52e3d08f5794dHa comenzado 2016, tan intenso en lo político como se esperaba. El presidente Mauricio Macri ambiciona que se hable de lo político y hasta de lo judicial más que de lo económico-social.

El propio kirchnerismo colabora al respecto, si se tiene en cuenta que Horacio Verbitsky expuso en el diario Página/12 dominical el temor de Cristina Fernández de Kirchner sobre el inicio de una ofensiva judicial en su contra, y hasta expuso la sospecha de que el 01/03, cuando hable ante la Asamblea Legislativa, Macri le concedería fundamento a semejante coyuntura.

Precisamente la tensión entre Macri y Cristina ocupó varios comentarios dominicales, e incluye capítulos en la Nación (AFSCA/AFTIC), en Provincia de Buenos Aires (Presupuesto 2016 y Triple Fuga), y hasta los organismos defensores de derechos humanos (ESMA).

No es de soslayar que Horacio Verbitsky, Eugenio Paillet y Eduardo van der Kooy coincidieron, desde diferentes enfoques, en exponer la renovada cercanía con Sergio Massa que parece buscar Mauricio Macri.

Aquí algunos apuntes:

Horacio Verbitsky en el diario Página/12 expuso todos los temores de Cristina:

«Es el tiempo de la venganza. El juez Sebastián Casanello ya había sobreseído a Maurizio Macrì en una etapa previa, decisión que fue revocada por los camaristas de apelación Jorge Ballestero y Eduardo Freiler. La semana pasada, Ballestero y Freiler recibieron un ultimatum de Macrì, quien empleó al más insólito mandadero para solicitarles la renuncia: el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. La intimación también abarcó a los jueces Norberto Oyarbide (el primero que procesó a Macrì por las escuchas) y Rodolfo Canicoba Corral.

Oyarbide decidió apurar su jubilación, Canicoba se encargó de que trascendiera la operación conjunta ejecutivo-judicial, para asegurar la justicia independiente que Macrì exaltó en su primer mensaje y que Casanello ejemplificó sobreseyendo al flamante mandatario. Ahora es el turno de Cristina, a quien el gobierno desea ver presa por traición a la patria, nada menos.

(…) Asunto terminado. Menos fortuna tuvo el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, ya que la Corte Suprema dejó firme su procesamiento, debido a las negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública, que realizó en el megacanje liderado por Fernando De la Rúa y Domingo Cavallo.

La fecha de largada para la ofensiva contra el kirchnerismo sería el 1 de marzo, cuando Macrì inaugure las sesiones ordinarias del Congreso. A diferencia de lo sucedido el 1 de diciembre, cuando enhebró una apurada retahíla de generalidades y propuestas de felicidad y amor, dentro de dos meses se propone presentar con el mayor detalle los cargos que haya acumulado contra la administración que lo precedió. Su mensaje sería extenso y duro.

La colocación de Cristina a la cabeza de los objetivos fue un aporte del Grupo Clarín. Ya en octubre de 2014 su ariete más voluminoso, Jorge Lanata, dijo que “Cristina tiene miedo de ir presa. Tiene miedo de la investigación de los buitres sobre la ruta del dinero”. A mediados de 2015, durante la campaña para las Primarias, la ex diputada radical Elisa Carrió sostuvo que de llegar ella a la presidencia, “Cristina irá presa”. Esto no ocurriría por “revanchismos” sino mediante leyes de “imprescriptibilidad sobre los delitos de corrupción” y “juicios sobre los bienes” de los funcionarios corruptos. “Pediré informe de todas las cuentas en el exterior”, dijo.

El 27 de noviembre, mientras se discutían los detalles del acto de jura del nuevo presidente, el periodista Ceferino Reato escribió: “Vamos a ver si Cristina permanece libre mucho tiempo”. Agregó que “debería favorecer una buena transición” y que “tensar la situación no la favorece” porque “tiene muchas causas abiertas”, amenazó.

