22 octubre, 2020

FM Cosmos

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¿Está a tiempo?: el Gobierno apura suba del dólar para alinearlo con los salarios e inflación y frenar atraso cambiario

Estas tres variables durante años se movieron de manera dispar. Así, los productos argentinos se encarecieron, el país perdió competitividad y se llegó a un gran desorden en los precios relativos. ¿Podrá el Ejecutivo encauzar las cosas y evitar males mayores? Límites

Si hay algo de lo que se jacta el Gobierno es de su capacidad de moldear el relato y sus políticas, según las circunstancias.

Algunos analistas lo llaman pragmatismo y lo consideran una virtud. Otros, en cambio, elevan sus críticas por las contradiccionesque observan en estos giros discursivos.

Cabe recordar, entre otros tantos ejemplos, elviraje que el Ejecutivo tuvo con el Papa Francisco o la sostenida defensa que hizo la administración K del blanqueo de capitales, luego de haber fustigado a los evasores durante mucho tiempo.

O en el «caso Chevron», que marcó unquiebre en el mensaje oficial sobre laexplotación de los recursos, tras haber resaltado la importancia que tenía para el país el haberse «quitado» a Repsol de encima.

En el campo económico, esta «capacidad» de adaptación a los cambios que impone el contexto también se observa en el manejo de tres variables clave: salarios, dólar e inflación.

Por varios años, esta terna se movió prácticamente de manera alocada e independiente: la suba del billete verde iba por un lado, la de los precios por otro, en tanto que los sueldos solían pactarse en paritarias de modo «libre» y con incrementos varios puntos por encima del índiceinflacionario.

Así, producto de esta descoordinación, comenzaron a agudizarse los problemas de atraso cambiario y de competitividad, que llevaron a que los productos argentinos se encarecieran fuertemente en dólares.

En el plano interno, esto se vio reflejado en grandes distorsiones en los precios relativos. Como por ejemplo el abaratamiento de los autos importados y el boom turístico en el exterior.

Esto, motorizado por la imposición del cepo y el consecuente auge del dólar blue.

«La existencia de un mercado cambiario desdoblado desalienta a la industria exportadora, a las economías regionales y a la producción agropecuaria, entre otros. Es decir, a aquellasactividades que generan valor, al tiempo que alienta a otras poco valiosas, como la del turismo en el extranjero o la compra de autos importados», señala el ex ministro de Economía, Ricardo López Murphy.

¿Nueva «fórmula 24-24-24»?
Consciente de esta situación, y de los problemas que genera el hecho de que salarios, dólar e inflación se hayan movido de forma independiente, el Ejecutivo buscó a principios de año tomar cartas en el asunto.

Y quiso avanzar con su fórmula «20-20-20», que consistía en que las tres variables convergieran -en cuanto a crecimiento en términos porcentuales- en esa cifra.

Apeló al infructuoso plan congelamiento de Moreno, a acelerar el alza del dólar oficial y a negociar con la CGT oficialista el llamado «techo Caló».

Si bien no logró estampar el número 20-tal como hubiese querido-, al menos «alineó los planetas» en otra cifra.

Y es así que la fórmula «24-24-24» pasó a formar parte de un objetivo deseado por la administración K.

Claro que esto no es una solución de fondo ni le asegura que los productos fabricados en la Argentina se abaraten, pero al menos le evita que se siga profundizando el atraso cambiario.

Que suba el dólar, pero que no se note
En un contexto electoral, este plan cobra particular relevancia porque implica acelerar la suba del dólar para que su incremento se encolumne al de sus «colegas» (inflación y salarios), con los riesgos que ello implica.

Pero lo cierto es que la administración K ya viene avanzando en este sentido, sin prisa pero sin pausa.

A punto tal que si se anualiza el alza del billete se observa que:

  • En abril, el ritmo anualizado fue del 15%.
  • En mayo trepó al 25%.
  • En junio al 27%.
  • En agosto, al 42%

Claro que esto debe hacerse «sin que el público lo note».

Tal es así que mientras la realidad muestra que el dólar acelera a pleno y ha marcado el mayor aumento nominal de los últimos años, la Presidenta suele afirmar con su habitual contundencia: «Quienes quieran ganar plata con una devaluación deberán esperar otro Gobierno».

Nueva ancla se busca
Si bien a priori la idea de alinear las tres variables da muestras de la intención del Gobierno de emprolijar un poco las cosas, los analistas son cautos respecto a la evolución y el resultadode esta iniciativa oficial.

En primer lugar, ponen la lupa en la inflación y en los efectos colaterales del infructuoso congelamiento de Moreno.

Es que luego de haber frenado inicialmente los aumentos, ahora el índice comenzó a trepar a razón de un 2,5% mensual, tal como lo ha hecho en julio.

«Estimamos que el alza de precios se moverá en el orden del 2,6% por mes», anticipa Gastón Rossi, de LCG, consultora que comanda junto a Martín Lousteau.

