Fue resultado esperado y no hubo sorpresas del gobierno argentino ante el aluvión de votos en el Congreso de Brasil en contra de Dilma Rousseff. Pero esa certidumbre de datos no llevó tranquilidad a la Argentina. Por el contrario, en el gobierno de Mauricio Macri ayer se prendieron varias señales de alerta y preocupación ante el avance del juicio político a la jefa de Estado brasileña.

El impacto que podría acarrear la profundización de la crisis del país vecino ya se contabiliza en consecuencias inmediatas para el país: una mayor caída de las exportaciones argentinas a Brasil, la eventual parálisis de las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea por un acuerdo de libre comercio y un posible enfrentamiento de Macri con los países del eje bolivariano.
Según pudo saber LA NACION, la canciller Susana Malcorra se comunicó ayer con su par de Brasil, Mauro Vieira, para transmitir la solidaridad de la Argentina a Dilma. Pero el gobierno de Macri no pasará de ese gesto. Evitará hablar de un “golpe de Estado”, como plantean Bolivia, Ecuador y Venezuela, simplemente porque el presidente argentino cree que en Brasil se está dando un proceso institucional democrático que está lejos de ser un golpe como lo definen los presidentes bolivarianos.

Desde el punto de vista diplomático, el embajador argentino, Carlos Magariños, tratará de mantener un alto nivel de diálogo con Brasil y mostrar “una actitud muy proactiva”, como definió el propio embajador a LA NACION la semana pasada.
Claro que luego del voto de la Cámara de Diputados de Brasil en contra de Dilma será dificultoso para la Argentina abstraerse del clima de ebullición de la política brasileña.

Fuentes de la Casa Rosada expresaron ayer a LA NACION que Macri está muy preocupado por el impacto que tendrá en la Argentina una eventual renuncia temporal de Dilma si avanza el juicio político.
Por lo pronto, hay un diagnóstico claro del Gobierno en cuanto a que habrá una retracción mayor de las exportaciones argentinas a Brasil. En este caso, se profundizará la caída de las exportaciones a Brasil, que en 2010 eran de 14.000 millones de dólares y que el año pasado finalizaron en 10.082 millones. Según un informe de la consultora DNI, que dirige Marcelo Elizondo, la recesión en el país vecino hizo que en 2015 las ventas argentinas a Brasil fueran menos relevantes que lo que en términos porcentuales habían sido los años anteriores. “Las exportaciones a Brasil cayeron el año pasado alrededor de 27%, mientras que las exportaciones totales argentinas al mundo cayeron 16%”, dice el informe.

En caso de profundizarse esta caída, implicaría un duro impacto para la industria argentina relacionada con las automotrices, los plásticos y los químicos que se exportan a Brasil. Pero también podría sentirse en el área de alimentos con valor agregado, lo que no es menor.

El otro frente de tormenta que visualizan algunos funcionarios de la Casa Rosada es una eventual parálisis de las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea para llegar a un acuerdo de libre comercio. En la Casa Rosada creen que un eventual gobierno temporario de Michel Temer impediría que Brasil tome medidas a largo plazo como la firma de un acuerdo de libre comercio. Aunque no hay una visión uniforme en la Argentina sobre este tema. “Es probable que las negociaciones de libre comercio de la UE y el Mercosur sigan su curso porque ya están avanzadas en la diplomacia”, opinó un diplomático argentino.

En este sentido, en la Argentina siguen los consejos que dejó en Buenos Aires hace un mes el vicecanciller de Brasil, Sérgio França Danese, cuando dijo: “Brasil está dispuesto a seguir en la agenda del diálogo y de la construcción bilateral con la Argentina más allá de la crisis”.

Un funcionario del Gobierno admitió que creció la preocupación ante lo que ocurre en Brasil por una ecuación simple: “El voto contra Dilma en Diputados agrega el dato de que la crisis se va a extender”, dijo. Esto implica que las medidas correctivas que se esperaban de Brasil para mejorar el comercio bilateral no llegarán pronto y esto impactará fuertemente en la industria argentina.

Hay otro tema espinoso que indica que el gobierno de Macri no se involucrará demasiado en la crisis de Brasil: los eventuales rebotes de casos de corrupción. Si bien Dilma Rousseff no está acusada de un caso de corrupción, ya que sólo se la acusa de fraguar cifras del presupuesto nacional, en el gobierno argentino creen que existe una asociación de la presidenta de Brasil con el escándalo de manejos oscuros de fondos de Petrobras que salpica al ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

De hecho, ayer, un funcionario cercano a Macri recordaba que Lula apoyó al ex candidato presidencial del Frente para la Victoria Daniel Scioli en la campaña. Por ello, no habrá un apoyo sobreactuado a Dilma, quien ahora tiene al ex presidente como jefe de Gabinete.

 

fuente LA NACIÓ

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