El encuentro de esta tarde entre Mauricio Macri y la cúpula de las tres CGT esconde una doble intencionalidad por parte del Gobierno. Primero, más intangible, la necesidad de neutralizar la magnitud de la protesta gremial que se está forjando para el 29 de este mes, en la que participarán las cinco centrales obreras. Segundo, continuar con la escenificación de diálogo permanente y cotejar con los sindicatos algunas medidas de alto impacto que el Presidente anunciará en lo inmediato y que tienen que ver con la generación de empleo para jóvenes y la devolución del IVA en la canasta básica de alimentos para los sectores de menores ingresos.
Los sindicalistas asistirán hoy a Olivos con un rosario de planteos que se definieron ayer a puertas cerradas en la sede de la Federación Marítima Portuaria. Para ellos, el escenario laboral dio un giro desde la primera reunión oficial que mantuvieron con el jefe del Estado, el 11 de febrero. Las tres CGT presionarán ahora para que se declare la emergencia ocupacional y se limiten los despidos en los sectores público y privado. Manifestarán además su preocupación por las subas de las tarifas y la escalada inflacionaria, que no detiene su ritmo. También insistirán en los cambios prometidos por Cambiemos durante la campaña electoral en lo relativo al impuesto a las ganancias.

Hasta anoche, el equipo del Presidente avanzaba en los detalles de algunas medidas que pretende cotejar con los sindicalistas. Se destaca el programa Primer Empleo, destinado a jóvenes, en el que el Estado jugará un rol clave como generador de trabajo a través del Plan Belgrano, que aún no dio sus primeros pasos. El Gobierno también intentará dar certezas de que el peor escenario ya pasó y que ahora es momento de mirar hacia adelante. “Lo más difícil quedó atrás: las desvinculaciones, los aumentos de tarifas y la salida del cepo. Ahora es momento de tirar para un mismo lado, generar empleo y que la inflación comience a bajar”, dijo a LA NACION un integrante del gabinete.
Sumidas en un proceso de reunificación, las tres vertientes de la CGT están hasta ahora dispuestas a acompañar al Gobierno. Si bien surgieron posturas combativas, no hay todavía una animosidad generalizada como para activar una medida de fuerza conjunta. Por ahora, sólo figuran reclamos aislados y sectoriales: pasado mañana habrá un paro nacional de bancarios y el 22, de los docentes de UDA.

De manera unida, la primera gran prueba de las CGT será la movilización del 29 por el Día del Trabajador, a la que adherirán las dos vertientes de la CTA. Las cinco centrales obreras en una misma protesta sería algo inédito y el Gobierno observa con atención este fenómeno. Finalmente, la marcha será al Monumento al Trabajo, en Paseo Colón e Independencia, y no al Congreso, como impulsaban algunos gremios cegetistas de peso, como los camioneros y la Uocra.
“La movilización será importante porque hay un ajuste. Es necesario que pongamos de manifiesto los problemas que están atravesando nuestros compañeros. La situación está muy complicada por los despidos y los tarifazos”, dijo a LA NACION el portuario Juan Schmid, que integrará la nómina de ocho dirigentes que asistirán hoy a Olivos. Los otros son Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Antonio Caló, Armando Cavalieri, Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y Gerónimo Venegas.

El recibimiento a los sindicalistas hoy tampoco se pasó por alto en el Gobierno. Preocupa la magnitud de la marcha del kirchnerismo en apoyo a Cristina Kirchner. Hubo órdenes del Presidente a sus ministros de mantenerse al margen. Creen en el oficialismo que la foto con los gremios refuerza la gobernabilidad, además de exhibir a Macri en sintonía con un sector al que su antecesora tenía postergado.

 

fuente LA NACIÓN

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