22 octubre, 2020

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El “sometimiento”, la clave de la nueva literatura erótica

El libro “Las cincuenta sombras de Grey” sigue batiendo récords de ventas en todo el mundo, pero tiene cada vez más detractores. Los expertos hablan de violencia de género, humillación y acoso.

POR GISELE SOUSA DIAS/clarin

La trilogía erótica Cincuenta sombras dejó sin aire incluso a los fabricantes de fenómenos masivos. Vendió 85 millones de ejemplares en el mundo, logró excitar a millones de mujeres y ya es el libro británico más vendido de la historia –más que Harry Potter –. Se está haciendo la película, el disco, la línea de zapatos, de maquillajes, de lencería, y su autoraya encabeza el ranking Forbes como la mejor paga del mundo. Sin embargo, la fórmula que creó al monstruo masivo es ahora el blanco de un enorme debate: una chica virgen de 22 años que acepta ser la “sumisa” de un millonario sadomasoquista con todas las características de un psicópata. Lo que hay detrás del éxito comercial es lo que se le cuestiona: millones de mujeres fanatizadas con una historia en la que el sometimiento, la intimidación y el control exceden las fronteras de la cama y lo invaden todo.

En Las cincuenta sombras de Grey (la primera parte de la saga) sobran ejemplos de este tipo de interacciones. “ Tienes que aprender a lidiar con mis expectativas. No soy un hombre paciente. Si me dices que te pondrás en contacto conmigo, ten la decencia de hacerlo ”, le dice él –Christian Grey, el millonario sádico– una noche en la que ella olvida llamarlo. “ Con una honda sensación de miedo en la boca del estómago localizo su número y pulso la tecla de llamada. Mientras espero a que conteste, se me sube el corazón a la boca. Seguramente le encantaría darme una paliza de cincuenta mil demonios. La idea me deprime ”, sigue ella, Anastasia Steele.

En la novela, él la persuade para que firme un contrato confidencial que los convertirá en “ amo y sumisa”. Eso significa que dentro del “cuarto rojo del dolor” ella deberá aceptar todo tipo de prácticas sadomasoquistas, excepto actos con orina y defecación, animales y niños, ahorcamiento y picana eléctrica. El contrato, sin embargo, también abarca su relación fuera de la cama: él decide qué alimentos de una lista puede comer, qué ropa y lencería puede usar, cuánto ejercicio debe hacer y determina que debe estar siempre depilada. Cuando se enoja, no hay reglas escritas: puede decidir, por ejemplo, tener sexo con ella y prohibirle llegar al orgasmo.

“En el sadomasoquismo hay una parte incuestionable: son dos adultos que deciden libremente jugar. El sádico siente placer al someter; el masoquista, al ser sometido. Son situaciones que desde afuera pueden verse como violentas (atar a alguien, pincharlo, darle latigazos, orinarlo, quemarlo) pero siempre hay un acuerdo y reglas, por ejemplo, decir una palabra clave si uno quiere parar”, explica el psicólogo y sexólogo Patricio Gómez di Leva. “Ahora bien, cuando esa relación de dominación excede el juego sexual, es diferente. En esta historia, la protagonista parece quedar entrampada, por eso consiente una relación de sometimiento fuera de la cama bajo la manipulación de él”.

Por supuesto que es ficción y que su lectura no significa que todas las mujeres van a repetir eso que leen, “pero todo esto va generando cultura”, dice Fabiana Túñez, experta en violencia de género. “En esta historia, el sometimiento y la posesión se disfraza de amor romántico y ése es uno de los principales escollos que tenemos a la hora de abordar la violencia de género”, dice. Se refiere a escenas en donde él la cela “porque la quiere” o le cambia el auto “por su seguridad”. “Donde hay celos, control, dominio, descalificación, hay un vínculo de violencia, aunque esté disfrazado de juego –agrega–. Es llamativa en este libro la asociación directa del amor con el dolor”.

Estos mismos disparadores motivaron a un grupo de investigadores de la Universidad de Ohio y de la de Michigan a analizarlo. Lo que encontraron fueron patrones de stalking (acoso) cuando Grey, por ejemplo, se aparece de repente en el trabajo de ella. Vieronintimidación cuando él la obliga a comer bajo amenaza de ser castigada. Vieron violencia sexual cuando él le da alcohol para ablandar sus resistencias. Y vieron humillaciones en escenas como ésta: ¿Tuvimos sexo?, le pregunta ella después de una borrachera. “Estabas en coma –contesta él–, la necrofilia no es lo mío. Si fueras mía y volvieras a hacerlo no te sentarías por una semana ”.

En el personaje de Anastasia, los investigadores vieron las patrones de una mujer sometida y abusada: alteración de la identidad cuando, por ejemplo, se describe a sí misma como “un fantasma pálido” odesempoderamiento cuando oculta que quiere ver a su madre para evitar que él se enoje. El estudio fue publicado hace una semana en elJournal of Women Health.

En la historia pasa lo que pasa con los psicópatas: él no duerme con nadie pero con ella sí, él nunca lleva a una mujer a casa de sus padres pero a ella sí. Por eso, no termina de generar rechazo: es odioso y a la vez encantador. “Tiene todo el perfil de un psicópata y un psicópata nunca acepta una relación de paridad. Eso significa que la persona que está con él no elige nada”, dice Gómez di Leva. María Beatriz Müller, psicóloga y alma del próximo “Congreso sobre violencia, maltrato y abuso”, coincide: “En esta historia, la violencia está naturalizada y todo está disfrazado de cuidado y protección. Cuando del otro lado hay un psicópata pasa eso: la mujer queda entrampada y termina convencida de que se somete porque de verdad quiere”. En la novela, Anastasia acepta el contrato aunque rechaza algunas reglas: la clásica ilusión de control.

La pregunta es, entonces, ¿por qué se lee con tanta devoción? La escritora Susana Moo, autora de Erotómana, un blog de literatura erótica, lo dice: que él es guapísimo, elegante, sibarita, dueño de mansiones, helicóptero, que “con sus dedos largos y hábiles toca el piano divinamente, y con esos mismos dedos hace maravillas en el cuerpo de la mujer”, que es amante del buen vino y tiene un irresistible lado canalla.

Grey excita porque en el porno es el ideal de hombre. Ella, mientras, es una chica normal y corriente, que trabaja en una ferretería. “Lo novedoso es que el centro del deseo no es el cuerpo de la mujer. De modo que estamos ante un pastel perfecto para encandilar a las modernas lectoras de novela romántica”, escribe Moo.

Así, mientras E. James, la autora de la saga, amasa una fortuna de 95 millones de dólares y se instala como abanderada de la nueva literatura erótica, hay todavía más dardos: “En cuanto a su parte erótica, me resultó una mala versión de la ‘Filosofía del tocador’ del Marqués de Sade –opina José Luis Rodríguez, sexólogo clínico y docente–. Aquel clásico de la literatura erótica tenía un fundamento filosófico que fue revolucionario: usaba también la iniciación sexual de una joven pero para cuestionar la estructura social, desde la influencia de la iglesia católica en la sexualidad a través de los conceptos de culpa y pecado hasta el rol de la mujer. La inicia, sí, pero liberándola de los prejuicios y de una educación prohibitiva. Acá, en cambio, no hay nada, sólo descripciones sexuales”. Será, tal vez, la gruesa línea que divide a los fundamentos filosóficos de los meramente comerciales.

 

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* Juegos sexuales: al filo del peligro.

 

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