31 octubre, 2020

FM Cosmos

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El operativo desató una pelea entre las fuerzas federales y la policía de Santa Fe

17SANTA FE.- Todas las rispideces que se generaron entre las fuerzas federales y la policía santafecina a partir del jueves pasado, cuando la información de Inteligencia de Gendarmería ubicó a los fugados Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci en inmediaciones de San Carlos Sur, 45 kilómetros al oeste de esta capital, quedaron expuestas ayer por la mañana después de que un agente de la comisaría de Cayastá detuvo a los dos prófugos y cerró la historia del caso policial más resonante en los últimos años en el país.

El hecho de que luego de atrapar a los homicidas del triple crimen de General Rodríguez actuaran las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) es anecdótico. Lanatta y Schillaci se habían rendido ante la adversidad de no disponer movilidad. A su vez, pasaron varias jornadas de intenso calor en una zona inhóspita que no conocían.
En la sede de la Unidad Regional VII de policía, situada en la intersección de Iturraspe y presidente Alfonsín, en Helvecia, donde estuvieron alojados unas horas Cristian Lanatta y Schillaci, sólo pudieron ingresar efectivos y autoridades policiales de Santa Fe. El resto de las fuerzas federales debió permanecer en el exterior. Incluso hubo una demarcación con cintas plásticas hasta que arribaron al lugar autoridades nacionales del área de Seguridad.
Lógicamente, los rostros de los jefes y personal de Gendarmería, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Policía Federal y Prefectura sacaban a relucir el malestar por algo que ya venía de días atrás.
El enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad federales y la policía santafecina se disimuló el domingo. Pero en operativos conjuntos en Helvecia la disputa ya había hecho eclosión el sábado, después de la detención de Martín Lanatta, cuando al mediodía se anunció que los tres prófugos estaban detenidos en la comisaría de Cayastá.

Malestar de Bullrich

El sábado a media tarde, el gobierno santafecino aclaró que en esa localidad del departamento Garay, 90 kilómetros al nordeste de esta capital, sólo había un detenido. Ello generó la ira de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que arribó por vía aérea a Sauce Viejo y recibió la confirmación de la novedad por parte del ministro de Seguridad santafecino, Maximiliano Pullaro.
En conferencia de prensa, Bullrich dijo que le habían suministrado información falsa y que ella la había retransmitido al presidente Mauricio Macri. Prometió investigar, ya que estaba convencida de que la versión sobre los tres detenidos surgió de las propias fuerzas federales.

Fue tal el celo con el que se manejaban las partes que funcionarios locales pensaron que Cristian Lanatta y Schillaci efectivamente habían sido detenido por las fuerzas federales y lo mantenían en reserva hasta la llegada de los funcionarios nacionales.

Sin embargo, ese día el «botín de guerra» no se materializó. La posterior advertencia de Bullrich no cayó para nada bien entre los efectivos federales. Mucho menos ayer, cuando nuevamente la policía santafecina detuvo a los prófugos en el predio del molino arrocero Spalletti.

Pullaro no desaprovechó la ocasión: «Ésa es la policía que necesitamos, que sea proactiva, que tome la iniciativa, que persiga el delito. Hoy podemos decir que esto nos dio experiencia y esa experiencia nos hace pensar en una nueva policía en la provincia», dijo el ministro de Seguridad santafecino, en abierto desafío a las fuerzas de seguridad federales.

«Nosotros en Santa Fe trabajamos fuertemente para vencer y acompañar al gobierno nacional en la lucha contra el narcotráfico. Nos ponemos a disposición para colaborar en esta lucha, que no es de una provincia ni de un país. Necesitamos trabajar en la inteligencia criminal para ir sobre los dueños del negocio a nivel nacional, para ir sobre los profesionales que asesoran a estas bandas, y tenemos la decisión política de hacerlo», agregó Pullaro. A esa altura, el enfrentamiento entre las fuerzas federales y la policía santafecina era un hecho consumado.

 

fuente LA NACIÓN

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