000-mvd6709167Apaciguamiento. La esperada reunión de las cancilleres de Colombia y Venezuela que se celebró este miércoles en Cartagena de Indias, para tratar con urgencia la crisis fronteriza entre ambas naciones suramericanas, pareció marcada por ese imperativo de calmar las aguas. La ministra de Relaciones Exteriores colombiana, María Ángela Holguín, la calificó como la “más franca y realista que hemos tenido en los últimos tiempos” entre los dos países. Su par venezolana, Delcy Rodríguez, también usó el adjetivo de “franca” para describir la conversación, de cuyos resultados se dijo “satisfecha”.

Sin embargo, en la declaración que hicieron ambas ministras a la salida del encuentro, que duró más de seis horas, no hubo acuerdos sustanciales. Tampoco se anunció una reunión entre los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro, que parecía inminente apenas horas antes. De resto, solo se dio a conocer una lista de tareas pendientes y mínimos procedimentales. A pesar de las protestas de hermandad y espíritu de cooperación que abundaron en la breve presentación de las cancilleres, quedó la impresión de que hay mucha distancia entre ambas partes para abordar las problemas presentes, por no hablar de la pretensión venezolana de “refundar la frontera”.

“De esta vía de cooperación con Venezuela no nos va a sacar nadie”, fue el juramento con el que María Ángela Holguín cerró su pronunciamiento. La canciller colombiana reconoció el daño que el contrabando de gasolina hacia Colombia y la penetración de bandas criminales hacían a Venezuela. Sobre los temas en la agenda, dijo que se había acordado permitir al Defensor del Pueblo colombiano ir al vecino estado de Táchira, en Venezuela, para acompañar la recogida de los enseres de los ciudadanos colombianos deportados; así mismo, se programó un encuentro entre los Defensores del Pueblo de ambas naciones para diseñar un protocolo oficial para las deportaciones.

Colombia se comprometió a iniciar una campaña de sus fuerzas de seguridad en la frontera que, dijo Holguín, aspira que se convierta en “binacional”, una vez se produzca la reunión de coordinación entre los ministros de Defensa. También se planteó un encuentro de ministros de Economía para tratar el asunto del diferencial cambiario a ambos lados de la frontera, principal estímulo para el contrabando.

Holguín hizo referencia también al llamado del Gobierno de Colombia para que Venezuela levante el cierre de la frontera. “No creemos que de ese modo se resuelvan los problemas”.

Por su parte, la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, se mostró más pugnaz. Si bien encomió el tono abierto y cordial de la conversación, realizada “bajo este frondoso almendrón” de la colonial Casa del Marqués de Valdehoyos, sede alterna en Cartagena de Indias del Ministerio del Exterior colombiano, instó a Holguín a “controlar la cuestión mediática” en el marco de las relaciones binacionales. De acuerdo a Rodríguez, medios de comunicación internacionales se han dedicado a difamar a Venezuela y su presidente, difundiendo versiones sobre presuntos maltratos propinados a los colombianos –casi 1500- que fueron objeto de deportación. Comparó la situación con la tragedia de Ruanda en los años 90, en los que medios de propaganda encendieron el odio. Dijo que, para evitar esta influencia perjudicial, ambas cancillerías acordaron mantener canales de comunicación directos.

Apenas minutos antes de que la canciller Rodríguez –quien asistió a la reunión acompañada de una comitiva de altos funcionarios venezolanos- ofreciera sus impresiones sobre el encuentro, desde el Palacio de Miraflores en Caracas, su hermano, Jorge Rodríguez, alcalde del municipio Libertador –centro oeste obrero de la capital venezolana- convocaba a una “gran marcha contra el imperialismo” que tendrá lugar el viernes en las calles de Caracas.

Jorge Rodríguez pareció asumir la voz del Gobierno chavista este miércoles en el asunto fronterizo. Se encargó de impulsar un tuitazo mundial para imponer como tendencia en esa red social la etiqueta “#VenezuelaExigeRespeto”. En horas de la tarde, desde el palacio presidencial, fue especialmente mordaz en sus críticas a César Gaviria, ex presidente colombiano y secretario general de la OEA (Organización de Estados Americanos), quien durante la jornada había solicitado el retiro de Colombia de Unasur (Unión Suramericana), cuyo secretario general, el también colombiano Ernesto Samper, a juicio de Gaviria se ocupa de justificar las acciones del Gobierno de Venezuela.

fuente EL PAÍS

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