“¡Pará, frená acá!”, gritó Mauricio Macri al chofer que lo guiaba por las sierras cordobesas. Sin temor, el Presidente se acercó caminando a la multitud, sin sospechar que una mujer saldría de allí, lo increparía y empujaría de malas maneras antes de que llegaran sus custodios.
El episodio ocurrió en Río Ceballos hace 10 días y pasó como un dato más. Pero el Presidente aún lo recuerda. “Se asustó de verdad, porque la señora amenazaba con su brazo en alto, como si tuviera algo en la mano”, contó a LA NACION uno de los testigos del hecho.

La sucesión de protestas con tono creciente de violencia que sufrieron el Presidente y otros dirigentes de Cambiemos, como la gobernadora María Eugenia Vidal (increpada la semana pasada en Bahía Blanca) y la vicepresidenta Gabriela Michetti (tomada del brazo de manera agresiva por una manifestante en Tucumán, el jueves), pusieron al Gobierno y a los encargados de seguridad en estado de alerta.
Nadie quiere alarmarse ni alarmar, pero distintos funcionarios coinciden en que en el último mes se generó un “clima caldeado” en la calle, obra de “kirchneristas que aún no se resignaron”, pero también de desempleados recientes o ciudadanos disconformes con medidas como los aumentos de tarifas y la escalada inflacionaria, que los recientes anuncios “de contención social” intentan mitigar.

¿Cómo explican las autoridades esta sucesión de protestas, algunas pacíficas y otras de tono más amenazante? “Muchas de ellas son fruto de la grieta, sectores radicalizados que no terminan de convencerse de que perdieron la elección”, afirmó a LA NACION Gerardo Milman, secretario de Seguridad Interior. “Eso no va a evitar que el Presidente camine por la República”, agregó el funcionario, aliviado (como sus superiores) por la inexistencia de desmanes graves en la manifestación que acompañó la declaración de la ex presidenta Cristina Kirchner en los tribunales de Comodoro Py.
Cerca de Macri, en tanto, aseguran que hay una “matriz de la protesta”, en la que se repiten las consignas y los carteles, los cantitos insultantes y hasta a veces las mismas caras. Funcionarios del área de seguridad agregan a los recientes ataques en manifestaciones y marchas la sucesión de eventos como las amenazas de bomba en la ex ESMA. “Estamos atentos a un caldo de cultivo que se intenta generar de distintas maneras”, confió otro funcionario. Pero ni unos ni otros niegan que las protestas parecen multiplicarse. “Es entendible que alguien que se quedó sin trabajo proteste y se manifieste”, conceden desde el Gobierno, aunque crean que la sociedad en general está ajena a esos movimientos.

Cerca de Vidal también reparan en la mujer que llegó a increpar a la gobernadora sin intermediarios para reclamarle por “pagarles a los buitres y hambrear al pueblo”. Y relacionan las agresiones verbales aisladas no sólo con las medidas económicas, sino también con otras decisiones que no cayeron bien en la jefatura de las fuerzas de seguridad bonaerenses, como las purgas internas o la obligatoriedad de presentar sus declaraciones juradas. “Es una pelea que me propuse dar y que no voy a dejar”, sostiene la gobernadora ante sus íntimos.

Minimizar la agresión

La vicepresidenta también minimizó la agresión recibida durante una recorrida, aunque en la conferencia de prensa posterior seguía dolorida en un brazo. ¿Están en estudio medidas de seguridad para el Presidente y los principales dirigentes de Cambiemos? “Todavía no, aunque todos estamos más atentos en las últimas semanas, hay más inteligencia previa y controles por donde va a pasar el Presidente”, coincidieron dos funcionarios con responsabilidad en el área de seguridad.

Ningún funcionario se atreverá, de todos modos, a decirle a Macri que modere sus acercamientos espontáneos antes o después de algún acto, una costumbre que arrastra de las últimas campañas electorales. “Por ahí es él el que decide moderarse y no acercarse tanto por un tiempo”, se esperanzan cerca del Presidente, y coinciden en que los próximos dos meses serán “críticos” en lo que hace a la cantidad y calidad de las protestas que se avecinan.

 

fuente LA NACIÓN

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