(…) No es de extrañar que el tema central elegido para acorralar a Cristina y propiciar el surgimiento de un peronismo hermafrodita, que vuelva a acomodarse en el rol de facilitador de políticas contrarias al interés popular que pregona defender, pase por la política internacional. Macrì nunca ocultó que ése era su propósito; cuestionó al gobierno de Venezuela en el debate con Daniel Scioli y en su primera cumbre del Mercosur; encomendó la Cancillería a la funcionaria de Naciones Unidas que coordinó las misiones de paz que interesaban a Washington; antes de las elecciones viajó a Israel, donde coincidió con el halcón presidente Beniamin Netanyahu en su posición contraria a cualquier acuerdo con Irán e incluso contra la política soberana de la Argentina frente a los fondos buitre.

(…) Quien se opuso a los dictados del Círculo Rojo e insistió ante Macrì en la pureza étnica como condición para llegar al gobierno fue su consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba. Ahora, mientras el presidente hace saber a través del diario La Nación que quiere ex funcionarios presos lo antes posible, Durán Barba declara a la revista Noticias que sólo al 16 por ciento le gustaría ver a la ex presidente tras las rejas. Acaso porque el ecuatoriano (…) tomó nota del imponente acto de despedida a Cristina, el 9 de diciembre y del peso que su palabra sigue teniendo en el FpV (…)».

Joaquin Morales Solá en el diario La Nación es todo lo opuesto a Verbitsky, con eje en el Decreto de Necesidad y Urgencia de Macri sobre los medios audiovisuales de comunicación, que presenta como un beneficio más amplio que las necesidades de Grupo Clarín:

«(…) La virtud más evidente de los cambios en la ley de medios es que promueve la inversión y la competencia en el mundo de las comunicaciones, el que más progreso tecnológico ha registrado en las últimas décadas. Lo que hizo Macri fue levantar los cerrojos que asfixiaban a los medios existentes (sobre todo, al Grupo Clarín) y no permitían la aparición de nuevos y necesarios actores en el escenario de las comunicaciones locales. Colocó ese universo en la dirección de conseguir el cuádruple play (cada empresa podrá ofrecer telefonía fija, celular, televisión e Internet) y de producir una importante inversión en la telefonía celular con 4G, es decir, de permitirles a los argentinos recuperar los celulares que Cristina convirtió en casi inútiles.

Es cierto que se terminaron la guerra del Estado contra Clarín y una discusión ya medieval. Pero es igualmente cierto que Macri hizo otras cosas con esos cambios: blanqueó la posición en medios audiovisuales de grupos que estaban en la ilegalidad, como el de Cristóbal López, el grupo Vila-Manzano o la propia Telefónica. Eliminó el artículo de la ley que impedía a los propietarios de medios ser proveedores de servicios públicos. López y Vila-Manzano son productores de petróleo, y Telefónica es dueña de Telefé. Cristina llegó a invertir 26.000 millones de pesos en el tendido de fibra óptica. Lo hizo para terminar de pulverizar a Clarín, pero esa obra inconclusa será terminada por Macri. Esa fibra óptica será destinada, sobre todo, a los nuevos o pequeños actores de las telecomunicaciones. Clarín ya ha hecho inversiones en fibra óptica y las telefónicas tienen suficiente respaldo financiero como para hacerlas por su cuenta.

La modificación de la ley de medios, la intervención a la Afsca, la conversión del campo en un sector muy beneficiado de la economía y el drástico cambio de la relación con Venezuela (y de toda la política exterior) fueron heridas profundas en el monumental ego de Cristina Kirchner. Es, para ella, el fin prematuro de una era que soñaba tan larga como inmutable. Una profanación. A esas mutaciones deben agregarse ciertas agitaciones en la justicia federal que investiga a varios ex funcionarios suyos y a ella misma. Cristina decidió, como siempre, doblar la apuesta. Gastó los teléfonos desde El Calafate para frenar las negociaciones de los senadores peronistas por el acuerdo a los nuevos jueces de la Corte. La cosas iban bien en el Senado; ahora, no tanto.

