29 octubre, 2020

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Medioambiente o genética, ¿de dónde vienen nuestras enfermedades?

En el Día del Medioambiente, conozca cómo influye la alimentación en los genes

Medioambiente o genética, ¿de dónde vienen nuestras enfermedades?

El Día Mundial del Medioambiente bien vale como excusa para conocer y tomar conciencia de un concepto que resultará clave para nuestra salud: el medioambiente nos sana o nos mata.

Así, la lucha debe ser por la conservación de las especies vivas, dentro de las que se encuentra el hombre. Es que cada comida que contenga agrotóxicos, cada molécula de metal tóxico que respiramos, comemos o bebemos e  incluso la química que generan nuestros pensamientos pueden modificar la genética. A esto se lo denomina«epigenética».

La epigenética es el estudio de los mecanismos moleculares mediante los cuales el entorno controla la actividad génica. Se trata de un nuevo campo biológico que está desentrañando los misterios de cómo el entorno (la naturaleza) influye en el comportamiento de las células sin alterar el código genético. Es un campo que está revelando nuevos problemas en la naturaleza.

Consultada por Infobae, la doctora María Alejandra Rodríguez Zía (MN 70.787), médica clínica y endocrinóloga, fue más allá y habló del concepto de nutrigenómica y lo definió como una rama de la biología que estudia el impacto que tienen los alimentos (nutrientes a nivel molecular) sobre los genes.

«Hoy sabemos que muchos estímulos generan diferentes cambios moleculares que podrán hacer que un gen se exprese o quede en forma silenciosa. Uno de los principales estímulos son los alimentos en su calidad y cantidad, por ejemplo, si tuviéramos una alimentación en base a maíz solamente, careceríamos de un nutriente denominado triptófano. Esta carencia tiene muchos efectos adversos, uno de ellos es la disminución de las sirtuinas, que son moléculas reguladoras de ADN que previenen la expresión de genes nocivos que todos tenemos, por ejemplo oncogenes», explicó la especialista, para quien «para tener una alimentación saludable es muy bueno alejarnos de todo lo industrializado, lo que viene en paquete cerrado, y preferir comprar los alimentos frescos y en estado natural».

Y recomendó consumir «por ejemplo, pescado fresco de la pescadería, carne lo menos industrializada posible, verduras de hoja verde frescas, frutas de huertas orgánicas (sin agrotóxicos)». Además, deberíamos acostumbrarnos a consumir nueces, almendras, castañas de cajú, pistachos, maní, sin ningún tipo de elaboración. El chocolate, por ejemplo, es saludable pero en el más alto grado de pureza (90% cacao).

Asimismo, de unos años a esta parte, «si se desea comer aves es mejor espaciar su ingesta y elegir pollos de campo, dado que cada vez más la industrialización modificó la carne del pollo con hormonas que la hacen peligrosa», destacó. 

Acerca de cómo los nutrientes influyen sobre los procesos metabólicos y cómo la carga genética y la dieta influyen en la aparición o prevención de enfermedades, Rodríguez Zía explicó que «si se realiza un estudio genético a toda la población, algunas personas tendrán más riesgo de tener enfermedades vasculares, otras diabetes, otras cáncer, otras artritis, etc. La buena noticia es que esta información no es determinante de que se cumpla sí o sí como pensábamos antes. En la actualidad sabemos que la alimentación tiene la capacidad de evitar la manifestación de estos genes o producir su expresión».

Así es que «la nutrigenómica cumplirá un rol fundamental en la prevención de la obesidad, la diabetes, los infartos cardíacos y cerebrales, las enfermedades autoinmunes como la artritis y también será una herramienta fundamental en la prevención del cáncer, aunque no la única». Es que, según la especialista, es vital «el conocimiento de esta ciencia y la puesta en práctica de medidas políticas para generar cambios en la comercialización e industrialización de alimentos».

El impacto del ambiente en la salud

Todo lo ambiental impacta sobre cada núcleo celular en todo nuestro cuerpo: lo que respiramos por la contaminación del aire, lo que bebemos y comemos (agrotóxicos u hormonas sintéticas), y cada parte de nuestros hábitos, si camino o no, si me enojo, si fumo, si tomo alcohol o me drogo, si leo o escucho cosas negativas. Todo llega al ADN y lo puede modificar.

En esto se basa el nuevo concepto que hoy tenemos los médicos: «somos la encarnación del ambiente», como dice Bruce Lipton, tanto es así que se habla de un sistema que engloba nuestros hábitos como «ambioma». Al ambioma hoy lo estamos degenerando, por medio de la contaminación ambiental.

Si el medio ambiente puede modificar mis genes, entonces: «soy guardián de mi genoma», siendo guardián del medio ambiente. Por esto podemos afirmar, que de mí depende que se exprese o no una enfermedad en mi cuerpo y,  también en el de mis hijos, por la enseñanza y las emociones que les trasmito a lo largo de la vida,  aun dentro del embarazo.

Está comprobado que en el tercer trimestre de embarazo se trasmite la carga de estrés. Por ejemplo, las embarazadas que cursaban el tercer trimestre y sobrevivieron a la caída de las Torres Gemelas en Nueva York tuvieron hijos con características de estrés muy similares al que se lo denomina estrés transgeneracional.

Para comparar, imaginemos que los genes son los vagones de un tren y que las puertas y ventanas son las proteínas que los regulan. Estas puertas y ventanas deciden qué cosa entra y qué no.  Yo dejo entrar algo o no, y así  se expresa, o no,  un gen.

Sólo el 2% de los genes son responsables directos de algunas enfermedades. La mayoría son el resultado de la modificación de estos genes por el «estilo de vida» que engloba todo lo que me rodea. Por esto, hoy se llegó a la conclusión que el cerebro de la célula no es el núcleo, sino la membrana que la circunda, su puerta de entrada.

Hoy se sabe que las decisiones del cerebro están en la membrana plasmática o puerta de entrada a la célula.

Los padres dan la genética, pero el estilo de vida es coautor de esa persona, con sus enfermedades. Debemos entender que el estado del medio ambiente es una decisión tomada por todos.

En el estilo de vida, con todo lo que esto significa denominado ambioma, la mente es la primera protagonista de esta historia.

El ADN ya no es mi identidad. Hoy la supremacía la tiene  mi estilo de vida, la percepción que yo tengo del ambiente controla la expresión de mi genética. Esa percepción controla y escribe mi código genético y no hay dos personas que perciban por igual un mismo hecho o cosa.

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