Y agrega: «El Gobierno intentó influir en las paritarias que se iban a cerrar en la primera parte del año a costa de retrasar la inflación para los meses siguientes», que es lo que se está observando ahora.

No obstante, con la baja «artificial» de los primeros meses y la aceleración posterior, Rossi considera que el acumulado anual cerrará en torno del 24% a 25%.

Por el lado del dólar, Juan Pablo Ronderos, de abeceb.com, señala que la administración K ya no puede usar el tipo de cambio como ancla de la inflación, por su necesidad de hacerlo subir más de prisa.

El analista agrega que lo que trató de hacer el Gobierno es que ese rol sea suplido por «las subas salariales más acotadas, por el congelamiento y los subsidios».

Pero, sobre este último, afirma que si bien es el único soporte que le queda al kirchnerismo, «tarde o temprano deberá resolver esa cuestión, porque genera un peligroso círculo vicioso que deriva en una alta desinversión».

El Gobierno, ¿enemigo de su propio plan?
Desde el gremio de los economistas apuntan que el principal enemigo que tiene el Gobierno para mantener la «fórmula 24» en el tiempo es, justamente, el propio Gobierno.

En efecto, tras ciertos meses de relativa calma, en julio el Banco Central se vio obligado aemitir la friolera de $18.000 millones, cifra que multiplica por nueve el monto emitido en el mismo mes del año pasado.

Y esta alta emisión es la que justamente puede hacer tambalear la idea de mantener las tres variables alineadas.

Esto, como parte de un contexto en el que, tal como afirma el analista Carlos Melconian, «sobran pesos y faltan dólares».

«Evidentemente hay negligencia y capricho», opina el economista, quien además considera que «si el Cedin, el Baade, el blanqueo, fueron hechos como sustitutos imperfectos del no admitido fracaso del cepo, también van a fracasar».

«Si se trata de mover todas las nominalidades en el mismo porcentaje sin una política monetaria clara, lo más probable es que la tasa de ajuste se acelere», anticipa Diego Giacomini, de Economía & Regiones.

Cabe recordar que hoy el gasto público, según cifras de LCG, crece al 32% anual, mientras quetres de cada cuatro pesos emitidos son utilizados para «bancar» financieramente al sector estatal.

Reservas y devaluación, dúo en problemas
Otra cuestión clave para conocer el futuro de la «fórmula 24» vendrá dada por la actitud que tome el Banco Central, en cuanto a su manejo del dólar y reservas.

«Hoy la devaluación está incluso por encima del 24% si uno anualiza lo ocurrido en los últimos meses de 2013. Y esta aceleración se trasladará en parte a precios si no hay un plan anti-inflacionario consistente», estima Ronderos.

Sumado a esto, hay otros factores que meten presión al Banco Central.

Entre ellos, la sangría de reservas y la devaluación en la que han avanzado los países vecinos, que lo obliga a subir al billete verde más de prisa.

Esto último, producto de que Estados Unidos «avisó» que la época de dólar barato en el mundo no iba a durar para siempre, como así tampoco la de tasas bajísimas -cercanas a cero- como se ha venido registrando hasta la actualidad.

Esto hizo que los inversores globales busquen tomar cobertura y resguardo en la divisa estadounidense (para así adelantarse a su fortalecimiento) lo que provocó una fuerte salida de capitales de la región.

El Banco Central no sólo debe «sufrir» por este cambio de clima externo, sino por losproblemas internos, como el gigantesco déficit energético que le succiona cada vez más dólares a la economía, al igual que el turismo.

«El mayor ritmo de devaluación persigue como objetivo atemperar un poco el nivel al cual el BCRA pierde reservas», explica Economía & Regiones, la consultora de Rogelio Frigerio.

No obstante, se corre el riesgo de que un alza de la inflación neutralice la dinámicaemprendida para combatir el atraso cambiario.

Algunos analistas remarcan que la «misión» de Marcó del Pont tiene un techo, si es que no quiere que la depreciación del peso se traslade a precios de manera integral.

«Este año el dólar oficial debería subir no mucho más de los $6, ya que si va más allá de eso, tendremos un impacto inflacionario fuerte», anticipa Rossi.

Así, al plan se le suma un «condimento» externo, al cual Argentina deberá hacerle frente.

Ocurre que si se profundiza la devaluación de las monedas en la región, el Gobierno K se verá frente a la disyuntiva de acompañar este proceso, que podría fogonear aun más la inflación, o bien no hacerlo, lo que agravaría la pérdida de competitividad.

En definitiva, la mayor amenaza para el «plan estabilizador» ya no sólo es su posibilidad de que se lleve a cabo, sino si el mismo será suficiente.

Es que en otros tiempos no muy lejanos, lograr que dólar, inflación y salarios evolucionaran a la misma velocidad habría sido motivo de aplausos. Hoy, con un mundo que juega su batalla por abaratar costos, la iniciativa K parece quedarse corta.

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