santos_dialogo_maduroEl presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha ordenado este lunes por la noche un nuevo cierre de la frontera con Colombia, el paso de Paraguachón, en el Estado de Zulia, y decretó el estado de excepción en tres municipios. Además, Maduro ha movilizado a 3.000 militares para custodiar el paso. El mandatario venezolano decretó el pasado 19 de agosto el cierre de parte de la frontera con Venezuela, que ha afectado a cerca de 15.000 personas, entre ellos 1.500 deportados.

Maduro ha asegurado que la decisión busca «seguir avanzando con la liberación de delitos criminales de paramilitares contrabandistas», en referencia a las bandas criminales colombianas, a las que atribuyó el incidente contra tres funcionarios que desató la crisis fronteriza a mediados de agosto. Los tres nuevos municipios en estado de excepción son Guajira, Mara y Almirante Padilla.

Después de más dos horas de reunión de Consejo de Ministros, en el que rindió cuentas de su gira por Vietnam, China, Catar y Jamaica, y de cargar duramente contra el Gobierno de Colombia, pese a insistir en que era partidario del diálogo para salir de la crisis fronteriza que él mismo desató, Maduro decidió ampliar el estado de excepción y el cierre fronterizo. El presidente venezolano aseguró que la decisión la había tomado en sintonía con la comunidad indígena Wayúu, a los únicos a los que se les permitirá el paso.

Antes de decretar el nuevo cierre, Maduro centró buena parte de su intervención en el Consejo de Ministros a criticar la actitud de su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, al tiempo en que le invitaba a mantener una reunión entre ambos para zanjar el problema. Mientras el mandatario venezolano aplaudió la decisión de Argentina y Brasil de tratar de mediar en el conflicto, Santos, unas horas antes, había aceptado la intervención de Uruguay, que se había ofrecido para acoger el encuentro. Una cita que, si se atiende a la retórica de ambos mandatarios, no parece que vaya a ocurrir a corto plazo.

«Aquí el único que puede poner condiciones soy yo», clamó Maduro, en clara respuesta al presidente Santos, que había asegurado previamente estar dispuesto a reunirse con él siempre y cuando se cumplieran una serie de compromisos: habilitar un corredor humanitario para que los niños pudiesen cruzar la frontera para estudiar; facilitar la recuperación de los enseres que dejaron en Venezuela y dar un trato digno a los deportados.

El tono de Maduro distaba mucho de ser conciliador. Además de atacar la actitud de Santos, el mandatario venezolano fijó sus críticas en una supuesta campaña de los medios de comunicación colombianos para desacreditarlo. «Presidente Santos, usted tiene armas legales para impedirlo y revertirlo. Han manipulado, hay una guerra sucia e inmunda contra Venezuela y contra mí», incidió Maduro, quien no perdía ocasión de lanzarse contra el presidente colombiano. «No hay chantaje mediático ni manipulación que me pueda detener», enfatizó.

La crisis de la frontera derivó en crisis humanitaria y se ha convertido en un problema para América Latina, que se ha mostrado incapaz de lograr una solución en uno de sus organismos multilaterales. Colombia acudió en primera instancia a la Organización de Estados Americanos (OEA), donde sufrió una derrota diplomática al no conseguir siquiera que convocara una reunión de cancilleres para abordar el tema. Ante este fracaso, desistió de acudir a Unasur, donde ante países próximos a Venezuela iba a sufrir otro fiasco.

Pese a que Colombia ha intentado desde el primer momento en no entrar a las provocaciones y el tono usado por el Gobierno de Venezuela, lo cierto es que su apuesta por la internacionalización del conflicto y la búsqueda de una salida a través de las relaciones bilaterales aún no ha dado muchos frutos. «Estoy encantado con la internacionalización del conflicto, así todo el mundo ve lo que pasa», recalcó, en tono irónico, Maduro.

fuente EL PAÍS

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