Despejado el camino para salir del default, el Gobierno se prepara para tratar de contener la inflación con una estrategia monetaria restrictiva, política fiscal neutra, el ingreso de capitales y una apuesta a la competencia mediante la normalización de las importaciones. Al asumir que no se cumplirá la pauta anual del 20-25%, aspira a que la inflación arroje a nivel nacional un 30% y a que, en el área metropolitana, no supere el 35%.

Los cálculos privados se ubican entre 37 y 40%, y si el Gobierno no apuesta a una caída más drástica es porque admite que afectaría más un nivel de actividad que, aseguran, sólo mostrará signos de crecimiento en el último trimestre del año.
Calificadas fuentes oficiales admitieron a LA NACION que el índice de precios al consumidor aún arrojará resultados altos en abril y mayo, pero aspiran a que en junio ya se estacione en el 3% y que baje al 2% mensual a partir de julio. “Con eso mejorarán las expectativas, un componente clave”, indicaron.
“Con una devaluación que duplicó la de 2014, el pase a los precios fue menor ahora. Con una política monetaria que será más restrictiva en el segundo semestre, política fiscal neutra y la normalización de las importaciones, el panorama de la inflación mejorará”, indicó la fuente de la Casa de Gobierno.

El gabinete económico volvió a elaborar el presupuesto -aunque no lo presentará al Congreso- sobre la base de la nueva división de los ministerios y ordenó un ajuste a todas las carteras del 10 al 15% en los gastos.

“El presupuesto era un dibujo, entre otras cosas no incluía la paritaria, no servía para nada, así que le pedimos a cada ministro que armara un presupuesto de acuerdo con nuestros planes y prioridades y, sobre la base de esos pedidos, el gasto se recortó el 11% para llegar a la meta del déficit primario del 4,8%”, explicó la fuente.
Alcanzar esa meta implica estimar un crecimiento del 24% en los ingresos de la administración nacional, objetivo que creen que podrá lograrse luego de haber alcanzado un 31% en el primer trimestre. En términos de gastos, además del recorte mencionado en las partidas de los ministerios, se planea bajar los subsidios del 4,3 al 3,5% del PBI este año. A esto se suma la certeza de que, con el acuerdo con los holdouts sellado, ingresarán divisas, lo que le quitará presión a la asistencia del Banco Central, calculada en $ 160.000 millones.

La previsión es que para el programa financiero se utilicen unos US$ 5000 millones de la colocación de bonos de esta semana y una suma similar del sistema financiero local.

La otra línea de trabajo es conseguir una baja de los precios a través de una mayor competencia, una vez que quede totalmente normalizado el flujo de importaciones.

 

fuente LA NACIÓN

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