En la cuenta regresiva para definir la nueva conducción del PJ, José Luis Gioja, el cacique con aval de gobernadores y jefes territoriales para ocupar el sillón de mando, jugó una carta para condicionar la rebeldía K: le propuso a Daniel Scioli ser su segundo en la lista, en el cargo de vicepresidente primero.

La oferta entra en colisión con el deseo del kirchnerismo puro, que promueve al ex candidato presidencial del Frente para la Victoria como jefe para la nueva etapa. Sobre todo, por el recelo que les genera la figura del sanjuanino, al que consideran ambivalente y soft en su rol de opositor.
Todo debe definirse en una semana. El viernes próximo vence el plazo para la presentación de nóminas y las elecciones para renovar autoridades están citadas para el 8 de mayo. Nadie quiere ir al desgaste (físico y económico) de una interna salvaje, por eso la pulseada se concentra en lograr los mejores términos de un acuerdo.

Gioja le llevó el mensaje a Scioli el martes, en las oficinas de la Fundación DAR, búnker armado para la campaña que sobrevive como sede en el llano. Fue acompañado del gobernador formoseño Gildo Insfrán, siempre en las negociaciones detrás de bambalinas. También participó de las conversaciones el actual titular del sello, Eduardo Fellner.
Hay dos datos salientes: 1) definitivamente la liga de mandatarios desestima al ex motonauta para el cargo máximo, y 2) intentan arribar a un consenso para contener al kirchnerismo, que está representado por La Cámpora y otras organizaciones afines a Cristina Kirchner.

¿Qué dijo Scioli? La respuesta tiene matices, según a quien se consulte. Cerca del ex gobernador dicen que podría aceptar esa butaca, siempre y cuando estén “todos” de acuerdo. Desde el PJ, aseguran que se comprometió sin más, aunque toman con pinzas sus palabras.

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Lo curioso es que Scioli ya se había mostrado dispuesto a ser la “prenda de unidad” impulsado desde el kirchnerismo. En síntesis, les dijo a los dos bandos que sí.

“Tiene más legitimidad, fue el candidato de nuestro espacio. Además, ¿qué haría el PJ con Gioja de presidente el 13 de abril?”, se preguntó uno de los kirchneristas más activos en el avance de las charlas por el partido. La referencia, claro, es a la citación a indagatoria de la ex presidenta en Tribunales por la causa del dólar futuro.

El dilema es que el cristinismo insiste en no encolumnarse detrás de Gioja. Lo ven como promotor en las sombras de la ruptura del bloque de diputados que tuvo como rostro visible a su pupilo Diego Bossio, hoy mala palabra en el universo K. Le quedan dos caminos: presentar una lista propia, quizá con el nombre de Jorge Capitanich, o directamente apartarse y proclamar que esa conducción no los representa. “Por las dudas estamos juntando avales”, sostuvo un dirigente.

El PJ tradicional prepara un gran almuerzo para la semana que viene (probablemente el martes). Están convocados gobernadores e intendentes. Por ahora, aseguró uno de los organizadores, no estaba en la lista de invitados Alicia Kirchner, lo que parece una declaración de guerra.

Gioja va de cita en cita. Ayer se vio con el siempre picante Fernando Espinoza, presidente del PJ bonaerense. El kirchnerismo también tuvo su cumbre: Máximo Kirchner y Julio De Vido reunieron en Ensenada a un grupo de intendentes que siguen incondicionales con El Calafate.

Hoy parece lejano un pacto entre las distintas tribus. Primero hay que elegir una cabeza y luego completar 75 lugares. De ésos, hay cinco que son claves: cuatro vicepresidencias y la secretaría general. La tradición indica que esos casilleros se reparten a una mujer, un representante sindical y uno de la juventud.

Puertas adentro, saben que si no arman una lista de consenso hay altas chances de que la Justicia disponga la intervención del partido. Si bien hay varios planteos por diversas irregularidades, la decisión de actuar tendría un sesgo más político: poner orden para evitar una interna costosa y feroz, y, de paso, influir en el futuro del PJ.

Anteanoche, encendió las alarmas una cédula de notificación que salió del despacho de la jueza electoral María Servini de Cubría en la que se solicita todo lo actuado en el congreso partidario de febrero y por la junta electoral. Ayer, hizo lo suyo Eduardo Duhalde, que visitó al fiscal electoral Jorge Di Lello. No fue casual: tiene que dictaminar estos días si corresponde o no hacer lugar a un pedido de intervención que hizo una agrupación que responde al ex presidente.

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