Por: Marcelo Arancibia
EVA-POPULISTA-774x1024Para entender la política argentina debemos recurrir a la historia. La historia nos cuenta no solo lo que sucedió, también nos advierte que lo sucedido no era inevitable, y que la variación de cualquier hecho podría haber provocado una cadena de acontecimientos por completo distinta. Como decía Borges, «el pasado es tan conjetural como el futuro».
Para conjeturar el presente deberíamos abandonar el determinismo, como el método marxista del materialismo histórico, que excluye el azar y la condición humana de los individuos. Para el materialismo las leyes históricas son como las de la física, inmutables e impersonales. La historia avanza en una dirección, y por lo tanto tiene un motor, que es la lucha de clases. En medio de estos grandes movimientos, no queda lugar para el libre albedrío de los seres humanos: la única tarea posible es, a través de la conciencia de clase, averiguar la posición política correcta, que se corresponde con el desarrollo de las fuerzas productivas y la correlación de fuerzas entre los grupos sociales.
Tampoco sirve para entender el presente político argentino la otra gran ley del determinismo histórico, de corte hegeliano-marxista, según la cual «los grandes acontecimientos, como los grandes personajes de la historia, suceden dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa.
El determinismo histórico nos lleva a conclusiones erradas. Por ejemplo, si reconocemos al populismo como un género político opuesto al liberalismo, y admitimos que tanto el nazismo como el kirchnerismo son sub especies del populismo, cometeríamos el error mayúsculo de partir caracterizando al nazismo como una tragedia, para concluir inevitablemente que el kirchnerismo es su farsa; y en la argentina, tanto los kirchneristas como anti kirchneristas en su generalidad son populistas pero no nazi-fascistas o stalinistas-maoístas, responsables de las mayores matanzas y genocidios que recuerde la humanidad.
A su vez, el motor de la historia en la argentina no es la lucha de clases. En la argentina la historia es recurrente, un corsi e ricorsi, donde dos grandes oligarquías, que representan al 1% de la sociedad que se apropia de más del 50% de la renta que produce el País; se disputan el reparto de los despojos del Estado.
Así, el famoso «círculo rojo» al tratar de imponer una falsa polarización electoral entre Scioli y Macri, como si el primero fuera la exclusiva encarnación del populismo, y el segundo la quinta esencia de la República, oculta el verdadero entramado que se teje en los pliegues del poder real, en los términos de un nuevo pacto de gobernabilidad entre el pejotismo pos CFK (Scioli) y aquellos sectores económicos con una rentabilidad subsidiada por el Estado (Macri), equilibrio que se rompió cuando el populismo K, en su afán por perpetuarse y enriquecerse, comenzó a financiar la expansión económica con inflación, y la renta del Estado fue puesta en mano de empresarios de la estirpe de los Cristóbal López o los Lázaro Báez.
El determinismo como método histórico para analizar la realidad política argentina es una trampa, porque profundiza la grieta, convirtiendo a republicanos en populistas. Cuando Elisa Carrió justificó su apoyo a Macri y no a Massa, lo hizo reconociendo que ambos eran corruptos, pero destacando que el Jefe de Gobierno Porteño era al menos republicano ¿Se puede ser republicano siendo un corrupto? ¿Qué pasó en aquella dirigencia política que concebían a Macri como la bestia negra del empresariado menemista, para convertirlo ahora en la esperanza blanca del republicanismo?
Cuenta en sus memorias el pintor expresionista alemán George Grosz que unos meses antes de la toma del poder en Alemania por parte de Hitler, había advertido que su kiosquero habitual ya no llevaba en la solapa una insignia con la hoz y el martillo, sino una pequeña esvástica.
Repito, ningún político argentino es la farsa de Hitler, Mussolini o cualquier otro dictador sanguinario de la historia contemporánea mundial. Incluso, son populistas light, comparados a un Chávez, Maduro o Perón. Pero cuando Lilita Carrió nos anuncia casi a diario la inminencia de un auto golpe de Estado por parte de los K, hace lo mismo que hace CFK cuando nos relata desde el atril que es víctima de los más diversos golpes de Estado por parte de la oposición y de las corporaciones. Estos discursos que meten miedo y odio en la ciudadanía, sirven para allanar el camino a la Casa Rosada de Macri o de Scioli, sin que la sociedad los interpelen sobre lo que representan y el tipo de sociedad que necesitan sus representados para continuar haciendo negocios privados con recurso públicos.
Volvamos a la historia. La tarea del historiador es volver presente el pasado. Hemos leído muchas veces el relato del ascenso de Hitler al poder, lo que no se dice es que no lo conquistó, le fue entregado; Hitler no llegó a canciller en virtud de unas elecciones democráticas, sino gracias a una conspiración en la que participaron algunas de las personas que tenían más responsabilidad en la defensa de la democracia alemana.
La conquista del poder por parte de los nazis no era inevitable, y ésa resulta quizá la lección más amarga que nos deja la historia, si se piensa en lo que vino después de enero de 1933. Fue la idiotez y la frivolidad de unos cuantos políticos alemanes, sumado a su ineptitud, ceguera y el grado insondable de su culpa lo que facilitó la toma del poder por parte de los nazis.
Si en la Argentina, y en nuestro San Juan, nos rebelamos contra el presente de corrupción, decadencia democrática y económica del País, es porque deseamos con todas nuestras fuerzas que la cadena de la fatalidad y la idiotez se rompa, y las elecciones democráticas, en su lógica de ensayo y error, sea la herramienta que nos permita evitar un nuevo desenlace de espanto y derrota. Ahora, si tenemos enfrente a un candidato con la catadura moral de un Amado Bouduo, y lo votamos, es porque puesto en el lugar de Bouduo, haríamos lo mismo que éste, sin aprender nada de la historia.
Por ello, y como decía Primo Levi, «lo que ha ocurrido, puede volver a ocurrir, y lo que parecía imposible en cualquier momento se hace ominoso y real».
La historia nos debe servir para aprender a no resignarnos a la inevitabilidad del pasado en el presente, y que con coraje y lucidez podemos evitar otros populismos por otros medios, sea este populismo el pejotista de los Scioli o el de derecha al estilo berlusconiano de los Macri.

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