Llamó por lo menos cinco veces a José Ottavis, jefe del bloque de diputados kirchneristas de La Plata, para que una sesión clave de esa Cámara se cayera. Se cayó. El cristinismo celebró como si hubiera ganado una elección. Es extraño el caso de Ottavis, porque se perfilaba como un político que aspiraba a un destino electoral. Es más raro el de Daniel Scioli, que se inscribió entre los que no saben ni contestan en un caso que es herencia directa suya. Vidal estaba buscando autorización para pedir créditos y poder pagar las deudas que le dejó Scioli. Vidal recibió la provincia con sólo 100 millones de pesos, una limosna para el presupuesto más grande del país después del nacional.

A Macri le quedan los gobernadores peronistas, los intendentes del conurbano y los sindicatos para enhebrar un diálogo político. (…)».

Jorge Asis abordó el mismo tema que Morales Solá pero desde un punto de vista muy diferente. Con su firma, y habiendo sido un crítico de los K, él aborda la relación entre la Administración Macri y Grupo Clarín:

«(…) Si Menem indultó a Videla, perfectamente Macri puede indultar a Magnetto. Gracias a los deslizamientos de Pablo Casey, El Sobrinito. Y a la inspiración literaria de Rodríguez Simón, El Pepín.

El cuadro es más complejo aún. Porque los indultos de Menem, para Kirchner, equivalen, para Macri, al desmoronamiento de la Ley de Medios. La utopía documental que impulsó La Doctora, ante la algarabía de los diputados del FPV que se abrazaban mimosamente cuando se aprobó la ley. Y ante los ojos surcados de lágrimas conmovedoras del Gaby Mariotto y la doctora Peñafort.

Pero otra vez, como siempre, se tropieza con la idea recurrente del retroceso. Para convertir en texto muerto la sentencia demencial y mal formulada contra el Grupo Clarín, que de manera transversal atraviesa todos los posicionamientos de esta historia. Con el apoyo frigerista a los militares del “proceso”. Con el apoyo a los juicios (de esos militares) en los años de Alfonsín. O con el apoyo casi cómplice en los primeros cinco años del ciclo kirchnerista, hasta que se desatara el alberdiano “crimen de la guerra”. Generada por el voluntarismo de la ley que ahora Macri y Peña masacran.

El Grupo Clarín cierra el círculo con el apoyo incondicional a Macri, que emerge, a su pesar, como el sicario que mata la Ley que le declaraba “la guerra al periodismo”. O sea a Clarín.

Entonces Macri llega para salvarlo a Magnetto. Del mismo modo providencial que Duhalde llegó para entregarle a Magnetto en bandeja la “ley cultural”, por mérito de Jorge Rendo. Y la “pesificación asimétrica”. Gloria que siempre van a negar.

El cadáver de la Ley de Medios remite, aparte, al cadáver de La lesa Convertibilidad.

Es inútil que Domingo Cavallo estire el velatorio de su gran obra. Que denuncie las complicidades que nadie, en definitiva, quiere escuchar.

Para ganar amigos puede decirse, en realidad, que sin darse cuenta Macri sigue las enseñanzas culposas de su maestro Kirchner.

En la práctica, Macri llega a la presidencia tan debilitado como Kirchner. Pero Macri tuvo la suerte que Scioli -al contrario de Menem- se atrevió al “coche al muere”, para presentarse en la segunda vuelta.

Lo que el macricaputismo hizo con la Ley de Medios -y con la demencia del AFSCA- remite a lo que hizo Kirchner, junto a Zannini, para terminar con la carrera judicial de aquel pobre Procurador Eduardo Sosa. El que atormentaba, a Kirchner, en los inicios de Santa Cruz. El kirchnerismo de MacriEntonces dibujó una reestructuración del área para acabar con su puesto, que de pronto -cosa de Mandinga- no existió más.

Una feliz instrumentación que se renueva para liquidar al irritante Sabbatella, que hoy protesta, por su causa perdida, como aquel Cavallo. Mientras el Ministro Aguad escucha, con extasiada admiración, al Premier Peña, cuando anuncia “el final de la guerra contra el periodismo”. O sea, contra Clarín.

La identificación reproduce y multiplica el triunfo de Clarín en la guerra “contra el Estado”. O sea, contra La Doctora derrotada.

