27 octubre, 2020

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El Gobierno, obligado a reconocer una inflación alta

Axel Kicillof reconoció ayer la aceleración inflacionaria que enfrenta la economía, cuando difundió el nuevo índice de precios. Fue el primero de la serie que acaba de ser estrenada, y refleja la magnitud de un problema que empezó a licuar los salarios. El nuevo índicador es el mayor de los últimos 12 años. Así, vencido, el Gobierno dio por terminada una estrategia de ocultamiento de la inflación, de la cual también participó el propio Kicillof. Pero el ministro avanzó en blanquear parte de la inflación, con un objetivo político: abrir las puertas del FMIe intentar que la Argentina vuelva a endeudarse. En privado, Kicillof le comunicó a Cristina que el gobierno necesita fondos del exterior por 10.000 millones de dólares para financiarse este año y evitar otros cimbronazos cambiarios.

El ministro fracasó en sus intentos de obtener créditos no convencionales de China y Rusia. También tuvo un traspié en su gestión con el Club de París y está por caerse la ayuda del Fondo Gramercy. Después de los fallidos, ahora intentaría buscar fondos en la banca privada y mantuvo contactos, esta semana, con enviados del Deustche Bank y del suizo UBS. Sergio Chodos y una enviada del Banco Central –en Washington– estuvieron tejiendo lazos para obtener fondos transitorios que fortalezcan la reservas del BCRA.

Pero admitir la inflación real no abre las puertas. En el exterior reclaman cuestiones de las que hoy carece el gobierno, como un plan económico de estabilización que modere la inflación.

El Gobierno teme que la trepada de los precios desboque los reclamos salariales y que todo pegue en la inflación.

Por eso, la Casa Rosada salió a presionar y amenazar a los gremialistas. En reuniones secretas, los propios jerarcas confesaron que los intimidaron con dar a conocer sus historias turbias.

“Nos amenazan con carpetazos de Milani” denunció Héctor Daer, en un encuentro con sindicalistas y empresarios. Estaban allí, por lo menos, Armando Cavalieri, Rafel Mancusso y Carlos West Ocampo. Cavalieri ratificó: “La amenaza es para que moderemos los reclamos”. Antonio Caló también lo admitió, en reuniones con empresarios metalúrgicos. Ya los sindicalistas bajaron el perfil, y luego de la reunión con Cristina, Omar Viviani envió un mensaje: “Los dirigentes sindicales somos sabios”.

La información sobre el espionaje llegó a los “Gordos” de la CGT oficial, a través de voceros de la propia SIDE. Están enfrentados con los “espías” que ilegalmente maneja César Milani.

Hector Méndez blanqueó los comentarios el martes, en la Unión Industrial Argentina. También lo ventiló, en la Copal, Daniel Funes de Rioja. Méndez lo dijo en medio de un generalizado reclamo por los escraches que promueve el gobierno contra los empresarios por los desvíos en los precios. En la UIA varios dirigentes afirman que se sienten seguidos por espías del oficialismo. El foco estuvo puesto en los “Ceo” de las “multis” de supermercados, hasta ahora socios políticos del gobierno con pactos secretos para encubrir la inflación y asfixiar a la prensa no adicta al cristinismo. Ayer Quebracho atacó a Shell.

Así, el Gobierno quiere resolver el problema inflacionario con amenazas, persecuciones y escraches fuera de la legalidad democrática.

Esa coerción revela la escasez de ideas que tiene el equipo económico para contener el alza de precios. Y la impericia para enfrentar la inflación obligó a Cristina Kirchner a aplicar el escapismo de insistir con los complot y las conspiraciones. Sin duda, los especuladores existen, pero se aprovecharon de la “mala praxis” oficial. Fue la muy pobre gestión económica de la Presidenta la que provocó que, en tres años, se atrasara el tipo de cambio y se evaporaran US$ 25.000 millones de reservas, lo cual empujó la devaluación. También, la sobre-dosis monetaria y el déficit fiscal fogonearon la inflación.

Cristina nunca acertó con su equipo económico, y ahora Axel Kicillof vuelve a la tarea preferida de sus antecesores: en poco tiempo coleccionó varios fracasos seguidos.

El ministro perdió espacio político a manos de los gobernadores y de Juan Carlos Fábrega. Durante la reunión de ministros provinciales hubo críticas por la falta de profesionalismo y advirtieron que no están dispuestos a estrellarse con Kicillof.

La estrella de Fábrega se iluminó después de que, con una astuta resolución, pudo calmar transitoriamente los mercados. Recurrió a una medida que había adoptado Eduardo Duhalde y que le recomendaron profesionales de línea del BCRA, relegados por Mercedes Marcó del Pont.

Por eso, Daniel Scioli evitó mencionar a Kicillof en sus gestiones en los Estados Unidos.

Hizo mucho hincapié en el diálogo que mantiene con Fábrega y Miguel Galuccio.

El viaje fue preparado en forma minuciosa por un grupo íntimo de funcionarios: Cristian Breitenstein y Gustavo Marangoni. Breitenstein coordinó la reunión con los jefes de las multi productivas y el gobernador escuchó también a sus nuevos asesores: Mario Blejer, Miguel Bein y Guillermo Nielsen.

Scioli hizo un discurso de candidato y prometió –frente a las quejas– solucionar problemas que plantean los inversores. Mantuvo cuatro reuniones: las más importantes, una a solas con Susan Segal, titular del Consejo de las Americas, y un desayuno privado con ocho jefes de multinacionales.

“Susan –le dijo–, que el gobierno llegue mal al 2015 no le conviene a nadie”. En ambas enfrentó un fastidio de los hombres de negocios con el Gobierno nacional.

Debió responder muchas preguntas sobre la inseguridad jurídica, y tuvo que hacer un esfuerzo enorme para contestar a otra insistente: separar la imagen de Cristina de la de Nicolás Maduro.

Copyright Clarín, 2014.

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