Cristina Fernández de Kirchner cuando disciplinaba a todos los gobernadores peronistas.
“Hay que transferir más recursos a las provincias y la contraparte es que se le transfieran más responsabilidades”.
Rogelio Frigerio, ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda,
saliendo de una reunión con gobernadores PJ.

No es lo que parece: los gobernadores peronistas reclaman en público con una lenguaje más exaltado del que utilizan en privado para solicitar asistencia financiera de la Nación. En cambio, ellos utilizan una táctica inversa en un tema que los tiene en acción: el futuro del Partido Justicalista. Ellos no aceptan ya el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner aunque carecen de una alternativa definida.

En verdad, nada nuevo. La situación era previsible en todos los manuales. Sin embargo hay análisis diferentes acerca de la gran pregunta que provoca esta coyuntura: ¿podrá Mauricio Macri aprovechar esta indefinición, en provecho propio? Algunas opiniones muy ilustrativas para buscar conclusiones.

Sergio Crivelli en el diario La Prensa:

“(…) A un mes y medio de instalado en la Casa Rosada ya resultan patéticos los esfuerzos de los gobernadores peronistas para conseguir que el nuevo gobierno los ayude a pagar sueldos y continuar obras públicas frenadas por la sequía de recursos. Se reúnen con amplia cobertura mediática y prometen acuerdos de gobernabilidad para cambiar apoyo parlamentario por fondos del Tesoro, pero por el momento con muy poco éxito.

Sólo Córdoba, donde Macri arrasó en las presidenciales, ha recibido buenas noticias en los últimos días. El resto sigue haciendo piruetas y amenazando veladamente que cuando se abra el período de sesiones ordinarias, cambiará la relación de fuerzas por lo que a Macri le convendría arreglar ahora.

Pero el gobierno tampoco cede ante las amenazas apenas veladas. “No canjeamos obras por leyes”, le contestó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, al presidente del bloque de senadores peronistas, Miguel Pichetto, convertido en gestor de los gobernadores de su partido.

El experimentado legislador visita ahora con más frecuencia la Casa Rosada que cuando gobernaba el peronismo, pero al parecer con los mismo resultados que obtenía de sus encuentros con Carlos Zannini.

Los gobernadores “amenazan” con ir a la Justicia para que les restituyan una parte de la coparticipación, pero ese trámite lleva su tiempo y tienen que pagar sueldos todos los meses.

También aspiran a reactivar cuanto antes las obras paradas desde tiempos de CFK. (…)

La incógnita sobre qué pasará en el Congreso después del 1º de marzo tiene una clave obvia que es la unidad del peronismo. Hay un grupo ya incorporado al macrismo al menos transitoriamente -los massistas-, uno que quiere negociar -los gobernadores- y la “resistencia” kirchnerista que se opone a todo. Se espera una división de los bloques parlamentarios entre los legisladores que responden a los gobernadores (y a sus necesidades) y los camporistas capaz de asegurar por lo menos la “neutralidad” del Congreso.

El centro de la disputa está en el enfrentamiento entre los gobernadores y el kirchnerismo o puesto en otros términos entre los que deben gobernar y los “sin techo”. (…)

(…) El flamante gobierno no se ve beneficiado, sin embargo, sólo por la fragmentación peronista.

Tomará las medidas más duras en lo que resta de febrero mediante decretos de necesidad y urgencia, cuya derogación no resultará simple para el kirchnerismo gracias, paradójicamente, a la ley que rige su funcionamiento de la que es autora CFK. Cuando Eduardo Duhalde era Presidente, la entonces senadora propuso que los DNU caducaran si no era ratificados perentoriamente por el Congreso. Cuando su marido llegó a la Casa Rosada cambió de criterio e hizo sancionar una ley según la cual siguen vigentes mientras las dos cámaras no lo rechacen. Conclusión, si el kirchnerismo no reune una mayoría propia en Diputados -algo hoy muy lejano-, los decretos se mantendrán.

Más allá de los “tecnicismos”, la tierra arrasada que dejó la ex Presidenta tuvo una consecuencia económica desgastante para Macri, porque debe hacer el ajuste (aumentar tarifas, por ejemplo), pero también derivación una política que lo beneficia: la debilidad del peronismo.”

