26 octubre, 2020

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Chaco: represión a docentes, aprietes y caos social

Por Luis Gasulla (*). Detalles de las amenazas que recibí por mi libro «El negocio de los derechos humanos».

Docentes chaqeuños reprimidos ferozmente el jueves 21.

El jueves 21 de marzo, la policía chaqueña reprimió ferozmente a los docentes que cortaban la ruta 16 a la altura de Machagai, una localidad ubicada a 150 kilómetros al oeste de Resistencia. En el Chaco, las clases no comenzaron a término como en la provincia de Buenos Aires. Pero, a diferencia del distrito gobernado por Daniel Scioli,el gremio liderado por Roberto Baradel en el Chaco aceptó el aumento del 22% y colocó a uno de sus hombres como ministro de educación, Sergio Soto.

Los manifestantes que reclamaban mejores condiciones laborales y ser recibidos por el gobernador cortaron la ruta que une Brasil con Chile por más de 6 horas. Al promediar la tarde, un grupo de micros que trasladaban hinchas de Boca desde el norte argentino a la ciudad capitalina para ver el partido que el equipo de Carlos Bianchi jugaría con Excursionistas por el torneo Argentino, motivó la repentina represión policial. 

El fantasma de Fuentealba se hizo presente entre los manifestantes que se habían autoconvocados y se acercaban en sus autos del interior de una provincia que dijo basta. Según los datos oficiales, el 20% de los habitantes del impenetrable chaqueño son analfabetos. Según estudios de la Fundación Mandela, el número llega al 90%. Para el docente Carlos López en la educación chaqueña se ha dado un fenómeno de «prostitución de los referentes gremiales». Es que, aún circula el video en internet, del hoy ministro de educación, Soto, tomando el ministerio cuando representaba a los que ahora reprimen.

En el Chaco hay 14 gremios docentes y, luego de la represión, muchos de ellos se han sumado a la protesta inicial de Sitech Federación. Para los manifestantes, el organizador de la violenta represión que terminó con nueve docentes hospitalizados fue ordenada por Juan Manuel Pedrini, ministro de seguridad que se encontraba en el lugar de los hechos. A comienzos de año, Pedrini fue señalado como un funcionario que había conducido un auto Volvo, patente FFF-915, secuestrado por la jueza de Saenz Peña, Zunilda Niremberger en un operativo por narcotráfico que involucraba al misterioso abogado Carlos Salvatore.

Ese día había sido invitado a Resistencia, por el diputado provincial Livio Gutiérrez a presentar mi libro «El negocio de los derechos humanos». Estuve en la manifestación y fui testigo de cómo personas de civil ordenaron la represión. Tras algunas preguntas al ministro Pedrini y una charla que mantuvo con los diputados opositores Gutiérrez y al diputado nacional, Hugo Maldonado, el funcionario los denunció por «instigadores de la violencia» y por generar el caos social. En un momento, luego de la golpiza y los gases lacrimógenos lanzados a los maestros, uno de ellos le gritó al funcionario que le transmitiese al gobernador que este era «el verdadero Chaco». La respuesta sonó provocadora: «El Chaco real son los que quieren pasar y transitar libremente». Sin embargo, cuando la ruta se liberó los cientos de camioneros tocaron sus bocinas solidarizándose con los «piqueteros» según los medios locales oficialistas.

El periodismo en provincias como el Chaco es una profesión de riesgo. No para todos. Uno de los periodistas presentes en la conferencia de prensa realizada para presentar mi libro, me exigió que regresase a la ciudad pues «un porteño no podía hablar de su tierra». El hombre pertenecía a Diario Norte, el matutino que recibe el grueso de publicidad oficial. Ese día, la AFIP desembarcó en la única librería donde se vendía mi libro y demoró la instalación de una mesa expositora lo suficiente para que nunca llegasen al Salón. Ese mismo día, cortaron abruptamente la transmisión del programa de radio del colega Roberto Espinoza. La entrevista, tan anunciada, no se pudo realizar.

El viernes 22 volví a ser invitado sin anunciarlo previamente. El conflicto docente era la noticia del día. En el final de la emisión hablé de mi libro pero una patota liderada por dos punteros locales, Juan «Pelado» Rossi y Tiso Talavera, se instaló en la puerta de la radio exigiendo mi presencia. Los referentes ingresaron al estudio, invitados por el director de la radio, Atilio Gutiérrez y, uno de ellos, exigió una rectificación pública pues «vino a manchar a nuestra provincia, alguien que quiere que los chicos esten desnutridos y le jode que ahora tengan pancita» (SIC).

El diálogo fue estéril cuando López afirmó: «No volvés a Buenos Aires y claro que te amenazo, la vereda es pública y de acá no salís». El apriete salió al aire. La policía intervino pero, en vez de tomar los datos de los dirigentes sociales, se interesaron en cómo había llegado a Resistencia y hacia dónde iría en los próximos días. A Talavera le dije que aparecía mencionado en el libro por apretar trabajadores y por los extraños hechos que sufrieron los mismos por los que sus vidas corrieron peligros. Su respuesta fue contundente: ¿Y qué querés que hiciese? No querían trabajar». Mientras el Papa argentino pide diálogo y pregona que la política es un servicio, para otros, dar trabajo es un favor y el progresismo choca contra la realidad.

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