios retratos de rayos equis, que los muestran desnudos, en sus formas internas y que, como símbolos, evocan más a sus representaciones mentales que a la materialidad formal que los constituye. Lo que Picot llama “la verdad del objeto” y que se podría entender como la ingeniería del encantamiento.

Sobre este concepto se sostienen estas obras. En el mundo de las apariencias, mostrar el interior de las cosas se presume como una hazaña. En su discurso, Picot establece una diferencia entre lujo e imagen del lujo y se refiere al masstige – horrible neologismo del marketing necesario para referirse al consumo masivo de productos y servicios con cierto prestigio- entiéndase por tal al tsunami de consumidores dispuestos a vender un riñón a cambio de una Louis Vuitton con la estampa Murakami, firmas tradicionales con raigambre europea que con ese impulso arrollador devienen grupos multinacionales y tienden a trasladar sus centros de trabajo a países con menores costos, generalmente asiáticos.

Este es el escenario en el que cobra sentido la intervención de LuxInside.

La tecnología más sofisticada atravesando el caparazón cosmético de los objetos para bucear entre sus peculiaridades constitutivas. Parafraseando a otro francés, lo esencial es invisible a los ojos y qué mejor que estas imágenes de resonancia magnética para contar las bondades de los cristales Saint Gobain , vidrios de última generación que ofrecen intensidad lumínica, calórica, aislamiento y trasmisión de sonido, y cuya mayor virtud es la invisibilidad. Imágenes bellas e irrefutablemente verdaderas, aunque al borde de la irrealidad.

El lujo, así mostrado, despliega sin tapujos sus implicancias morales y sale a enfrentar el juicio de una sociedad que postula la integración como paradigma social universal. Porque si el lujo aspira al confort, la belleza y la verdad, en eso pone en juego una dinámica identitaria que afirma los grados jerárquicos en sus distintos mecanismos de diferenciación.

“Las industrias del lujo”, sigue Picot, “son el último bastión del patrimonio inmaterial que implica el saber hacer. Crea empleos, promueve la innovación, fomenta las vías de transmisión de conocimiento y garantiza un futuro para todos en el mundo globalizado, siempre que la estética sea portadora de una ética”.

Lo suyo es un manifiesto: “¿No debería el lujo ser la luz que alumbra a la humanidad a través del prisma de la creatividad y del saber hacer de los hombres?”, se pregunta Picot en el catálogo. Y a esta altura la muestra se encarna en su función proyectual e incursiona en el terreno de la propaganda. La antiglobalización es uno de los tópicos más frecuentes en el arte político que en sus versiones mejoradas se vale de la persuasión antes que de la violencia. Inmerso en la modernidad líquida, este conjunto de objetos, imágenes y textos toma partido por un estado de cosas perdido y hace de las firmas comerciales –de la entelequia, no de sus actores reales– verdaderos héroes de la gesta. A simple vista podría parecer una reacción conservadora ante el avance del progreso, pero antes de sacar conclusiones habría que reflexionar hacia dónde van las cosas, no sea cosa que estemos ante un acto revolucionario. Los franceses saben de eso.


LuxInside. Las huellas del hombre.

Lugar: Alianza Francesa
Av. Córdoba 946
Fecha: hasta el 19 de abril
Horario: lunes a viernes
de 19 a 20; sábados de 9 a 13
Entrada gratis

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