Otra vez Magnetto se siente con un sexo de 14 metros y con la certeza de saber que no lo detiene nadie. Lo dicen, con admiración, los mismos empresarios que se entusiasmaban con la idea de su caída.

Lo importante es que la metodología kirchnerista está vigente. Y aplicada por Macri sirvió para cargarse a Sabbatella. Y en cierto modo también podría ser utilizada por Macri para cargarse a la Procuradora Alejandra Gils Carbó, la que resultó aprobada por unanimidad en el Senado, gracias a los papelones del aspirante anterior. El justamente olvidado doctor Reposo. (…)».

Eugenio Paillet en el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, brinda otro enfoque sobre el choque que protagonizarán Macri y Cristina:

«(…) Hay quienes en el Gobierno le dicen al interlocutor que «está bien» que la expresidenta se ponga enfrente, que era lo que calculaban, que tarde o temprano iba a empezar con el petardeo porque quiere volver en 2019 y lo primero que necesita es desgastar al Gobierno.

Ya se vio en la provincia con el primer intento claro de propinarle a Vidal su primera derrota política, al no votarle el presupuesto. Fue una orden directa de Cristina al celular de José Ottavis, que después intentó una desmentida que no la creyó ni él mismo.

La otra preocupación de los que no están tan convencidos de que la estrategia de aceptar el reto de una Cristina petardeándolo todo el tiempo y en todos los frentes sea lo más saludable está en el Congreso. La oposición feroz en el Parlamento plantea el mayor escenario de belicosidad, justo donde el Gobierno tiene que hacer pie en busca de mayorías que no tiene y que le va a demandar complicadas negociaciones.

Tiene además el sector del empresariado K que se empieza a sumar a esos ataques prolijamente ordenados y monitoreados desde El Calafate. Y el sindicalismo que le responde a Cristina que amaga con un marzo explosivo por paritarias que amagan colocar hasta 10 o 15 puntos por encima de la pauta que pretende el Gobierno.

Una buena señal hacia adelante seria que Macri pueda mostrar este mes avances sustanciales en la reacción del Consejo Económico y Social que debería ordenar precios y salarios en medio de una economía inestable.

Macri, esto también salta a la vista, ha decidido cuál es su rumbo y no parece dar señales de que lo vaya a cambiar, pese a los reparos -aún desde adentro- a la política de gobernar mediante decretos. Eso puede ser pan para hoy y hambre para mañana si el presidente no consigue aquellas alianzas en el Congreso porque esos DNU deben ser ratificados por ambas cámaras. Y ya se vio que el bloque K del Senado le hizo sentir el rigor al no darle quórum para armar la comisión que deberá tratarlos, y evitó que la encabezara un senador de Cambiemos.

Los incendiarios comunicados del bloque de diputados que encabeza Héctor Recalde no presagian un tránsito tranquilo, pero más daño puede hacer la doctora con la batalla a distancia que ha iniciado. Y ni que hablar del mundo tuitero de los más recalcitrantes de sus seguidores que hablan de dictadura, de gobierno de facto, que no hay que dejarlo gobernar, que no llega a 2017. Está escrito, no son inventos.

El presidente dobla la apuesta a cada paso, aunque vale insistir en que hay quienes prenden velas para que todo se encamine. Pero decisiones como cerrar la AFSCA y modificar la Ley de Medios por decreto, o anunciar que se van a suspender dos obras emblemáticas del relato como las represas Kirchner y Cepernic son jugadas que más apuntarían a mostrar que el Gobierno ha elegido un camino y que no hay marcha atrás.»

Jaime Rosemberg en el diario La Nación agregó la arista de los derechos humanos, donde Macri intenta una captación de voluntades o al menos una convivencia pacífica:

«(…) «El mismo 10 de diciembre comenzamos a instalarnos acá, porque creemos que es un espacio que debemos hacer crecer y desarrollar», explica el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, mientras una veintena de colaboradores trae sus pertenencias a la plaza de Armas, donde funcionaba el comedor de la ESMA, y llegan los muebles de la vieja sede de la secretaría, en pleno microcentro porteño.

