31 octubre, 2020

FM Cosmos

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AJUSTES A LO CRISTINA!

El ajuste había que hacerlo, no demorarlo ni negarlo (tal como hizo Cristina Fernández de Kirchner). Luego, había diferentes estrategias para abordar el ajuste. Muchos creían que Axel Kicillof estudiaba el asunto durante los meses en que tramaba su arribo al Palacio de Hacienda. ¿O acaso es tan ignorante que creyó que podría zafar el ajuste? A él lo designaron porque Hernán Lorenzino ya no tenía espaldas ni ganas de afrontar lo inevitable («Me quiero ir», había clamado ante las cámaras de la TV griega). Kicillof ha demostrado que no es creativo, y emprendió un ajuste con la peor y más salvaje estrategia posible. Kicillof será responsable, y también Juan Carlos Fábrega, de la próxima impopularidad renovada de Cristina. La consultora Economía & Regiones explicó los motivos por los cuales es tan malo el ajuste que eligieron los K.

(Economía & Regiones). En los últimos 3 meses se incrementó la tasa a la cual caen las reservas, la inflación se
aceleró y el peso perdió poder adquisitivo en forma creciente.
A la vez, el nivel de actividad económica se diluye mes tras mes. Todos estos son ingredientes de la Crisis Cambiaria que atraviesa nuestra economía.
¿Qué hizo el gobierno hasta ahora para detener la dinámica anteriormente descripta?
La depreciación del tipo de cambio oficial, que pasó de $6.8 a $8 por dólar, fue la primera y más contundente de las medidas aplicadas.
Luego, el BCRA inició una suba de las tasas de interés nominales que, si bien se dirige hacia el sentido correcto, por ahora luce insuficiente para apuntalar la demanda de dinero y mitigar las presiones cambiarias.
Por el contrario, en la esfera fiscal sólo se han tomado medidas expansivas que consisten en más aumento del gasto, que sin acceso a los mercados de deuda, seguramente se financiarán con más emisión, implicando incremento de la dominancia fiscal y con ellos mayores desequilibrios y agravamiento de la actual crisis.
El problema es que la devaluación dificulta la política monetaria y atenta contra el control fiscal. 
A priori, la devaluación acelera la suba de precios. Esta suba de precios alimenta las expectativas de devaluación y acrecienta la corrida contra las reservas.
Al devaluar primero y recién luego subir la tasa, la devaluación mete presión sobre la política monetaria, exigiendo mayores incrementos de tasa de interés y por ende mayor tiempo de ejecución; lo cual complica la eficacia de la política.
En otras palabras, si el BCRA primero hubiera subido la tasa y recién después hubiese devaluado, muy probablemente hoy en día se necesitaría un incremento de tasas inferior al que efectivamente se está requiriendo actualmente. 
Hacia fines del año pasado y sin la devaluación que subió el tipo de cambio nominal de $6.8 a $8 por dólar, las expectativas de inflación y de devaluación rondaban entre el 30% y 34% anual; respectivamente. 
Sin embargo, con la reciente devaluación las expectativas de inflación y devaluación crecieron a 40% y 45%, por ende ahora se necesita subir más la tasa ya no alcanza el 35%.
Es decir, no hubo coordinación entre la política cambiaria y la política monetaria. 
El BCRA debería haber empezado a subir la tasa primero y más tarde debería haber devaluado, lo cual facilitaba la aplicación de la suba de tasas y apuntalaba la eficacia de la política.
Sin embargo, esta falta de coordinación que hubo entre la política cambiaria y la política monetaria no sería insalvable y decisiva. Es más grave la falta de coordinación entre la política cambiaria y fiscal. La devaluación agrava en forma exponencial los problemas que enfrenta la política fiscal, porque genera efectos negativos difíciles de revertir.
El primer impacto negativo de la devaluación es el aumento de los pagos de deuda.

 

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