Un caso concreto: ¿cómo le irá a Juan Manzur, gobernador que fue ministro de Salud de la Nación? Federico Diego van Mameren en el diario La Gaceta, de San Miguel de Tucumán:

“(…) Juan Manzur volvió esta semana a la Casa Rosada. Todavía se acuerdan de él. Hay puertas que él conoce como se abren: todavía se despliegan cuando él toca el botón. “Yo sé qué timbres hay que tocar”, es una de las frases que suelen escuchársele al gobernador. Pero hoy las oficinas ya no huelen a vainilla y limón, como cuando él las frecuentaban. Hasta fueron sometidas a una suerte de desexorcización. Las puertas abiertas y los botones acertados no aseguran nada ya. Esta semana, Manzur se tuvo que empatotar con los demás mandatarios justicialistas y empujó los portones de la Casa de Gobierno para conseguir más plata. Los gestos sobran; el dinero, no.

En ese encuentro a los peronistas les quedó claro que no hablan el mismo lenguaje que la Nación y mientras esto no ocurra va ser muy difícil que se pongan de acuerdo. El Poder Ejecutivo Nacional repite hasta el cansancio que se debe hacer un sinceramiento de la economía. “Hay que gastar sólo lo que ingresa”, es el mensaje que repiten los hombres y mujeres macristas. A los oídos justicialista llega claramente: “hay que ajustar”.

Hay un ministerio completo trabajando en la Nación para determinar quiénes van a sus oficinas a cumplir con la tarea encomendada. Desde la oposición justicialista despotrican contra lo que ellos llaman recorte o achique del Estado. En el poder macrista sólo hablan de “ñoquis”. Estas diferencias profundizan la discusión -hasta la ex Presidenta de la Nación opinó al respecto- y no ayudan a llegar a un acuerdo.

Manzur tampoco ha unificado el lenguaje con sus intendentes y menos aún con algunos sectores empresarios. En la Casa de Gobierno circula un borrador de algunos constructores a los que se les acabó la paciencia y, en vez de apostar al diálogo para cobrar deudas, ya han decidido ir a la Justicia para denunciar por “incumplimiento a los deberes de funcionarios público” a los responsables de Vivienda. (…)”.

Desde la oposición K, Horacio Verbitsky tiene otro enfoque, que explicó en el diario K Página/12:

“(…) En la lucha contra el fantasma de la primera Alianza y su desdichado presidente, a la segunda Alianza y su jefe no les basta la colonización del radicalismo que les permitió vencer en noviembre. Además, deben avanzar sobre el justicialismo, sin cuyos diputados, senadores, gobernadores y sindicalistas, esta nueva experiencia de concertación tiene un futuro incierto.

Con un avance de los precios al consumidor que según todas las previsiones rondará entre el 35 y el 40 por ciento anual, la pretensión de Macrì de que las paritarias cierren acuerdos del 20 al 25 por ciento muestra la decisión de consolidar la regresión distributiva que se instaló con la devaluación, la baja o eliminación de retenciones, los despidos que ya empiezan a sentirse en las pequeñas y medianas empresas, los fuertes aumentos de tarifas eléctricas y el abandono de los controles estatales al comercio, la producción y la banca. No son tambores de paz los que bate la nueva administración. Ante la imposibilidad de mantener la detención de Milagro Sala por una protesta política y social, la justicia jujeña dispuso su libertad en esa causa, pero la imputó por asociación ilícita, la figura a la que se recurre cuando no es posible individualizar qué delito se atribuye al acusado y que hasta 1943 se utilizó para criminalizar a los sindicatos. (…)

El senador Miguel Pichetto le comunicó al diario oficialista La Nación su oferta a la Casa Rosada: “La aprobación de varios temas, que podría incluir la designación de jueces de la Corte, la modificación de la ley cerrojo, un permiso para endeudarse en el exterior, la creación de una agencia federal de lucha contra el narcotráfico y la aprobación del presupuesto 2017”, a cambio de “la restitución del 15 por ciento y la continuidad de las obras públicas contempladas en el presupuesto de 2016”. Se refirió a esta transacción como “acuerdo institucional” o “acuerdo de gobernabilidad de la Nación con los gobernadores”. (…)

La paradoja de los gobernadores es que en la pulseada con sectores a los que desdeñan porque sostienen que su inserción territorial se manifiesta en los barrios y las plazas, recurran como vocero a quien ostenta uno de los cinco peores resultados electorales del país, sólo detrás de los candidatos derrotados en San Luis, la CABA, Córdoba y Jujuy. (…)”.