El 6 de diciembre, cuatro días antes de dejar el poder, Cristina Kirchner anunció la inauguración de la nueva sede de la secretaría, detrás del edificio principal de la ESMA. (…)

«Más allá de la interpretación kirchnerista de los derechos humanos, buena parte de la cual la sociedad ya incorporó, queremos convertir a la ESMA en un verdadero campus de derechos humanos, y trabajar una agenda amplia en relación a esos derechos. Hay que democratizar el lugar en su relación con la gente», agrega Avruj, que combina una política de diálogo con los organismos con la visión que Macri busca imprimir en su gestión.

¿En qué consisten esos cambios? Al margen de la continuidad del trabajo de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S. y otras organizaciones a las que el kirchnerismo les asignó un predio especial, el Gobierno ya invitó a otras organizaciones (Unicef, la ONU, el propio Inadi) a que muden sus oficinas a la ex ESMA, al igual que las asociaciones que defienden el derecho a la diversidad sexual. Incorporó bajo su órbita al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Están planeadas cátedras en convenio con universidades estatales y privadas, y otras actividades relacionadas con la memoria en espacio desaprovechados del predio, como los asignados a la Universidad de Buenos Aires.

¿Cuál fue la reacción de los organismos, que integran el Ente Espacio para la Memoria junto a la Nación y el gobierno porteño? Fuentes de la secretaría destacan el «espíritu de diálogo» de Estela de Carlotto, con quien Avruj ya se reunió tres veces en los últimos días. Y la contrastan con la «cero onda» de Hebe de Bonafini, quien calificó a Macri de «dictador» y convocó a la «resistencia» en su contra, desde horas después de haber asumido.

«Al margen de la buena o mala onda, hay que entender que la mayoría está haciendo un verdadero duelo: ninguno de ellos pensó que Daniel Scioli podía perder las elecciones», reflexionó en voz alta un joven funcionario.

De las entidades que trabajan en el predio, el Gobierno ya decidió sostener en sus puestos a Alejandra Naftal, a cargo del denominado Sitio de la Memoria, y a Claudia Carlotto (hija de Estela), al frente de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), por el «trabajo profesional» que ambas desarrollan. No sería la misma situación la del intelectual Eduardo Jozami, a cargo del Centro Haroldo Conti y vinculado con Carta Abierta, y al ex diputado camporista Horacio Pietragalla, nombrado por Cristina Kirchner el 6 del mes pasado al frente del Archivo Nacional de la Memoria. En Cambiemos aseguran que Martín Fresneda, el anterior secretario de Derechos Humanos, se «portó bien», y que todos sus funcionarios políticos renunciaron y se fueron con él.

¿Y los más de 1.200 empleados, si se cuenta la totalidad de los organismos? «Los que trabajan van a seguir», afirmó el ministro de Modernización, Andrés Ibarra, hace unos días, una máxima que también se aplicará en estos casos. Los contratos se renovaron, pero se revisarán, puntualizan desde la secretaría.

Avruj repite que la intención del Presidente es «trabajar con los organismos» y que los juicios por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura «no tienen retroceso». (…)».

Eduardo van der Kooy en el diario Clarín expuso los problemas que enfrenta la Administración Macri, y la de Vidal, además de plantear el acercamiento a Sergio Massa, y lanzar algunas señales sobre problemas en la seguridad de la Nación por cuestiones vinculadas a la inteligencia estatal (un motivo por el que la gente de Horacio Stiuso insiste en exhibirle una oferta de acuerdo a los de Macri)vf:

«Ni Mauricio Macri ni Cristina Fernández han tenido un comienzo de año prometedor. El Presidente recibió notificación sobre dos cosas. La herencia institucional en sus manos sería bastante peor de la que imaginó. Casi descompuesta. (…)

La ex presidenta sobrelleva mejor ciertos desencantos personales que las amenazas políticas en ciernes. ¿Cuáles? El escape de los hermanos Martín y Cristian Lanatta y de Víctor Schillaci, volvió a inundar de sospechas el vínculo de los narcos y el lavado de dinero con sectores del peronismo que fueron por años leales a ella. También, sobre ciertos dineros espurios que financiaron su primera campaña. (…)

Cristina registró otras advertencias. El cambio de clima parece haber vitalizado a jueces de Comodoro Py. Nada más ingrato para la ex presidenta que conocer que una de las primeras causas meneadas del pos kirchnerismo sería la de Hotesur. La cadena hotelera ubicada en El Calafate, propiedad de la familia Kirchner. Allí también sobrevuelan presunciones sobre lavado de dinero.

