Decepcionado con algunos gobernadores, el Gobierno irá ahora senador por senador para lograr el apoyo que le falta para aprobar el acuerdo con los fondos buitre, tras el contundente triunfo de ayer en la Cámara de Diputados. En la Casa Rosada se mostraban cautelosos frente al escenario en el Senado, sobre todo por la evaluación que hacían respecto de cómo votaron los diputados de provincias gobernadas por mandatarios que creían tener apalabrados. En los primero números del conteo oficialista, llegaban con los justo, a unos 39 senadores.

La primera luz de alarma para el Gobierno fue el rechazo unánime de los legisladores del Frente para la Victoria por Río Negro, y los reflectores apuntaron directamente a Miguel Pichetto. Los cuatro representantes de la provincia a la que pertenece el jefe de bloque de los senadores se mantuvieron fieles a los mandatos kirchneristas, aunque ninguno responde a él, y tampoco al actual gobernador, Alberto Weretilneck. Por ahora, no los cuentan para la carrera en el Senado y dejan un asterisco, en función de cómo se mueva Pichetto.
La otra sorpresa amarga para Balcarce 50 fueron los representantes de Formosa y Entre Ríos. Gildo Insfrán venía en los últimos tiempos endureciendo la postura frente a la gestión de Mauricio Macri. Amo y señor de su terruño, en el Gobierno habían intentado acercarlo, lo invitaban a los actos oficiales y cenas de honor con presidentes extranjeros, pero a la hora de la verdad, los mimos no alcanzaron. Los tres diputados formoseños del FPV votaron en contra. El Gobierno se confió: especuló con que Insfrán jugaría a dos puntas y dividiría a sus referentes parlamentarios entre apoyos y rechazos. No pasó. Dos senadores dependen de él.

Algo parecido ocurrió con los entrerrianos, aunque ahí los funcionarios pecaron de ingenuos. Creyeron en el peso que podía tener el apoyo explícito que había dado el gobernador Gustavo Bordet, heredero del sillón que hasta diciembre ocupó Sergio Urribarri. Había dicho que apoyaba el acuerdo con los fondos buitre y que mandaría a sus diputados a aportar presencia para colaborar con el quórum. Pasó todo lo contrario. Los cinco entrerrianos le dieron la espalda al gobernador y con disciplina partidaria, no bajaron hasta que el bloque oficialista se aseguró el inicio de la sesión. Arrancarán el diálogo con el senador Pedro Guastavino, pero no lo contabilizan adentro. La otra senadora, Sigrid Kunath, responde a Urribarri.
A medias quedaron otros gobernadores, que no lograron convencer a todos sus diputados, aunque estuvieron dispuestos a darle una señal al Gobierno. Fueron Juan Manzur, por Tucumán, y Sergio Uñac, por San Juan, que aportaron un voto cada uno. En el caso de San Juan, quien maneja aún los hilos es el ex gobernador José Luis Gioja. Para él había ayer en el Gobierno una suerte de amnistía política. Los funcionarios que repasaron el resultado de la votación consideraban que su voto negativo está relacionado con la interna peronista. Gioja aspira a ser el candidato de consenso para presidir el PJ y necesitaba mostrarse en línea con el voto mayoritario del FPV. Para él, un perdón y cierto recelo. Irán ahora por Marina Riofrío, que responde al ex mandatario.

La otra demostración de fuerza territorial la dio Jorge Capitanich, que sigue al mando del control partidario a pesar de que el gobernador es Domingo Peppo. Los cuatro diputados del FPV rechazaron el proyecto. La influencia del gobernador, nula. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, lo había recibido la semana pasada, pero no alcanzó para influir.
Con incertidumbre, el Gobierno emprendió ayer mismo el contacto senador por senador. Arrancó Frigerio con Carlos Reutemann, y seguirá en los próximos días con el resto de los legisladores. También irán por el lado de los gobernadores, pero con la votación de ayer en mano, presionarán aún más. Si la cargada agenda de la semana que viene lo permite, visita de Barack Obama mediante, se está armando una nueva reunión con los mandatarios. La muñeca política y el goteo de fondos para las provincias serán la clave desde hoy para testear cómo el Gobierno intentará cerrar ahora la jugada en el Senado.

 

fuente LA NACIÓN

Comments

comments