Igual pero bien diferente (¡…!) lo analiza Carlos Salvador La Rosa, en Los Andes, de la ciudad de Mendoza:

“(…) lo más lamentable es que el peronismo festeja esas cosas que hace Macri, porque no se anima a encararlas él, a sacar de su seno todo lo peor del anterior gobierno. Es que el PJ pelea por la sobrevivencia, no por la renovación, la modernización o su republicanización. Por eso se conforma con que el macrismo les expulse los impresentables junto a los cuales están condenados a ir perdiendo cada vez más poder.

Que el macrismo les devolviera la dignidad de haberse podido sentir gobernadores en serio por primera vez en doce años al permitirles defender sus provincias por la coparticipación recibiéndolos y dándoles oxígeno político, es algo que saben que jamás tuvieron con Cristina, que les quebró todas sus provincias, hasta Santa Cruz, convirtiéndolos en meros y exclusivos pagadores atrasados de sueldos y haciendo depender cualquier obra de la venia presidencial. Además, cada vez que les daba un recurso los hacía arrodillarse y aplaudir hasta la humillación.

Es así: en mes y medio los peronistas han tenido más alegrías que en doce años en los que los transformaron en virreyes con mucho menos poder que Cisneros o Sobremonte.

En fin, tanto los intendentes peronchos del conurbano, como los gobernadores peronistas, como los legisladores justicialistas, ante la falta de definición de liderazgos internos y ante el terror que les inspira quedar pegados al derrumbe K, por ahora depositan sus confianzas y esperanzas en lo que les pueda aportar el macrismo en sus ataques a los restos del kircherismo. O sea, es más lo que les ha dado Macri a los peronistas que no quieren seguir siendo K, que estos a Macri.

En esta larga década los peronistas clásicos se transformaron en zorros viejos especialistas en sobrevivir en las penumbras, pero sin vuelo propio. Ahora levantan un poco la cabeza porque este gobierno no los está apretando como los apretó el de su propio signo. Pero sólo por eso levantan la cabeza, no porque hayan recuperado alguna dignidad perdida. Basta con recordar que todos respaldaron con ardor a un político, Scioli, que hizo, de bajar siempre la cabeza, su único capital político.

Por ende, primero que nada, deberán pensar en encontrar o recuperar alguna identidad que primero el menemismo pero luego multiplicado por mil, les confiscó el kirchnerismo, hasta el punto que una minoría ideológica compuesta por viejos setentistas de izquierda, ex militantes del Partido Comunista Argentino y un progresismo urbano ultracheto, se ocupó de definir las políticas que son precisamente las que ahora son puestas en cuestión. Un progrepopulismo que ve en cualquier dictadura africana o teocracia islámica que se oponga a EEUU, a un sujeto revolucionario y que ha cambiado las viejas banderas de la redistribución de la riqueza y la del proletariado al poder, por la del subsidio clientelar que jamás permite a nadie progresar sino sólo agradecer al que se los entrega. El subsidio K es el nombre por izquierda de la caridad y la compasión hipócritas hacia los pobres reivindicadas por el republicanismo yanqui de Trump y por todas las ultraderechas del mundo.

El peronismo ya no sabe muy bien qué es salvo una casta adherida al poder sin meta ni estrategia nacional, que no quiere seguir pegado al fenómeno K con el cual no se sintió identificado cuando estaba en el poder pero calló de manera estruendosa, y menos se siente identificado al perder el poder. (…)”.

A propósito de los gobernadores, Alieto Guadagni fue entrevistado por el diario salteño El Tribuno:

“(…) -¿Y por qué antes no existía esa igualdad que ahora se intentaría buscar?

-Porque durante el régimen kirchnerista se concentró todo el subsidio en la Capital Federal y en el conurbano. Y esto se dio con la complicidad implícita o con el silencio de los gobernadores, que nunca se dieron cuenta de que estaban castigando a sus propias economías, y fundamentalmente a sus consumidores. Es inexplicable que Córdoba o Neuquén paguen siete veces más que Buenos Aires. (…) los subsidios que tienen que haber deben ser igualitarios desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego, no solo centrados en Flores, Caballito, Vicente López y Olivos. A mí lo que me llama mucho la atención, y debo decirlo, es que no conozco ningún gobernador del interior del país que alguna vez haya planteado esta profunda discriminación contra su propia población. Ojalá yo esté equivocado y después de esta nota salga algún gobernador o exgobernador a decir que él había presentado reclamos, porque desde el 2004 se viene castigando a dos de cada tres argentinos. (…)”.

 

fuente URGENTE 24

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