31 octubre, 2020

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Tras el paro nacional, el sindicalismo debate cómo continuar las protestas

0011471471   Si la famosa grieta que supuestamente divide al país se muestra perceptible en varios aspectos, la jornada del paro general del 28 de agosto se exhibió esplendorosa en la incompatibilidad de versiones sobre un mismo hecho. No sólo las declaraciones de los sindicalistas convocantes al paro fueron completamente contrarias a las evaluaciones de los funcionarios del gobierno, sino que se reflejó en la cobertura periodística de la medida de protesta. Los medios estatales o pertenecientes a empresarios pro-oficialistas remarcaron una supuesta normalidad que indicaría el fracaso del paro, mientras los medios que se reclaman independientes señalaron la percepción de éxito de lahuelga. Sin embargo, los objetivos logrados por los convocantes pueden mesurarse en varios aspectos que atravesaron la jornada del jueves.
Pese a que la UTA no adhirió al paro, hubo varias líneas con cuerpos de delegados opositores a Roberto Fernández, secretario general del gremio automotor que había parado el 10 de abril, se plegaron a la medida. Este dato fue perceptible en las líneas de Ecotrans –primordiales en los recorridos del oeste del Gran Buenos Aires- como en la línea 60, 106 y 140. Pero fue más perceptible en el subterráneo, cuya dirección sindical responde al kirchnerismo y se encuentra en las manos de Roberto Pianelli. El paro del 10 de abril los metrodelegados oficialistas habían denunciado el hostigamiento de la UTA para que el paro tuviera éxito en el subte. Sin embargo, en esta oportunidad y sin la UTA como convocante, la medida fue masiva, a tal punto que la empresa tuvo que implementar un esquema de emergencia motorizado por personal jerárquico y que tuvo que interrumpir el servicio a las 20:30, dos horas antes de lo normal. Los talleres estuvieron paralizados y la línea B, cuyos delegados pertenecen al clasismo, no tuvo actividad. A pesar de que la UTA no paró, la merma de pasajeros fue muy notoria y se asemejó a la de un feriado. Este levado ausentismo señala que un sector muy importante de los trabajadores eligió parar a pesar de que las direcciones de sus gremios no lo hicieron.
Sin que direcciones de gremios industriales como SMATA o la UOCRA adhirieran al paro, el éxito de la medida en vastos sectores de estas ramas industriales fue contundente. El parque industrial de Pilar, el más importante del país y con más de 20 mil obreros en 180 empresas y fábricas, estuvo totalmente paralizado por los piquetes de los obreros de varias plantas del parque en sus tres entradas.
«Desde las cinco de la mañana los piquetes impidieron la producción en todo el parque industrial», cuenta Darío Campos, operario de Procter & Gamble y miembro de la Interfabril, que agrupa a las comisiones internas y al activismo del parque de Pilar.
Muchas empresas se jugaron a producir pero no lo pudieron hacer. En los piquetes, muchos trabajadores se plegaban al llegar e incluso los choferes de los colectivos que ingresan al predio se solidarizaban con la medida». Lo mismo ocurrió en los grandes talleres del gremio gráfico, a pesar de que la Federación Gráfica no llamó a parar. AGR-Clarín, Donnelley –que se encuentra ocupada por sus obreros y produciendo desde el cierre decretado por los empresarios-, World Color, Interpack Impresores, Morvillo y Celomat, que son los que concentran la mayor parte de la industria, pararon. En Fate, empresa del neumático situada en Escobar, sus 1800 trabajadores decidieron parar a partir de las 22 del miércoles. Los obreros de Fate participaron del piquete en la Panamaericana, de la izquierda, desde donde se podía observar –este cronista se hizo presente en el lugar- el poco flujo automovilístico y de colectivos que daría cuenta de la poca afluencia de trabajadores a sus empresas.
No sólo la izquierda realizó piquetes. El gremio de Camioneros tucumano dirigido por César Torres interrumpió cuatro accesos a la ciudad de San Miguel de Tucumán, en Mendoza cortaron el ingreso de los trabajadores de la destilería petrolera que nuclea a 3000 obreros y también hubo piquetes camioneros en Neuquén. En Mendoza el paro fue cercano casi total y también pararon los colectivos de transporte, a la vez que asociaciones de pequeños campesinos se sumaron activamente a los piquetes y movilizacions. En Santa Fe, el cordón industrial de San Lorenzo estuvo completamente paralizado a pesar de que varios gremios no llamaron a la protesta, pero cuyos trabajadores se plegaron con la excusa de los cortes. Papeleros y químicos se plegaron a los piquetes motorizados por la izquierda, que les dio visibilidad y un protagonismo inusitado. En Neuquén el paro fue muy grande, con la actividad paralizada en casi todos los ámbitos. Los docentes pararon 48 horas.
Si bien la Unión Ferroviaria no paró, 800 trabajadores de la zona oeste decidieron plegarse a la medida en una asamblea realizada el miércoles. Si bien hubo denuncias de disturbios, que la denuncia más grande sea que se hayan derramado bolsas de basura en unos vagones del Sarmiento –denuncia rechazada por los delegados clasistas de esa línea- implica que el paro se desarrolló con total normalidad.
Hubo paradojas en el paro. A pesar de ser una de sus cabezas visibles, el paro en el gremio gastronómica fue muy dispar, con un gran sector de restaurants y cafés que no interrumpieron su actividad en gran parte de Capital Federal. A pesar de que Ceramistas es dirigido en Neuquén por la izquierda, las fábricas ceramistas no pararon la producción. Y mientras la UOCRA dirigida por Gerardo Martínez se enrola en el ultrakirchnerismo, sus bases decidieron parar casi en la totalidad de las obras. Según el dirigente Víctor Grosi, del sindicato alternativo de la construcción Sitraic, las obras en la zona sur del gran Buenos Aires no tuvieron ninguna actividad.
El ministro Carlos Tomada rechazó darle respuesta favorable a los reclamos del paro. Frente a esta situación, las direcciones sindicales representadas en Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y el «Momo» Venegas discuten las maneras de darle continuidad a la protesta. La izquierda, que adquirió gran visibilidad debido a sus piquetes, impulsa un paro de 24 horas para septiembre. El panorama de suspensiones y despidos, inflación y tarifas en alza indica que el descontento de la población podría incrementar el nivel de adhesión a planes de lucha que permanecen indefinidos para el futuro próximo.

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