Para colmo, una serie de medidas de Macri por decreto crearon el nuevo Ente Nacional de Comunicaciones. Un certificado práctico de defunción, más allá de objeciones judiciales, para la AFSCA y la AFTIC, las vigas institucionales que sirvieron para apuntalar el relato K. (…)

Su voz, de todas maneras, sigue causando en la secta de acólitos mucha intimidación. El camporista José Ottavis, jefe del bloque de diputados del FpV en la Legislatura de Buenos Aires, padeció un pico de presión después de que la ex presidenta lo conminó a boicotear la aprobación del Presupuesto y el endeudamiento solicitado por María Eugenia Vidal. Ottavis había abrochado previamente un acuerdo con el ministro de Gobierno, Federico Salvai.

La onda expansiva por esa marcha atrás pareció dejar secuelas múltiples. Vidal registró el impacto. Aunque logró amalgamar un mecanismo que podría convertirse a futuro en crucial: su pacto en la Provincia con el Frente Renovador. Sergio Massa se corrió hasta La Plata el miércoles y se reunió con ella. (…)

Vidal y Massa iniciaron una reconstrucción del diálogo para rescatar la Ley de Presupuesto en forma directa con los intendentes. Esos hombres están desesperados porque requieren de alguna asistencia financiera para hacer frente a los sueldos de diciembre. En esa ronda talló fuerte Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora. Pero no fue el único. Desfilaron Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas; Mariano Cascallares, de Almirante Brown y Juan Zabaleta, de Hurlingham. Todos del FpV. Tampoco quedó afuera la influyente Verónica Magario, de La Matanza.

Ottavis vio con estupor cómo podría diluirse su papel de interlocutor con el macrismo en Buenos Aires. (…)

En ese aspecto, Macri ha sido, al margen de los errores cometidos, más precavido. Asumió el riesgo de gobernar por decreto mientras intenta consolidar alianzas en el Congreso. También es cierto que no dispone en la Nación de las garantías que Massa le ofrece a Vidal en Buenos Aires. Quizás porque el bloque del Frente Renovador esconde algunas rebeldías. Pero las líneas se comenzaron a tender. (…)

Julio Martínez, el encargado de Defensa, desmenuza los nombres del generalato. Estaría detrás de huellas del ex jefe del Ejército, César Milani. El general retirado continuaría operativo y trabajando, no se sabe todavía para quién. ¿Para la ex SIDE? Lo haría con personal y tecnología que habría manipulado en tiempos de su reino absoluto en la fuerza.

Otra estación preocupante sería la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Allí la reorganización estaría demorada por varias razones. Gustavo Arribas, su titular, no es un hombre ducho en ese mundo de ciénagas. Se topó además con falencias graves en el organismo: el robo de archivos con información secreta de más de tres décadas. Los camporistas, encumbrados por Oscar Parrilli antes de la partida, siguen gestionando. Incluso José María Ricchini, en una oficina clave.

Tal estancamiento dificulta el acceso a la información sensible. Las centrales de inteligencia más importantes –entre ellas la CIA– mantienen renuente su colaboración por entender que poco y nada se habría modificado en la AFI respecto del panorama existente desde la muerte del fiscal Alberto Nisman. (…)».

Hoy lunes 04/01, Carlos Pagni en el diario La Nación, brinda nuevos datos sobre la Triple Fuga y el desafío narcoK a Mauricio Macri/María Eugenia Vidal:

«(…) El «no a la Morsa» fue el principal mandato que recibió Vidal. Es un imperativo para regenerar la política allí donde ésta se muestra más densa, más opaca: el aparato represivo del Estado. Satisfacer ese encargo es uno de los principales desafíos de Vidal. Y también de Mauricio Macri. Importa poco cuánto quiera aproximar su imagen al fuego del problema. Él sabe que el destino de su presidencia depende en gran medida de cómo satisfaga las expectativas del electorado bonaerense. En su discurso inaugural dijo que uno de sus tres objetivos principales es derrotar al narcotráfico. Y en 2017 se vuelve de disputar el liderazgo de la provincia. Sergio Massa y Margarita Stolbizer entrarán en esa competencia discutiendo, con distintas modulaciones, sobre la seguridad. Ese duelo es decisivo para Macri.

