El gobierno de Mauricio Macri se mostró distante de la crisis de Brasil y de Dilma Rousseff, aunque también admitió veladamente que la complicada situación política que transita el país vecino podría jugar en favor del fortalecimiento de la Argentina como líder regional, más allá de los coletazos económicos que implique el sacudón.
Apenas unas horas después de confirmada la votación del Senado brasileño que dio inicio al juicio político contra Dilma, la Cancillería lanzó un comunicado breve y muy formal. “El gobierno argentino manifiesta que respeta el proceso institucional que se está desarrollando en Brasil y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña”, señaló.

A su vez, la administración macrista remarcó que “el gobierno argentino continuará dialogando con las autoridades constituidas a fin de seguir avanzando con el proceso de integración bilateral y regional”. Ni una palabra más. En lo formal, así quedó cristalizada la postura argentina de no interferir en la crisis de Brasil y mucho menos avalar la idea de un golpe de Estado, según denunció la propia Dilma.

Macri siguió de cerca y con mucha preocupación el desenlace de la crisis en el Senado de Brasil, aunque dio órdenes estrictas de no entrometerse en el tema.

Sin embargo, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, expresó en una reunión con empresarios argentinos que la crisis de Brasil “es una oportunidad para refundar el Mercosur”. Y en una suerte de ataque de sinceridad objetó la política económica del país vecino. “Van a entender que su manera de integrarse al mundo no puede ser de manera individual”, dijo.
Las palabras de Prat-Gay reflejaron en rigor lo que en forma reservada dicen muchos funcionarios de Macri. Es decir, que la crisis del país vecino servirá a la Argentina, y en particular al Presidente, para posicionarse como líder indiscutido en la región y marcar el ritmo de las relaciones internas dentro del Mercosur.

Si en diciembre pasado la llegada de un gobierno de diferente signo político en la región -como es el caso de Macri- abonaba la idea de una competencia de liderazgos entre Brasil y la Argentina, ahora en la Casa Rosada creen que la debacle de Dilma dio por cerrado ese debate. Y en ese sentido piensan que el Presidente se posicionará en adelante como líder de la región para tratar de imponer criterios que en otras épocas no se discutían en el eje bolivariano signado por Venezuela, Uruguay, Brasil y la Argentina de los Kirchner.

Uno de estos temas era, por ejemplo, la discusión de un viraje del Mercosur hacia la Alianza del Pacífico, idea que fomentó Macri desde que llegó al poder. En ese eje se encuadraría la hipótesis de una “refundación del Mercosur”, tal como la planteó crudamente Prat-Gay.

De hecho, Macri fue uno de los presidentes que en los últimos tiempos bregaron por el relanzamiento de las negociaciones por un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Los resultados de esa puja jugaron anteayer en favor de Macri: en Bruselas se anunció el intercambio de ofertas entre el Mercosur y la UE, que se habían estancado en 2004 y que será el puntapié para el inicio de la negociaciones concretas por el esperado acuerdo comercial.

Si bien las palabras de Prat-Gay resultan coincidentes con lo que puertas adentro de la Casa Rosada piensa la mayor parte del gobierno de Macri, ayer había cierto malestar del ala política del Gobierno con la sinceridad con que habló el ministro de Hacienda. “Los funcionarios de Economía nunca van a entender de política y meten la pata”, se quejó ante LA NACION un destacado funcionario de trato permanente con Macri.

Si el comunicado de Cancillería fue sumamente cuidado por la diplomacia argentina que lidera Susana Malcorra, Prat-Gay se encargó de derribar esa pieza compleja de equilibrios internos en apenas unos segundos.

Por otra parte, en el Gobierno creen que si Macri logra un liderazgo regional, este mismo trofeo no será garantía de nada y deberá ser sustentado con una economía estable. Y allí viene el llamado de alarma interno que hay en el Gobierno: desde el Presidente hasta el menor de los ministros están muy preocupados con el rebote negativo para la economía argentina que podrá profundizar la crisis de Brasil.

Las reacciones en el mundo

Ban Ki-Moon

Secretario General de la ONU

“Confiamos en que las nuevas autoridades del país honrarán los procesos democráticos”

Barack Obama

Presidente de EE.UU.

“Estados Unidos confía en la solidez de las instituciones brasileñas para superar la crisis”

Rafael Correa

Presidente de Ecuador

“Reiteramos nuestro decidido respaldo al pueblo y al gobierno constitucional de Dilma Rousseff”

Ernesto Samper

Secretario general de UNASUR

“Queremos solicitar que se garantice el derecho a la defensa de Dilma”.

fuente LA NACIÓN

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