30 octubre, 2020

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LANATA LO PUSO EN EVIDENCIA A OYARBIDE Y SIGUE LA POLÉMICA

En su programa Periodismo Para Todos contó cómo vive y las vinculaciones en distintos negocios entre la pareja del juez, Claudio Blanco, y el arquitecto financiero del magistrado.

Lanata desnudó el entorno del juez OyarbideGustos suntuosos, causas vinculadas al poder y amigos con cuentas abultadas convierten al juez Norberto Oyarbide en el magistrado más polémico del país. Anoche, Periodismo Para Todos contó cómo vive el juez, quién es Claudio Blanco, su pareja, y que vínculo los une al contador Ariel Roperti, un avezado corredor de bolsa con aceitados contactos en la AFIP.

Blanco y Oyarbide comenzaron su relación el verano de 2010 y desde entonces jamás se separaron. Hoy, viven juntos en el suntuoso departamento del juez en Rodríguez Peña 1900. En ese departamento, Oyarbide no escatimó en gustos: paredes enteladas y con terciopelo rojo, un piano de cola, cuadros y esculturas carísimas y hasta una tina de mármol de carrara con sus iniciales incrustadas en oro son algunos detalles de su casa.

Antes de su relación con Oyarbide, Blanco era un simple árbitro de básquet que venía del interior. Lejos estaba del Mercedes Benz C350 patente NHM105 que hoy maneja y que está a nombre de la cooperativa de trabajo Planher limitada, radicada en Lomas de Zamora. Ahora es un empresario conocido en el mercado financiero, aunque con socios polémicos.

Quien ingresó a Blanco en el mundo de las finanzas fue Ariel Roperti, el arquitecto financiero de la plata de Oyarbide. Fue en la oficina 205 del edificio de Florida 656 donde Blanco registró su primera sociedad, una firma que nunca llegó a funcionar pero que le abrió el camino al novio del juez hacia el mundo de los negocios. En esa oficina atendía Roperti. Lo hacía con otros dos corredores de bolsa: Ariel Feuer y José Bladimirsquy, dos hombres que integran sociedades con Blanco y Roperti. Bladimirsquy, de hecho, fue procesado en una causa por lavado de dinero en un pago de 54 millones de pesos del Ministerio de Economía.

Roperti, Oyarbide y Blanco se conocieron en 2010 y establecieron una amistad de interés mutuo. Roperti era un contador conocido en el mercado financiero por sus estrechos vínculos con la AFIP y su habilidad para «limpiar» las declaraciones juradas.

Como Blanco, Roperti vio crecer su patrimonio escandalosamente desde aquella noche de 2010 en la que le presentaron a Oyarbide en La Stampa. Es que su vínculo con Oyarbide, le abrió la puerta a Roperti a negocios a los que nunca hubiera llegado, a oficinas de funcionarios que nunca lo hubieran recibido.

Tanto estrecharon su vínculo Roperti y Oyarbide que el juez es padrino de una de las hijas de Roperti. Compartieron reuniones, cenas en Estilo Campo y fiestas en Abril. A esas fiestas que se hacían todos los fines de semana Roperti no escatimaba recursos para agasajar al juez: le llevó desde Los Nocheros hasta el Chaqueño Palavecino. También viajaron juntos muchas veces. Inclusive, aquel verano que sorprendieron a Oyarbide con Blanco en Punta Cana, los Roperti estaban con ellos.

Lejos de cultivar el bajo perfil, a Roperti siempre le gustó mostrar lo bien que le iba. Le gustan los autos. Su casa parecía una concesionaria, tenía: una camioneta Porsche Cayenne negra y otra azul, un Mini Cooper negro, un Porsche 911 Carrera y un BMW blanco. Cuidadoso, Roperti no los ponía todos a su nombre. Algunos figuran a nombre de amigos y empleados de su barrio, como Omar Comas, a quien también puso en sociedades de las que Comas nunca se enteró.

Roperti pasó de su casa en un barrio humilde de Ezpeleta, a una casa de clase media en Ranelagh para mudarse después al country Abril. Ahora, vive en Puerto Madero, después de un matrimonio que terminó con denuncias de violencia familiar. En Madero, Roperti tiene un departamento en Juana Manso y otro en el Faena.

Oscar Parrilli se queja porque a Carlos Liuzzi se lo identifica como «segundo de Carlos Zannini»

Para el funcionario ultrakirchnerista es «cambiarle la identidad para dañar la imagen» del poderoso secretario de Legal y Técnica; lo dijo en pleno escándalo por el llamado que hizo el subsecretario al juez Oyarbide para frenar un allanamiento.

El secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, se quejó porque al subsecretario de Legal y Técnica, Carlos Liuzzi, se lo identifique como «segundo» del secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, en medio del escándalo por el llamado teléfonico que desde la Casa Rosada se le efectuó al juez federal Norberto Oyarbide para frenar un allanamiento a una financiera.

Pese a que en el organigrama oficial del gobierno nacional Liuzzi efectivamente figura como segundo en la estructura de la Secretaría de Legal y Técnica, para Parrilli llamarlo a Liuzzi «segundo de Zannini» es «cambiarle la identidad», con el supuesto objetivo de «dañar» la imagen del poderoso funcionario. Además, Parrilli también se ocupó de defender la subsecretario, pese a que se le abrió una investigación judicial para que se investigue si el llamado telefónico que hizo al juez federal fue un acto ilegal.

«El doctor Carlos Liuzzi estuvo en conocimiento de la posible comisión de un ilícito. Lo denuncia, lo comunica a quien tiene que comunicarlo, que es el juez que estaba actuando», manifestó Oscar Parrilli, en un reportaje con radio Del Plata. Después de eso, el secretario General de la Presidencia criticó la denominación que el periodismo hizo del funcionario cuestionado.

«le han cambiado al identidad al doctor Carlos Liuzzi, ya no se llama más Carlos Liuzzi, es el dos de Zannini, con la clara intención de ligar a Zannini con estos hechos en los cuales no tiene nada que ver… Todo este desarrollo mediático desmedido tiene la intención de dañar y extorsionar, dañar la imagen de Liuzzi y de Zannini», afirmó.

Finalmente, cargó contra el diario Clarín, que este fin de semana había revelado que Liuzzi había renunciado, situación que fue desmentida por el propio subsecretario. «Esta actitud de soberbia y de impunidad total, de cambiarle la identidad de las personas… ellos son especialistas en eso. Sería bueno que nos dijeran a los argentinos de quién son hijos los dos chicos, que son ya hombres grandes (…) adoptados, porque nunca supimos de quiénes son hijos esas personas, también a ellos le cambiaron la identidad. Sería bueno que aclaren cómo adquirieron Papel Prensa porque tampoco lo han hecho».

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