Vidal adoptó una estrategia controvertida para superar este reto. Ensayó un acuerdo parcial con el orden preexistente. Para administrar el Servicio Penitenciario confirmó a César Albarracín, alter ego de Ricardo Casal, el ministro de Justicia de Daniel Scioli. En Seguridad designó a Cristian Ritondo, quien reemplazó al jefe de la Policía Hugo Matzkin por Pablo Bressi, quien venía de ser Superintendente de Drogas Ilícitas. Ritondo pactó con Alejandro Granados, su antecesor, la continuidad del resto de la conducción.

Podrían esgrimirse atenuantes para evaluar ese curso de acción. Vidal, que procede de la administración porteña, fue puesta de improviso al frente de un gobierno sin mayoría en la Legislatura. Y depositó la Seguridad en manos de Ritondo, dirigente de su máxima confianza que tampoco es bonaerense. El criterio puede haber sido asentarse en el nuevo territorio para, recién entonces, modificar el esquema recibido. No funcionó.

El fracaso de la receta es progresivo. Se va demostrando a medida que los Lanatta y Schillaci siguen escapándose. (…)

La búsqueda de los Lanatta y Schillaci es la segunda burla del aparato de Seguridad bonaerense a Vidal. Los prófugos sólo estuvieron cerca de la policía cuando, el jueves, atacaron a tiros a los agentes Lucrecia Yudati y Fernando Pengsawath. Es un episodio muy raro. Carecían de dinero para vivir, pero tenían armas largas para defenderse. Ese día circuló la versión de una negociación con el abogado de Schillaci, Hugo Icazati, que se habría aproximado a la investigación a través de un periodista. La propuesta habría sido que su cliente se entregaría si se lo destinaba a una cárcel federal. Pero las autoridades y la familia de los presos niegan esa posibilidad. (…)

A medida que advertían cómo se filtraban hacia los perseguidos los detalles de la investigación, Vidal y Ritondo fueron descubriendo la red de connivencias en la cúpula policial. Comenzaron por reemplazar al jefe de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Quilmes, Roberto Di Rosa. Y siguieron con una reestructuración regional: la DDI Quilmes fue vaciada y cubierta con personal de La Plata. Y la Jefatura Departamental con sede en esa ciudad fue disuelta. Será absorbida por las de Lanús y Lomas de Zamora. Ayer la limpieza subió un escalón jerárquico: Ritondo relevó a Néstor Larrauri, jefe de Investigaciones de la Bonaerense. Larrauri, superior de Di Rosa, iba a ser el jefe de la Policía en caso de que ganara las elecciones Aníbal Fernández. ¿Se lo advirtió Granados a Ritondo? Desde ayer Larrauri está a disposición de Asuntos Internos, que debe determinar si incurrió en algún tipo de encubrimiento.

Las nuevas autoridades prestan especial atención al entramado policial de Quilmes por sus conexiones con Fernández. Allí se produjo, en agosto de 2008, el crimen por el que están condenados los tres prófugos. El comisario de la zona era Carlos Grecco. El 18 de septiembre de 2013 un tribunal oral ordenó investigarlo por presunto encubrimiento del secuestro de Leonardo Bergara. Pero Granados lo mantuvo al frente de la zona Conurbano Oeste de la policía, de donde fue desplazado en noviembre de 2014 por alquilar patrulleros. Viejos colegas suyos aseguran que, si se consultara a su hermano, Aurelio Greco, se obtendría información sobre los vínculos entre los Lanatta, Schillaci, el tráfico de drogas en Quilmes y la cobertura policial. (…)».

 

fuente URGENTE 24

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