22 octubre, 2020

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A pocos meses del Mundial de Fútbol, la economía de Brasil da señales de fatiga Después de varios años de crecimiento, la economía empieza a estancarse d

  A pocos meses del Mundial de Fútbol, la economía de Brasil da señales de fatiga

Si los brasileños son considerados en todo el mundo como unos especialistas a la hora de divertirse y de celebrar, que empiecen a surgir estas señales negativas en la economía no es la mejor forma de prepararse para el inicio de las dos mega fiestas que se van a desarrollar en su país en los próximos dos años.

Pocas veces en la historia una nación logró ser elegida para organizar en tan sólo dos años de diferencia los máximos acontecimientos deportivos mundiales: los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de Fútbol. El primero que lo alcanzó fue Alemania, en 1972 (JJOO) y 1974; luego fue el turno de EEUU (1994 y 1996-JJOO) y ahora le llega a Brasil tamaño privilegio: en 2014 será sede del Mundial y luego, en 2016, Río de Janeiro se convertirá en Ciudad Olímpica.

Cuando el país fue elegido en 2007 sede del Mundial y luego, en 2009, organizador de los JJOO, el clima que existía en Brasil era de un enorme optimismo por el futuro. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), desde el año 2003 (coincide con los dos gobiernos del ex presidente Lula da Silva) la pobreza se redujo un 36,5% gracias a los distintos planes sociales lanzados y al significativo crecimiento económico alcanzado. Esto permitió que casi 30 millones de personas dejaran de ser pobres y pasaran a formar parte de la clase media.

El país, que durante décadas había sido considerado como una promesa permanente de desarrollo (siempre trunca), por fin había encontrado la salida al túnel del subdesarrollo, gracias a políticas de Estado mantenidas de manera ininterrumpida desde 1995 (ya van casi dos décadas, todo un ejemplo para la Argentina), a pesar de sucesivos cambios de gobierno. Fue así, con ese extraordinario dinamismo de la sociedad brasileña y su gran crecimiento de los años 2000 que Brasil logró ser presentado como modelo de desarrollo a nivel mundial y ser designado sede de estos dos máximos eventos deportivos. Pero desde el año 2009 a esta parte parece que algo comenzó a fallar, porque hoy el panorama no es tan optimista como hace un lustro.

A nadie escapa que todas las economías viven ciclos económicos, en los cuales se atraviesan períodos de crecimiento y luego de desaceleración. El objetivo de las políticas públicas es que el sendero de esos ciclos sea creciente (es decir que cuando vuelva a crecer la economía, lo haga desde un punto de partida más alto) y que los ciclos no sean demasiado volátiles, para evitar el efecto ‘montaña rusa’. “A veces se logran extraordinarios ciclos de crecimiento como el que le tocó vivir a Brasil, de más de una década de suba, gracias al boom de los precios de los commodities (tanto agrícolas como minerales y energéticos), pero cuando la suba se detiene, la economía tiene que prepararse para sostenerse sin el famoso “viento de cola”.

En el caso de Brasil, que supo aprovechar el ciclo alcista de las materias primas para sacar a millones de personas de la pobreza, este proceso vino acompañado de una suba de la tasa de inflación (por impulso de la demanda de esta nueva clase media), hasta alcanzar casi el 6% anual en octubre pasado (cuando las metas de inflación oficiales la sitúan en el 4,25%, con un margen de variación de 2 puntos).

Esto hizo que el Banco Central de Brasil decidiera volver a llevar su tasa de interés de referencia Selic al 10% anual (hace un año estaba en el 7,25%) para evitar que la inflación se disparara. La suba no sorprendió a los analistas y a los mercados (es la sexta en el año), que la esperaban como quien sabe que no hay otro camino que enfriar la economía, a pesar de que la fiesta está por comenzar. Pero todos aguardan los resultados de la próxima reunión del Comité de Política Monetaria del organismo (será a mediados de enero de 2014) para conocer qué opinan los funcionarios sobre la marcha de la economía.

“La próxima decisión de política monetaria será tomada en un contexto de muy bajo crecimiento. Es por eso que creemos que el Banco Central podría sentar las bases para un ajuste monetario más lento”, afirmó Mauricio Molan, economista en Jefe del Banco Santander.

Con este freno monetario aplicado a la economía, los especialistas saben que el crecimiento del PIB no superará el 2,3% durante 2013, por debajo del potencial del país y de lo alcanzado hace tres años atrás. Nadie ve al país al borde de una crisis económica, pero todos toman nota de que sus fundamentals comienzan a debilitarse, lo que afecta también al déficit de su balanza de pagos, que crece y que ya alcanza al 3,7% del PIB.

El presupuesto se encuentra bajo presión ante el costo de la fiesta, pero principalmente de todos los años en los que el gasto social se incrementó de manera significativa, sumado a las reducciones impositivas y al estancamiento económico. Encima, las protestas sociales que estallaron en junio pasado dificultan aún más cualquier atisbo de ajuste fiscal por parte del gobierno de Dilma Rousseff.

Por otra parte, el real ha venido sufriendo por los efectos externos de la política monetaria de la Reserva Federal estadounidense: desde el mes de mayo, la Fed ha dejado trascender que más pronto que tarde comenzará a ajustar su programa de emisión de dinero. Esto convirtió al tipo de cambio del real respecto del dólar en una especie de yo-yo a merced de los especuladores, en la que la depreciación de la moneda brasileña podría seguir en el corto plazo. Si los brasileños querían sentarse a descansar (después de tanto trabajo para organizar ambos eventos) y disfrutar de la fiesta en paz, la economía los va a tener sobresaltados durante un cierto tiempo.

cronista comercial

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