La falta de actualización de las escalas en el impuesto a las ganancias representa un verdadero cepo para que este tributo tenga un carácter realmente progresivo.

Ajustadas por última vez en 1999, las escalas quedaron al margen de la fuerte inflación que se produjo desde el estallido de la convertibilidad y, sobre todo, desde 2007.
De acuerdo con la tabla del artículo 90, la escala de tasas se incrementa a medida que sube el ingreso, desde el 9 hasta el 35 por ciento.

Pero, por la mencionada falta de ajuste en esta tabla, casi nadie paga el piso del 9 por ciento y rápidamente se abona la alícuota máxima.
Sobre la base de los primeros 10.000 pesos de ganancia imponible anual se paga el 9 por ciento; por los siguientes 10.000 pesos, el 14 por ciento; por los otros 10.000, el 19 por ciento; a partir de allí, la escala sigue al 23% entre 30.000 y 60.000 pesos; al 27% hasta $ 90.000; hasta $ 120.000 el 31%, y desde ese monto, el 35 por ciento.

Se trata, por lo tanto, de que apenas se superan los 10.000 pesos mensuales se pasa a pagar la alícuota máxima. En algún momento se pensó en fijar una tasa más alta, del 40%, para determinar una mayor progresividad, pero nunca el Congreso concretó esta reforma.

Distorsión
Por esta distorsión, una persona casada con dos hijos que gane, con el esquema anunciado anteayer por el Gobierno, $ 42.000 brutos mensuales después de descontar el mínimo no imponible, pagaría la alícuota máxima del 35 por ciento.

¿Es mucho o es poco? El parámetro para calificarlo es que aquella persona que gane 42.000 o un millón de pesos paga la misma tasa.

Como explicó el director del Iaraf, Nadin Argañaraz, “si bien es recomendable el ajuste de los mínimos y deducciones para evitar que más trabajadores queden alcanzados por el impuesto, es de importancia fundamental el ajuste de los tramos de la escala de cálculo del impuesto”.

El especialista indicó que esto “provoca que aquellos que queden comprendidos en el tributo, por superar los mínimos y deducciones, deban soportar año tras año una presión tributaria creciente exteriorizada en una alícuota efectiva superior”.

En este sentido, hay tributaristas que consideran que el piso de cada tramo salarial de las escalas debería multiplicarse por 15 respecto de su nivel actual para tener cierta lógica luego de 14 años de inflación.

Por lo tanto, el ajuste del mínimo no imponible dispuesto en los últimos años siempre choca con la misma pared: una vez que se produce el incremento salarial dispuesto por paritarias, la gente salta rápidamente de una escala a otra superior y va perdiendo el beneficio otorgado por el gobierno de turno.

A esto se suma la falta de actualización del mínimo de acuerdo con un índice objetivo, alejado de los deseos o caprichos de cada administración política.

Actualización

Es por esta razón que los tributaristas recomiendan que el piso para pagar Ganancias se actualice según la inflación anual o la variación del salario mínimo.

El problema de fondo es que ningún gobierno encara una reforma integral del impuesto a las ganancias -y, por supuesto, más en general, del sistema tributario-, por lo que cada modificación constituye lo que los especialistas denominan “parches”. La consecuencia de esa falta de planificación la pagan con creces, literalmente, los contribuyentes que están en blanco.

 

fuente LA NACIÓN

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